¿Ejército ONG? Carros de combate de ZP, nefastos contra incendios

Un buen médico no construirá ni tan siquiera un mal edificio, porque la formación obviamente es específica.  El fin del ejército es intervenir militar…

Forum Libertas

Un buen médico no construirá ni tan siquiera un mal edificio, porque la formación obviamente es específica.
 
El fin del ejército es intervenir militarmente en actos de protección, defensa y ataque. Claro está que en un momento determinado puede vigilar edificios pero no sabe hacer de policía. Claro está que en un momento determinado puede construir un puente pero no suple a la necesaria obra pública. Claro está que puede instalar un hospital de campaña pero no es una ONG. Y claro está que puede ayudar en un momento dado a la extinción de un incendio pero ni es su tarea ni sabe hacerla.
La idea de Rodríguez Zapatero de crear la Unidad Militar de Emergencias (UME) se inscribe en esta concepción anómala que tiene el presidente del gobierno de adaptar las instituciones a sus deseos, al deseo prescindiendo de cual es su fin real. Lo ha hecho con algo mucho más delicado e importante como es el matrimonio, debe pensar que todavía es más fácil con el ejército.
 
En lugar de potenciar los medios civiles para actuar en el ámbito de las emergencias, los que corresponden a protección civil, y a los bomberos, en lugar de dar entrenamiento específico a las unidades policiales, en lugar de gastarse el dinero en prácticas, simulacros y material, se ha derrochado con una unidad militar. Está en la línea de transformar el ejército español en una ONG.
Ahora esta unidad ya empieza a incurrir en los primeros graves errores. Es lógico. Pretende nada más y nada menos que adquirir carros de combate Leopard para extinguir incendios forestales. Al margen del coste de este tipo de vehículos –aunque no es un dato menor- el error técnico nace de la visión militar del fuego forestal. Cierto es que existen puntos de contacto entre una concepción y otra pero sobre todo están relacionados con las estrategias vinculadas a la detección y movilidad de los recursos. El error grave que se puede cometer nace del desconocimiento de cuál es el riesgo máximo que acarrea el fuego forestal.
¿Cuál es este daño mayor? “Es evidente, se quema el bosque”, se puede contestar. Pues no, este no es el mayor daño. Es muy grave pero existe la posible recuperación natural a largo plazo y si ello no es posible cabe incentivar a la naturaleza con la repoblación.
 
Pero lo que sí resulta absolutamente irreparable y constituye un daño terrible es la erosión del suelo que acostumbra a acompañar al incendio, sobre todo en países de régimen climático mediterráneo como el nuestro, donde al periodo de incendios le sucede el máximo de precipitaciones pluviométricas.
La erosión significa perder definitivamente la capa fértil del suelo, y dejarlo reducido a un mero soporte físico sin capacidad de generar una vida vegetal apreciable. No se puede luchar contra el incendio forestal provocando daños irreparables sobre el suelo, porque el remedio resultaría peor que la enfermedad. Eso lo saben los técnicos forestales, la guardería, los equipos de extinción. Pero por lo visto no la UME.
 
Las cadenas propias de los carros de combate están radicalmente prohibidas para su penetración en los bosques porque el daño que ocasionan sobre la capa fértil es peor o acentúa el daño que ocasiona el incendio.
El que en determinados países se utilice no significa que sea adecuado para el nuestro. Primero por razones climáticas. En aquellos territorios de Europa que disponen de lluvias regulares durante la mayor parte del año, que el suelo está protegido por un espeso manto vegetal, el resultado negativo puede quedar minimizado, pero obviamente este no es nuestro caso.
Si se quiere combatir en serio los incendios forestales en España existe ya una experiencia más que sobrada que obviamente no pasa por la utilización de carros de combate: prevención real, detección anticipada e inmediata, intervención rápida de manera que el foco no tenga tiempo de transformarse en frente.
 
Esto significa en las condiciones climáticas mediterráneas que entre el origen del fuego y la presencia de la primera unidad de extinción no deberían transcurrir más allá de doce minutos, aunque lo óptimo serían siete, variando este tiempo evidentemente con las condiciones meteorológicas del día.
 
En este sentido el disponer de una capacidad aérea suficiente es vital, tanto para la detección como para la extinción. Como lo son la red de pistas forestales y la existencia de puntos de agua que permitan a las unidades de extinción aprovisionarse sin tener que recorrer grandes distancias.
 
La existencia de defensas permanentes bien pensadas técnicamente, cosa que no siempre sucede es un factor coadyuvante sobre todo en la lucha contra los grandes incendios, como lo es el control del territorio mediante la participación organizada de las personas en la vigilancia y en las tareas de extinción, asociaciones de defensa forestal y voluntarios forestales permiten compensar en parte la antigua y perdida socialización del bosque.
 
Los carros de combate son para la guerra.

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