Dos bebés del norte, dos historias antes de nacer

Navidad es un tiempo centrado en el Niño Jesús y su accidentado y maravilloso nacimiento, pero estas navidades hay otros dos bebés, los dos del norte …

Navidad es un tiempo centrado en el Niño Jesús y su accidentado y maravilloso nacimiento, pero estas navidades hay otros dos bebés, los dos del norte de España, que ilustran con sus historias las opciones que da nuestra sociedad en los casos de nacimientos complicados. 

 

Uno es José María, de Maliaño (Cantabria): nació hace un mes, cuando tenía 8 de gestación, pero se ha sabido ahora su asombrosa historia explicada por los médicos del hospital de La Vall d’Hebrón de Barcelona. El otro no tiene nombre aún, de hecho no se sabe si es niño o niña, pero en Internet ya le llaman “Pelayito” por su origen asturiano (sería Covadonga si fuese niña). Tiene más de seis meses de gestación y puede que sea abortado en la también barcelonesa clínica Ginemedex… ¡o puede que su vida se salve!

 

Quince minutos sin respirar

La Vall d’Hebrón de Barcelona es puntera en cirugía prenatal, junto con tres hospitales más de Bélgica, Italia y Dinamarca. Desde 2001 cuenta con un equipo especializado en operar bebés antes de su nacimiento, y por allí han pasado ya 240 niños que fueron operados en el útero de su madre. Pero el caso de José María era especial: un tumor benigno de seis centímetros le taponaba la boca y las fosas nasales. En el seno materno no hay problema pues los bebés “respiran” por el cordón umbilical pero en el momento del nacimiento iba a morir asfixiado sin que diera tiempo a operar el tumor asfixiante. ¿Operar antes de nacer? Lo que se hizo en este caso -y resultó novedoso, el equipo sólo lo ha hecho en cinco ocasiones y sólo en casos de hernia de diafragma- fue operar a medio nacer.

Se extrajo el niño a medias, sólo la cabeza, los brazos y el tórax asomaban de la madre; el resto del cuerpo seguía en la placenta, conectado por el cordón umbilical, envuelto en el cálido líquido amniótico. El niño dormía anestesiado mientras los doctores le colocaban una vía aérea en la base del cuello.

“Engañando al feto, relajado y dormido por unos fármacos, conectado a su ambiente y sin variar la temperatura de la placenta, ganábamos unos minutos para hacer la traqueotomía”, explica el doctor Eduard Gratacós, responsable de este equipo que hace maravillas con los niños antes de nacer. La operación duró 15 minutos, durante los que el bebé no respiraba… pero recibía oxígeno por el cordón umbilical. Según el doctor Gratacós un bebé puede estar en estas circunstancias entre 15 y 40 minutos.

Una vez hecha la traqueotomía para permitirle respirar, se completó el parto. Durante cuatro días José María vivió respirando por la vía aerea del cuello. Entonces procedieron a extirparle el tumor y a cauterizarle la traqueotomía. El bebé aprendió a abrir y cerrar la boca, a respirar normalmente. Hoy ya tiene un mes, está muy bien con sus padres en Maliaño y su preciosa historia ha salido en las televisiones españolas.

Se calcula que en España este tipo de tumores asfixiantes causa la muerte de unos 10 bebés al año; a partir de ahora esta técnica puede aplicarse en estos casos. El equipo de cirugía fetal de La Vall d’Hebron desde 2001 ha realizado 170 transfusiones feto-fetales (entre gemelos unidos de forma anómala), 40 separaciones de gemelos, y 20 oclusiones de la tráquea, pero en todos estos casos los niños seguían siempre enteramente en su medio natural, la placenta.

“Pelayito”, el niño de Avilés

“Pelayito” tiene ya más de seis meses de gestación. Su madre es de Avilés, Asturias. Tiene 27 años, pero es disminuída psíquica, con una edad mental estimada de tres años. No se sabe cómo quedó embarazada pero los padres de ella pidieron al juez José Luis Niño que autorizara un aborto. El juez lo autorizó, pero ningún centro abortista de Asturias quiere efectuarlo, ya que a esta edad es más peligroso y difícil. Para eso hay centros especializados, como Ginemedex en Barcelona, que atrae a cientos de extranjeras cada año para embarazos tardíos.

