Economía y Familia

El Instituto Nacional de Estadística, dice que el número de divorcios ha bajado un 6% en la última década. ¿Qu&eacu…

El Instituto Nacional de Estadística, dice que el número de divorcios ha bajado un 6% en la última década. ¿Qué ha pasado? ¿Han mejorado las relaciones interpersonales? Desgraciadamente no creemos que sea esta la razón. Los expertos relacionan la disminución de los divorcios, con la crisis. La separación equivale a dos viviendas en lugar de una, y esto complica las cosas. La familia es fundamentalmente un espacio de relación, pero también es una unidad económica.

Antes, la familia tradicional, era fundamentalmente esto: "una unidad económica". Esto se veía muy claro en la familia campesina. La gente arreglaba los matrimonios de sus hijos, con tal de asegurar la concentración de la propiedad. También lo hacía la aristocracia, a fin de concentrar patrimonio. En la formación de estos matrimonios, el amor no era la fuerza motora, ni tan solo la pasión sexual, si no puramente el interés económico. Una frase que dijo Adam Smith sobre la economía doméstica, va en este sentido, pero es verdaderamente desorientadora. Dijo: "Si persigues tu propio interés económico, ayudas al mundo entero". Uno se pregunta: ¿En qué ayudo al mundo entero, mirando por mis propios intereses? Difícilmente se puede entender. Tanto es así, que el premio Nobel de Economía, Joseph Stigliz, dijo que ahora estamos pagando los platos rotos, de esta tesis tan desafortunada.

Stigliz apuntaba que de la misma manera que los vicios totalitarios del comunismo, propiciaron su caída, los vicios del capitalismo neoliberal, han causado un revés para la economía de mercado. Ahora se cuestiona y con razón, la teoría del crecimiento sin límites. Si todos queremos crecer más y más, estamos abocados al colapso. El hombre con el deseo ilimitado de tener, gasta inútilmente energías rivalizando con los otros, y pierde lo más importante… la paz y la tranquilidad. Stigliz, apunta a la necesidad de un cambio decisivo en nuestras vidas. Se trata de pasar de la motivación del propio interés, a lo que él llama la "economía de la relación pura" donde todo el esfuerzo va encaminado al bien común y a la justa distribución de la riqueza. La familia tendría que ser una escuela de relaciones interpersonales de calidad, que nos predisponga a conductas prosociales en la economía. Y aquí se tendría que ver si la familia cumple esta misión. Lo primero a tener en cuenta, es el control del gasto. Ver que es lo necesario y que es lo superfluo. Ver que es lo que se dispone para pasar el mes. Esto conviene hablarlo con los hijos. Que sepan que es lo que se puede gastar y lo que no se puede gastar, evitar que caigan en un consumismo acrítico de las marcas de moda, y que encuentren el gusto por una sana austeridad que genere liderazgo en sus grupos de amigos.

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