Dios sin atributos, cristianismo sin pasión, Iglesia de plastilina

¿Tiene algún sentido el texto siguiente del Eclesiastés que continuamos utilizando en nuestras oraciones de Vísperas : “Como les mostraste tu santidad…

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¿Tiene algún sentido el texto siguiente del Eclesiastés que continuamos utilizando en nuestras oraciones de Vísperas :

“Como les mostraste tu santidad al castigarnos,
muéstranos así tu gloria castigándolos a ellos:
para que sepan, como nosotros lo sabemos,
que no hay Dios fuera de ti.

Renueva los prodigios, repite los portentos,
exalta tu mano, robustece tu brazo.
Reúne a todas las tribus de Jacob
y dales su heredad como antiguamente”.

Claro está que no me refiero a un sentido literal, sino leído desde la perspectiva del Nuevo Testamento, del anuncio de Cristo, el único posible para una interpretación cristiana.

¿Qué sentido tiene en esta oración la idea de la ira de Dios? Como no es una virtud no puede estar en Dios. La verdad sí, es Él mismo, y la justicia, y el amor. Pero la ira no.

¿Entonces? Carece de sentido, dirán algunos que ven en la palabra de Dios en el Antiguo Testamento, un peso muerto.

No, eso equivale a imaginar un Dios sin atributos, un cristianismo sin pasión, una Iglesia de plastilina, sumergida hasta la asfixia en el pensamiento políticamente correcto. No, no es exactamente la ira de Dios lo que expresa el texto en su sentido global sino la petición de su justicia ahora y aquí.

La petición confiada de que se manifieste su fuerza. La corrección del Padre cuya dureza guarda proporción con la falta del hijo y la necesidad de mostrarle el camino.

Se trata de pedir la respuesta de Dios a un mundo y a unos altivos dirigentes que quieren recrear al hombre y a la mujer, a su creación más querida. Quieren recrear su imagen, convirtiéndola en algo carente de sentido y, por consiguiente, monstruoso.

Y para ello utilizan todos los medios del poder, que de tan poderoso ya no necesita ser primariamente brutal, sino que puede ser ejercido con sofisticación y de manera sinuosa.

Sí, Señor, que sepan como nosotros sabemos, en la felicidad y el sufrimiento, que no hay otro Dios fuera de ti.

Exalta tu mano, robustece tu brazo.

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