El aborto y Monago, de Extremadura

En pleno franquismo, se reclamaba como solución a los males y práctica del buen gobierno el fin de la política, y de las ideolog&…

Forum Libertas

En pleno franquismo, se reclamaba como solución a los males y práctica del buen gobierno el fin de la política, y de las ideologías, como si el franquismo no fuera fruto de una de ellas y practicante de políticas en consonancia. Ahora el presidente de Extremadura, gracias al apoyo de los votos de IU, reclama la misma actitud ante leyes como la del aborto. Curiosa perversión de las ideas las suya. Estar a favor de la vida, de los derechos del que ha de nacer, del respeto al cuerpo de la madre, y del proceso natural de infantar, es ideología; pero convertir la muerte del no nacido en una simple cuestión de preferencia subjetiva, dejar la vida del dependiente en función del deseo del cuidador, permitir que las chicas aborten con catorce años sin conocimiento de los padres, y practicar la eugenesia radical que elimina a los que son distintos, imperfectos, esto es neutralidad ideológica. Es una mentalidad política y socialmente peligrosa la que razona en estos términos, porque niega toda posibilidad de acierto y de verdad a la que no sea su propia visión. No la discute, simplemente la elimina.

Monago, político profesional, parece olvidar que la ley que se sacó de la manga Zapatero fue un invento suyo que no figuraba en el programa electoral, fruto de las presiones del negocio del aborto, ante lo sucedido con Morín y sus escándalos, que dicho sea de paso se extendió hasta su juicio en la audiencia de Barcelona porque los tentáculos de los señores del aborto llegan lejos. La ley que rompió el consenso político fue la de Zapatero, porque con la otra estaban de acuerdo todos, incluido el propio Aznar. Para unos era formalmente moderada, y para otros tenía una práctica que convertía a España en el paraíso del aborto… hasta que se consiguió de la mano de la querella de e-Cristianos que la justicia actuase. El discurso de Monago y su fin de las ideologías recuerda al franquismo, y su posición política lo muestra como un alineado con los inventos de Zapatero.

Pero, como si con toda esta carga de despropósitos no bastara, suelta su gran frase -o la de quien le escribió el discurso, tanto da-: "Nadie puede ser obligado a ser madre". Claro que no, porque esto sería una violación, algo que la ley ya contempla. Monago se refiere, pues, a otra cosa, al engendrado después de un acto sexual querido. Quien lo realiza conoce sus consecuencias y puede evitarlo antes. Si después por las razones que sea se produce el embarazo, este no es fruto de un acto externo e impuesto, sino la consecuencia del ejercicio de la libertad, y todo acto libre se basa axiomáticamente en la asunción de sus resultados, si no, no queremos una sociedad de irresponsables. Otra cosa es que no se ayude a quien lo necesite, pero el paso necesario es asumir las consecuencias.

Pero en todo esto hay una cuestión de fondo, que no es otra que por qué cada año más de cien mil mujeres españolas en edad fértil, es decir muchas, sienten la necesidad de abortar, porque ven en el hijo engendrado una carga tan terrible que piensan que la solución es su muerte, con la secuela de síndrome post traumático que la mayoría arrastrara después. ¿Por qué tanta gente reclama la muerte en lugar de medidas para hacer más fácil la vida como mujer y madre, y la del hijo engendrado?

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