Ehrlich anuncia el advenimiento del canibalismo

Resulta misterioso, al menos para mí, cómo algunos personajes siguen gozando de cierto prestigio y reconocimiento cuando han demostrado,…

Resulta misterioso, al menos para mí, cómo algunos personajes siguen gozando de cierto prestigio y reconocimiento cuando han demostrado, una y otra vez, su falta de acierto, su parcialidad sesgada e incluso su ineptitud, muchas veces aliñados con errores manifiestos y profecías incumplidas. Tenemos casos muy cercanos: sin ir más lejos, me asombra que se aún se hable bien de Ernest Maragall, el antiguo conceller de Educación de la Generalitat durante el gobierno del Tripartito, que fue incapaz de hacer nada para mejorar la calidad de la enseñanza y cuyo proyecto estrella, el de digitalización de las escuelas, fue un fiasco que ya se estudia en los cursos sobre esa materia y que constituyó el culmen de la improvisación (a la que habría que añadir el engaño a las familias sobre el precio de los ordenadores que debían comprar para sus hijos). Con buen criterio, el proyecto estrella de Ernest Maragall cayó primero en un discreto olvido y después fue definitivamente archivado.

Pero no quería hablar hoy de ningún Maragall, sino de otro “lúcido” pensador que lleva medio siglo profetizando el inminente desastre: Paul Ehrlich. Empezó con The Population Bomb a finales de los 60. Esto iba a explotar, no cabíamos en la Tierra, el apocalipsis era inminente. Aún lo estamos esperando y hemos entrado en un invierno demográfico en Occidente que produce tensiones, por ejemplo para pagar las pensiones, insostenibles. Pero el tipo no se ha desanimado y sigue dando la tabarra con la misma cantinela desde hace medio siglo, eso sí, adaptándose a los tiempos: de la superpoblación y las hambrunas planetarias, ha ido incorporando a su repertorio a lo largo de estas décadas el holocausto nuclear, las lluvias ácidas y la contaminación, el agujero de la capa de ozono, la extinción de especies y el cambio climático. Ehrlich se apunta a un bombardeo (algo que, si hay bajas civiles, probablemente le encantaría).

Ahora leemos en el Daily Mail que nuestro profeta de calamidades, en una nueva adición a su repertorio de catástrofes, ha advertido de que la escasez de recursos a la que nos vamos a enfrentar va a ser tan grave que nos vamos a ver obligados a comernos a los muertos. El canibalismo es el futuro, según Ehrlich. Por el momento sólo nos comeremos al abuelo una vez haya fallecido, pero más adelante no se puede descartar que los hambrientos e impacientes nietecitos metan al suculento abuelito en la olla sin esperar a que el desenlace se haya ya producido. Y añadió que “la humanidad está yendo hacia esto a una velocidad absurda”, no sin antes culpar de esto, cómo no, ¡a los republicanos! (de Estados Unidos), que llevan fuera del poder desde 2008.

Las declaraciones de Ehrlich se enmarcan en la promoción de su último libro, que curiosamente se llama “Hope On Earth” (“Esperanza en la Tierra”), escrito junto a Michael Tobias. El mismo Tobias ha declarado que “hay una enorme cantidad de optimismo en este libro”. Habrá que preguntar qué entienden estos tipos por optimismo y si sus predicciones se pueden considerar así más allá del limitado marco de las tribus caníbales que aún sobreviven.

Pero que no cunda el pánico. Me permito reproducir lo que escribía Ignacio Aréchaga a propósito de Ehrlich en 2008, cuando éste publicaba otro de sus recurrentes libros catastrofistas, en el que entonces insistía en el colapso debido al cambio climático: “Lo más curioso es que la misma longevidad de Ehrlich es un desmentido viviente a sus teorías. A sus 76 años, ha sobrevivido a todas las catástrofes inminentes que nos anunciaba. El hecho de que ahora señale la amenaza del cambio climático es un alivio, pues supone casi una garantía de que no habrá catástrofe”.

¿Dejaremos alguna vez de hacer caso a este tipo de charlatanes destructivos y cuyas ideas, por desgracia, acaban determinando políticas públicas y proyectos internacionales?

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