Dios, la fe y los comportamientos humanos

Ya he apuntado en otra ocasión la estrecha relación que existe entre violencia contra la mujer, incluido el homicidio en la relaciones d…

Ya he apuntado en otra ocasión la estrecha relación que existe entre violencia contra la mujer, incluido el homicidio en la relaciones de pareja, la creencia en Dios y la adscripción a una confesión religiosa cristiana. Naturalmente, este hecho tiene consecuencias sociales sobre la vida y la dignidad de las personas, y su felicidad, y es generador de capital social o de su opuesto, costes sociales, en función de la mayor o menor extensión de la fe religiosa en una sociedad. Naturalmente, no estoy formulando una afirmación general en relación a todo tipo de religión. Creo que solo se cumple -al menos entre las grandes confesiones- de una manera estadísticamente verificable en los países y personas de confesión cristiana.

No es ni mucho menos el único caso, también es una evidencia que Pablo Salvador Coderch recordaba en un reciente artículo, ‘Emparejamiento selectivo’, en El País, que las parejas no casadas tienen muchos menos hijos que las que si lo están, lo que contribuye a agravar el problema del envejecimiento en España y, por consiguiente, su crecimiento económico y estabilidad sobre el sistema público de pensiones de reparto. El no tener hijos por no tenerlos, es decir cuando no haya causas graves que lo impidan, es un acto de desamor y una falta de solidaridad generacional. Es cierto que la crisis dificulta la emancipación y el matrimonio, pero esto no explica su sustitución por las uniones estables de pareja, como se llama formalmente a esta fórmula de matrimonio “débil” o simplemente la cohabitación. La crisis reza tanto para construir un hogar matrimonial como de otro tipo. Lo que falla es otra cosa, es la intensidad del vínculo, del compromiso, lo que es propio de la sociedad desvinculada. Esta observación viene avalada por el hecho que, si descontamos el impacto de las familias inmigrantes recién llegadas, este déficit de nacimientos ya se daba en las parejas españolas en plena expansión económica. Esto no significa que los poderes públicos, el Gobierno del Estado y autonómicos, incluso los municipales, no puedan hacer algo. Es evidente que políticas públicas correctas influyen en la natalidad como lo demuestran los casos de Francia y los países nórdicos, pero no bastarán si no se produce un cambio cultural, un cambio moral. Y en el eje de este cambio se sitúa la idea de Dios, que va aparejada – no solo obviamente- a una mayor conciencia de la muerte (interesante entrevista en ‘La Contra’ de La Vanguardia al antropólogo y catedrático de la Universidad de Lleida, Carles Salazar).

La fe en el Dios cristiano es generadora de beneficios inmateriales y materiales, los primeros en el plano individual, los segundos en el social, aunque también pueden tener consecuencias en el bienestar de las familias por su estrecha relación con la estabilidad que dota la fe católica. A mayor estabilidad, mejores opciones de bienestar y prosperidad.

Desde un punto de vista agnóstico debería ser una evidencia que, si la religión es solo un producto humano, el hecho de que forme parte de una manera tan global y continuada de la propia historia de la humanidad debería conducir a la conclusión de que se trata de una ventaja evolutiva de la especie. Es decir que si nos ponemos "científicos" la propensión religiosa es lo que necesita una sociedad, si bien como estas nacen de tradiciones distintas nos interesarían sobre todo aquellas que establezcan puentes, es decir generadoras de un capital social de este tipo, capaz de producir externalidades positivas para todos y no solo para sus miembros. Bajo este punto de vista, qué duda cabe que el Nuevo Testamento, la persona de Jesucristo, es tremendamente adecuada y benéfica a la condición humana global, para creyentes y quienes no lo son, por el relato, el orden objetivo que propone, y por sus obras: la Iglesia católica, la mayor ONG del mundo, sin serlo, que llega allí donde ninguna más llega. Desde la secularidad este debe ser un tema de debate.

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