Discrepancias familiares hoy

En muchas ocasiones los hogares parecen más pensiones, albergues, residencias juveniles o casinos de juego

En este tiempo en que vivimos, son frecuentes las discrepancias familiares, y como consecuencia el mal funcionamiento de la convivencia y la falta de armonía en el hogar. Todo esto ciertamente consigue que se desvanezcan o se deterioren, más o menos gravemente, los pilares fundamentales de la unidad familiar.

En muchas ocasiones los hogares parecen más pensiones, albergues, residencias juveniles o casinos de juego; lugares estos en los que pueden abundar las peleas, las discordias, las reyertas, el mal ambiente, las voces, las falta de respeto e incluso la violencia y la delincuencia.

Los hogares hoy tienen dentro de él varios enemigos fuertes:

  • La televisión con su numerosa programación de series, debates, show, tertulias de ínfima calidad y con nulos criterios formativos para todos, pero especialmente para la juventud, y no digamos ya para los niños. Además no sucede como antes que la televisión estaba controlada por los padres, hoy en día esta labor es casi imposible, aunque habría que intentarlo.
  • Internet, frente a lo positivo, ofrece también una gama de posibilidades totalmente negativas y nefastas para la educación de niños y jóvenes. Además en la mayoría de los hogares esta también a mano: para el uso de todos y cada uno, y en cualquier momento. Por otro lado el uso de los foros y de los chat puede ser una “bomba” peligrosa en manos de los jóvenes dado que pueden contactar con cualquiera sin conocer absolutamente nada de él.

Todo esto hace que el hogar no sea actualmente un lugar seguro para los niños y jóvenes; puesto que los padres no pueden controlar, o a veces tampoco quieren, estas diversas y variadas nuevas tecnologías.

  • Por otro lado está el ambiente social, que actualmente tampoco favorece mucho la educación de la juventud, dado que con mucha frecuencia en esta nuestra sociedad se confunde la libertad con el libertinaje.

Y esta grave confusión está motivada en muchas ocasiones:

  • Por la falta de criterios, por la falta de valores, por la falta de ideales, por la falta de ética y de principios morales, de los que coordinan y rigen la sociedad actual.
  • También:
  • La ausencia casi generalizada de la de vida religiosa.
  • La ausencia de ética, de moral, de conocimientos y de formación.
  • La ausencia de la creencia y fe en Dios.

Hace que todo se vea con una óptica totalmente diferente, menos rigurosa y a la vez menos ejemplarizante y menos educativa, en donde los jóvenes campan a sus anchas y faltos de todo tipo de valores y de principios necesarios para enfrentarse positivamente a su futuro.

  • En la misma línea las ideologías, las leyes y las políticas de nuestros gobernantes actuales tampoco favorecen a la familia tradicional, más bien obstaculizan muchos de sus principios básicos. A este paso, en breve, desgraciadamente  las leyes Irán por un lado y la familia por otro; con todo lo negativo que ello traería consigo.
  • En determinados sectores “nefastos”, pero que dicen o pretenden representar a la avanzadilla de la renovación social ya se habla de sustituir a la familia por tribus o comunas hippies.
  • Por supuesto el aborto, al ser un ataque a la vida, en su dimensión más inocente y débil, es otro ataque clamoroso a la familia; pues la familia ante todo es fuente de vida y de amor, y no de destrucción y muerte.
  • La debilidad actual de la vivencia del respeto y de la autoridad también va en detrimento de la concordia familiar. Al no haber respeto todo se empobrece y debilita dando esto lugar a un caos insostenible. Al no haber autoridad el hogar es como una ciudad sin ley.
  • El sistema educativo español, en crisis desde hace tiempo, y con tantos criterios en sus curriculum relativos a estos temas y a su vez son tan controvertidos, tampoco colabora en afianzar el pilar social de la familia.
  • La falta de entendimiento, en tantos casos, entre el padre y la madre tampoco colaboran para consolidar la estructura familiar y va en detrimento claro y contundente de la educación, de la formación y del equilibrio psíquico y moral de los hijos.
  • La primacía absoluta de los derechos sobre los deberes, principalmente entre los jóvenes, también en muchos casos llega a ser un obstáculo para lograr la autenticidad educativa y formativa.
  • La distribución de los roles o tareas de cada uno de los miembros de la comunidad familiar, poco definido en estos tiempos, también en muchos situaciones llega a ser vital para el buen o mal desarrollo de la vida en el hogar.
  • La falta de diálogo sosegado y frecuente entre todos los miembros de la familia también es origen de discrepancias y de desuniones.
  • La independencia en la que queremos vivir en la actualidad: no queremos que nadie se meta en nuestra vida; origina falta de comprensión y de proyectos comunes.
  • El querer tener de todo, el querer estar a la última, origina también situaciones delicadas, dado el alto nivel del consumismo en el que estamos sumergidos.
  • En muchas ocasiones el poco tiempo que se dedica los hijos: a su compañía, a su formación y a sus problemas, traen a posteriori la falta inevitable de un “algo esencial”, de un vacío, de un cariño.
  • El estar excesivamente encima de los hijos cuando éstos ya son adolescentes ocasiona que estos hijos sobreprotegidos no sepan posteriormente actuar con libertad cuando su vida, su trabajo, sus relaciones sociales así lo exijan. Esto sucede en más ocasiones con los hijos únicos.
  • Los padres no son los dueños de los hijos y por lo tanto han de educarlos a estos en la responsabilidad y en la libertad. Los hijos han de ser libres, cuando llegue su momento, pero para eso es necesario esforzarse con constancia, delicadeza y sabiduría para educarlos sabiendo que en breve van a ser libres pero responsables de sus propios actos.
  • Y por último los padres colegas. No siempre este criterio funciona. En algunos casos puede acabar con el respeto, puede deteriorar la autoridad y puede que los hijos abusen de ese tipo de amistad mal entendida. Otras veces, estando bien dirigida esta fórmula puede resultar beneficiosa, usándola con prudencia y cautela.

Todo esto, y muchos otros problemas, propician infinidad de situaciones en las cuáles se dan estas discrepancias familiares, discrepancias que si no se atajan acaban rompiendo la sólida, bella y creativa estructura familiar.

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