¿Dónde está Cambó?

Francesc Cambó Francesc Cambó

Puede ser un buen momento para leer una de las grandes biografías que se han escrito en español: la dedicada a Cambó, del historiador sevillano, político monárquico y miembro del consejo privado de don Juan, Jesús Pabón.  Francesc Cambó (1876-1947) fue un gran político, financiero, mecenas y hombre público, cuya vida y actividad abarca la última parte del periodo de la monarquía de Alfonso XIII, la guerra y la posguerra (esta última etapa ya bastante al margen de la vida política y más centrada en actividades financieras y culturales), fue un modelo de político conservador, con acusados rasgos liberales y europeístas, profundamente catalán, con un catalanismo sin estridencias ni exclusiones. Representaba una burguesía culta y emprendedora y, para algunos, quizá era el líder que hubiese salvado la derecha española (y, en última instancia, al sistema monárquico). Una dimensión muy importe de su labor pública fue su papel de mecenas y promotor cultural. Cuentan que se decidió a apoyar al bando nacional en la guerra civil cuando unos milicianos destrozaron de una cuchillada un Tiziano de su colección. Cambó, que para el historiador y político republicano Salvador de Madariaga, era el político más importante de su tiempo, pertenece a un perfil de hombre público extinguido, el que representa al catalanismo como aportación valiosa (incluso necesaria) a la sinfonía que se llama España. Hombres como Prat de la Riba, Joan Maragall, Joan Estelrich y algunos más. Esta línea llega hasta Tarradellas (histórico militante de Esquerra Republicana, no se olvide, pero que todavía bebe de esta tradición venerable), pasando por Miquel Roca.  Esta línea histórica parece extinguirse tristemente.

¿Dónde ha quedado ese catalanismo? ¿Cómo hemos descendido del culto mecenas a los Montilla, Mas, Puigdemont o Tardà? Si me permiten la comparación capilar, de la barba (rasgo judío, para el mencionado Madariaga) del prócer fundador de La Liga Regionalista al flequillo de Puigdemont o al bigote del malencarado Tardà, por no hablar de las cabezas rapadas de los políticos de la CUP, ¡cuánta distancia!

Cambó y lo que representaba nos parece una prehistoria irrecuperable.

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