El 25% de los inmigrantes pierden la fe al poco de llegar a España

"Nos volvemos a Colombia, porque nuestros hijos están perdiendo la fe". Así decía en 2006 un matrimonio colombiano con …

"Nos volvemos a Colombia, porque nuestros hijos están perdiendo la fe". Así decía en 2006 un matrimonio colombiano con hijas pre-adolescentes en la Parroquia de Santa Mónica, junto al Raval de Barcelona. Lo decían por lo que veían en su entorno… y poco después lo confirmaba un estudio de la Universidad Francisco de Vitoria a partir de más de 500 entrevistas.

LaFundación Social UFV, promotora del estudio presentado a través de su Cátedra de Inmigración, obtuvo 226 encuestas válidas a hombres y 280 a mujeres, todos ellos mayores de edad, de un nivel socio-económico bajo, sin empleo o con empleos muy inestables, y que habían llegado a la Comunidad de Madrid en los últimos cinco años. La mayoría de los encuestados eran de Ecuador, Colombia, Rumania, Bolivia y China principalmente.

Según el estudio, el 99,2% llegó con convicciones religiosas pero el 14,6% las ha perdido ya y el 9,8% las está perdiendo progresivamente. Destaca el 69% que mantiene igual su fe en Dios y un 5,8% que incluso la ha incrementado.

De los inmigrantes encuestados un 35 % llevaba menos de un año en España y los demás llevaban entre 1 y 5 años (65,7%). Sólo un 13% viene a España sin ninguna formación y un 18,4% posee estudios universitarios. Más de la mitad del total ya habían regularizado su situación (53,3%), y viven en pareja o con familiares y/o amigos.

Muchos dicen que son menos felices que cuando estaban en su país (41,5%) pero casi el mismo número se declara más feliz (37,1%).”Igual que antes” se sienten el 21,4%. Los inmigrantes piensan que los españoles son más felices que ellos (46,1%) pero puede sorprender el dato de que uno de cada tres (32,8%), piensa que son menos felices. El 46,4% se sienten bien tratados como personas aunque la mayoría (53,6%) afirma que se les trata en función de su utilidad.
Ni tiempo ni comunidades vivas

Fernando Rey, de Bogotá, colombiano de 53 años, llegó a Barcelona en mayo 2001, buscando trabajo, regularizarse. Lo consiguió en agosto de 2005. "Aquí se vive mucho el consumismo; aquí se viene a trabajar y no queda tiempo para compromisos con un grupo de oración, una parroquia", explica. Él mantuvola fe porque en Colombia formaba parte de Comunidades Neocatecumenales y en Barcelona se incorporó a grupos de oración en los que compartir la fe.

"El gran problema es que aquí apenas tenemos comunidades vivas que realmente acojan espiritualmente, con formación, oración y calor a los inmigrantes", apuntaba Julià Villalobos, coordinador de acciones sociales de la Fundación PRAHU (y sacerdote diocesano de Tortosa). Julià Villalobos trabaja desde 1995 con inmigrantes y le queda un regusto amargo.

"En la Fundacion Prahu de Barcelona, el año pasado atendimos a 5.600, la mayoría recién llegados. Les buscamos trabajo, ayudamos a regularizar su situación. En 6 ó 7 meses, en cuanto tienen el primer trabajo y empiezan a tocar dinero, asumen un ateísmo práctico", comentaba este veterano trabajador social. "Es por mimetismo cultural y social, su inserción social pasa por imitar todo lo que hacen los españoles, es decir, vivir alejados de Dios. Si les preguntas pueden decir que creen, pero ya no practican. No sólo en Barcelona. El consiliario de Tortosa, de todos los que ha atendido en un medio rural, de pueblos, me comentaba quesólo un 10% cumplen la práctica dominical".

En la Fundación Prahu, el padre Julià ha tratado también con muchos musulmanes. "Los pakistaníes y magrebíes mantienen bastante sus convicciones y su práctica religiosa; otra cosa es la vida moral."Comentaba una escena cotidianaen su trato con latinos:"Hay tres chicas cristianas de Nicaragua que han venido hoy, me dicen quevivirán su fe, que el fin de semana irán a pasear, no a beber, que no se dejarán arrastrar por chicos a la cama…¡Lo he oído tantas veces! En cuanto tienen trabajo, otros de su mismo país que llegaron antesles arrastran. Falta una comunidad cristiana viva que les arrope."

La solución: ofrecimiento insistente y seguimiento
Vivir sin Diosparece una especie de vida narcotizada, y la receta del padre Julià es, como con los adictos, insistir en ofrecer ayuda espiritual, y una vez aceptada hacer un seguimiento.
"Amenudo,inmigrantes católicos van a parroquias y aCaritas, donde les damos trabajo perodonde no nospreocupamos por su alma.Les dejamos solos con su fe, cuando aquí es necesario vivir heróicamente para mantener la fe. Las cartas pastorales sobre inmigración están bien, pero a nivel práctico la Iglesia católica aquí comete pecado de omisión", decía el padre Julià con firmeza.
"En todos los centros de la Iglesia donde atendemos católicos inmigrados deberíamos recordarles que es Dios quien les da el trabajo", aconsejaba, "que Él es su Padre que les ama; invitarles a grupos vivos de oración y de catequesis; darles información de toda la oferta espiritual que hay, igual que les informamos de la oferta asistencial; más aún, derivarles a esa oferta, igual que les derivamos a la asistencia social adecuada, derivarles a la asistencia espiritual, al movimiento, parroquia, comunidad adecuado.Hay que hacerles un seguimiento espiritual, igual queles hacemos un seguimiento laboral y legal.Si no, se olvidan del Dios al que han rezadoen cuanto tocan dinero."
Se adaptan rápido
El problema del mimetismo social que denunciaba Julià Villalobos, es síntoma de algo que en principio no debería ser malo: el inmigrante enseguida se adapta; en unos días se arregla con el teléfono móvil y en 1ó 2 años aprende a tirar adelante. "Otro tema es la integración ideal, más difícil", comentaba Miguel Osorio, de la Cátedra de Inmigración de la Universidad Francisco de Vitoria."Alemania durante años no trabajó con ciertos colectivos yhoy tienendos millones de turcos que no hablan alemán y viven al margen de la sociedad", advertía Osorio.
"Dejar pasar el tiempo sin políticas de integración se paga;en España estamos a tiempo, aunque será necesario un esfuerzo por parte de españoles e inmigrantes".
Mientras tanto,España es el país que más inmigrantes está recibiendo actualmente en toda Europa, en números absolutos, en buena parte como resultado del efecto llamada por los procesos de regularización que puso en marcha el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.
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