A Dios a través de la belleza

A menudo repite el Papa la idea de que “la Iglesia no crece por proselitismo, sino por atracción”. Eso explica la privilegiada relación que históricamente ha tenido el cristianismo con el arte, pero también la insistencia de los últimos pontífices en una evangelización que debe hacerse ante todo con testimonios alegres y coherentes. “El mundo de hoy –decía Pablo VI– necesita más testigos que maestros”. Personas y comunidades que, por su forma de vivir, despierten preguntas en el otro. Se explica así que dos importantes acontecimientos eclesiales hayan coincidido en el tema de la belleza como hilo conductor.

Uno ha sido el Encuentro Madrid, organizado por el movimiento Comunión y Liberación, que aborda la cuestión desde ópticas tan distintas como la que representan el pintor Antonio López o el franciscano Ibrahim Alsabahg, párroco en Alepo, que ha permanecido al lado de sus feligreses durante los peores años de la guerra en Siria. No muy distinto, el segundo, era el planteamiento de la Semana Nacional para Institutos de Vida Consagrada.

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