Educación de la voluntad

 Es un objetivo importante en educación familiar incrementar la voluntad y motivar el esfuerzo. Es a partir de los 4 años cuando los niños reconocen l…

 

Es un objetivo importante en educación familiar incrementar la voluntad y motivar el esfuerzo. Es a partir de los 4 años cuando los niños reconocen lo que está bien y lo que está mal y cuando tienen uso de razón son capaces de razonarlo. Reflexionemos en este contexto, si somos capaces de hacer distinguir lo que está bien de lo que está mal y si los progenitores y los familiares del hijo o hija que se quiere educar son un referente adecuado, proporcionando pautas y modelos de actuaciones coherentes con los valores que se quieran transmitir.

 

Para educar la voluntad tenemos que apoyarnos en la creación de hábitos y en las motivaciones:

 

1. Creación de hábitos:

 

Es en la primera infancia cuando se han de inculcar los hábitos y, así, de una manera habitual, los hijos van haciendo aprendizaje del esfuerzo. Lógicamente cada familia tiene su estilo de vida y sus circunstancias, si bien deberá haber unas reglas de juego en el hogar para hacerse obedecer y hacer más agradable la convivencia de todos. La costumbre de cumplir lo que está establecido a la misma hora es necesaria, si bien, alguna vez, se podrá tener la flexibilidad de hacer algún cambio. Pero siempre por unas circunstancias extraordinarias y, como que los niños viven el momento, es aconsejable ser previsor y avisarlos con tiempo.

 

El orden es fundamental en la educación. Tener unos horarios para levantarse y para ir a dormir, para la hora de la comida, para el tiempo de ocio, para el estudio, para recoger los juguetes… Es conveniente organizarse, teniendo en cuenta las posibilidades y limitaciones del matrimonio, no se diera el caso de que por demasiado perfeccionismo nos equivocáramos a la hora de marcarnos objetivos para conseguir. Por esto, es evidente que se tiene que prever el horario del día de fiesta y el horario del día de trabajo, hablando los dos cónyuges y poniéndose de acuerdo por repartirse las tareas. La experiencia nos demuestra que muchas veces recae todo sobre la madre, defecto que hay que evitar. El orden de un hogar no será el de un museo, ni de un cementerio, puesto que cuando hay vida hay movimiento, más bien será el orden de un obrador, donde el amor de los padres hacia los hijos marcará los límites de lo que se han propuesto. La voluntad de los hijos se fortalecerá, si la van ejercitando, con el cumplimiento de sus obligaciones diarias.

 

2. Las motivaciones:

 

Nuestros hijos e hijas tienen que tener el deseo de cumplir aquello que piden los padres y que los ayudará a hacerse responsables. Sé por esto que una actitud positiva anima a la obediencia y a hacer las normas establecidas con más ilusión. En este tema, conviene recordar que la autoestima de cada cual es necesaria para obedecer con más prontitud. (Ver el artículo “Aceptación, amor y valoración, base de la autoestima personal” en www.e-cristians.net (Formación para padres).

 

Tenemos que tener unos objetivos claros de la formación que queremos dar a los niños y adolescentes y de los valores que queremos transmitir. Los retos que queremos que logren han de estar a su alcance para poder valorar el esfuerzo puesto que, sí pidiéramos más que sus posibilidades, les causaríamos una constante frustración que los dejaría sin motivación para llevar a término aquello que tienen que hacer. Por esto, se debe de conocer con profundidad a cada hijo o hija y pactar, dialogar, para llegar a acuerdos.

 

Los elementos por parte de la familia que contribuyen a incrementar la motivación de los niños y adolescentes son, entre otros, la confianza, el buen humor, la alegría, la paciencia, la generosidad. Como siempre se trata de ser un buen referente para los hijos y de esforzarnos para que los valores sean transmitidos por el testigo personal.

 

A menudo nos encontramos con que les cuesta el cumplimiento del deber, puesto que no tienen el deseo o las ganas de esforzarse, por esto es conveniente hacer ver que lo qué se pide es algo que les producirá un bien. La voluntad actúa cuando la inteligencia hace ver que aquello que se propone es bueno. Al dar órdenes, los padres y madres, lo tienen que hacer de una manera positiva.

Por ejemplo, si decimos a un niño: ”no hagas ruido, no juegues con esto, que molestas”, la orden es negativa y sólo conseguiremos disgustarlo: Si decimos ‘‘¿Que otro juguete quieres? mira, quizás con este haremos menos ruido, el hermanito pequeño no se despertará y así mamá estará contenta…” La motivación del pequeño ha sido doble: por una parte, lo ha hecho por amor a su madre y, por otra, ha hecho un bien a su hermano. Ni que decir tiene que lo mismo con una otra escena, por un adolescente, se presentaría con una actitud más participativa y de sugerencia.

 

La educación de la voluntad de nuestros hijos tiene la finalidad de que se esfuercen en entresacar el bien con autonomía y libertad, conociendo sus calidades y defectos, por ser felices y que se acostumbren a establecer compromisos.

 

Escribe el Catedrático de Psiquiatría Dr. Enrique Rojas: ”Voluntad es elegir. Y elegir es anunciar y renunciar… Querer, es determinación. Y por esto, necesita el apoyo de una voluntad firme, atemperada en la lucha y en el esfuerzo”.

Victoria Cardona Romeu, educadora familiar

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