La clase médica asturiana se ha pronunciado con rotundidad contra este aborto. Así, la presidenta del Colegio de Médicos de Asturias, la doctora Carmen Rodríguez Menéndez, declaraba el pasado lunes en el veterano diario asturiano LA NUEVA ESPAÑA:  “Mi opinión personal coincide con la del Colegio de Médicos, que ya expresó en su día el vicepresidente, Javier Portilla. Es un caso muy desgraciado, que me entristece mucho. Hace unos años vivimos un acto social y médico maravilloso que fue alargar la vida de una madre muerta clínicamente para que pudiera dar a luz a su bebé. Desgraciadamente, estamos ante el caso contrario. Se va a privar a un niño de la vida, es un acto deleznable”.
 
Consciente de que la ciencia hoy hace maravillas la doctora recuerda que “si la persona embarazada es incapaz y no puede hacerse cargo del niño -aunque tengo entendido que ella quería tenerlo- y los padres no pueden hacerse cargo, deberían darlo en adopción. Hay muchas familias esperando por un niño. Que se recurra al aborto en este caso, en una sociedad moderna como la nuestra, cuando hay un amplio abanico de soluciones, es bochornoso”.
 
Corre el tiempo a favor de Pelayito pero… 
 
La sociedad se ha movilizado y familias y asociaciones se han ofrecido a hacerse cargo del niño. El fiscal jefe de Asturias, Gerardo Herrero, ha presentado un recurso ante la Audiencia Provincial, ya que la ley pide que para abortar dos especialistas dictaminen el “grave riesgo psíquico y físico” del embarazo para la madre y en este caso sólo hubo el informe de un especialista. La Audiencia puede tardar un tiempo en responder. La Navidad da más días de vida al niño de Avilés: el 24 y el 31 de diciembre son procesalmente inhábiles y sería muy raro que la Audiencia respondiese antes de 15 días, ya que a veces se demora meses. A menos que la siempre colapsada justicia española se active de repente para acelerar un aborto…
 
El tiempo juega a favor del niño, pero se barajan varios escenarios. Si el pequeño cántabro José Luis fue a Barcelona a salvar su vida, alguien podría llevar a Pelayito y su madre a la Ciudad Condal a requerir los servicios de Ginemedex, la clínica abortista especializada en abortos tardíos, que recibe chicas embarazadas de 8 meses desde el Reino Unido y otros países, como ha publicado el semanario inglés THE SUNDAY TELEGRAPH. El proceso con el bebé asturiano sería el mismo que con los ingleses: abortar el niño y decir que fue “una urgencia ginecológica”. Los formularios ya están rellenados en la clínica barcelonesa.
 
Puesto que Ginemedex lleva un tiempo demasiado señalada (artículos en la prensa británica -la española calla-, preguntas parlamentarias en Reino Unido y España, manifestantes ante la clínica por la impunidad de sus fraudes de ley, denuncia de Juristas Cristianos de Cataluña) otra opción podría ser la mayorista del aborto en España, la famosa clínica Dator de Madrid, decana en el sector ya que lleva haciendo abortos desde 1985. Sus beneficios netos en 2002 fueron de 210.000 euros (unos 35 millones de pesetas), una cifra muy prometedora teniendo en cuenta que en el año 2001 sus pérdidas ascendían a 103.170 euros.
 
Los abortos tardíos son los más caros: en Ginemedex pueden llegar a valer 700.000 de las antiguas pesetas. Cuando el bebé ya es tan grande se suele practicar el llamado “aborto por nacimiento parcial”, que se parece a una versión abortista de la operación que salvó al pequeño José Luis: hacer nacer al niño a medias pero dejando la cabeza dentro, matarle agujereándole la base del cráneo, introducir un tubo que aspire su masa encefálica y sacar la cabeza ya vaciada. 
 
José Luis, el pequeño cántabro, contó con unos padres que querían salvarle y todo el potencial de la ciencia médica puesto al servicio de la vida humana. La madre del asturiano Pelayito no puede ayudar a su hijo, la justicia es ambigua, y hay centros diseñados especialmente para acabar con su vida. Mientras los médicos de Asturias se indignan con el aborto, el Colegio de Médicos de Cataluña aprobaba recientemente un código deontológico que incita a los “médicos” a realizar abortos en adolescentes y menores de edad sin avisar a sus padres si las ven “maduras”. Nuestra sociedad, nuestros jueces, nuestros médicos, pueden salvar vidas o destruirlas. Los ciudadanos son los que con su acción solidaria y participativa están marcando en muchos casos la diferencia.

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