Dios no solo se demuestra, se muestra

En una ocasión un joven, inquieto por encontrar y demostrar la existencia de Dios, se acerco a un místico oriental que se encontraba med…

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En una ocasión un joven, inquieto por encontrar y demostrar la existencia de Dios, se acerco a un místico oriental que se encontraba meditando a la sombra de un árbol, y le dijo: “Quiero ver a Dios”, dime cómo puedo experimentarlo. El maestro, como es típico en ellos, no dijo ninguna palabra, sino que siguió haciendo su meditación. El joven volvió con la misma petición al día siguiente, y así por un buen tiempo, pero sin recibir respuesta, hasta que, al fin, al ver su perseverancia el maestro le dijo: “Pareces un autentico buscador de Dios. Esta tarde bajaré al río a tomar un baño. Encuéntrate allí conmigo”.

Cuando aquella tarde estaban los dos en el río, el maestro agarró al muchacho por la cabeza, lo sumergió en el agua y lo mantuvo así durante un rato, mientras el pobre muchacho luchaba por salir a la superficie. Al cabo de un par de minutos, el maestro lo soltó y le dijo: “Ven a verme mañana junto al árbol”. Cuando al día siguiente acudió el joven al lugar indicado, el maestro fue el primero en hablar, diciendo: “¿por qué luchabas cuando te tenia sujeto por la cabeza debajo del agua?" El joven respondió: “Porque quería respirar; de lo contrario, me habría ahogado”. El maestro sonrió y dijo: “El día en que desees a Dios y encontrarte con Él con la misma ansía con que querías respirar, ese día se mostrará a ti, lo experimentarás y por consiguiente lo demostrarás…”

Así como el joven del relato, muchos de nosotros andamos en el mundo, consciente o inconscientemente, buscando el sentido de nuestra vida, la felicidad, la plenitud y, queriendo o no, buscando a Dios, queremos que nos sea demostrado; que de alguna manera satisfaga nuestras necesidades. Sin embargo, en algún momento de esa búsqueda debemos detenernos y pensar que: "El que halla a Dios se siente buscado por Dios, como perseguido por Él, y en Él descansa, como en un vasto y tibio mar. Esta búsqueda de Dios sólo es posible en esta vida, y esta vida sólo toma sentido por esa misma búsqueda. Dios aparece siempre y en todas partes, y en ningún lado se le halla. Lo oímos en las crujientes olas, y sin embargo calla. En todas partes nos sale al encuentro y nunca podremos captarlo; pero un día cesará la búsqueda y será el definitivo encuentro. Cuando hemos hallado a Dios, todos los bienes de este mundo están hallados y poseídos." (Padre Hurtado)

Por otro lado, es bien sabido que el ser humano, en su esfuerzo por comprenderlo todo, busca a todas luces y por muchos medios las herramientas necesarias para satisfacer sus interrogantes más profundas. A lo largo de la historia se ha preguntado sobre su ser y su existencia y por consiguiente cuestiona la trascendencia y la existencia de Dios. En este esfuerzo, no son pocos los que, por su inteligencia, nos han ofrecido tratados y discursos elocuentes que nos ayudan a conocer las diversas ciencias humanas que responden a las exigencias de hoy. Sin embargo, hay que decir que no es ajeno a nosotros saber que el relativismo se ha infiltrado tanto en la sociedad que ha dado como resultado una indiferencia religiosa que ha traído consigo falta de fe, confusión y muchos desordenes que se manifiestan en diversos ámbitos de la humanidad.

Y así como toda ciencia necesita demostrar su tesis a base de lo empírico, también la “ciencia Divina” para ser demostrada necesita ser mostrada a través de la experiencia personal, no por leyes temporales, sino por las “leyes espirituales” que están impresas en el corazón del hombre. Sí, Dios no se demuestra, se muestra en nuestra vida cuando somos capaces de abrirnos a su amor y ser participes de sus dones, cuando, con humildad, reconocemos nuestra incapacidad de abarcarlo todo y descubrimos que existe un Ser superior a todo y todos que con su amor nos sale al encuentro y nos llama a encontrarle en sentido a nuestra existencias unidos a Él.

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