El agente ZigZag, de Ben Macintyre

El escritor inglés y colaborador habitual de The Times Ben Macintyre se ha especializado en biografiar, con un estilo asequible al gran p&uacut…

El escritor inglés y colaborador habitual de The Times Ben Macintyre se ha especializado en biografiar, con un estilo asequible al gran público, personajes más o menos oscuros de la Historia. En esta ocasión, el elegido es Eddie Chapman, un delincuente compatriota suyo que se convirtió en doble agente durante la Segunda Guerra Mundial.

Tras un trabajo intenso de investigación histórico-periodística, el autor ha recabado todas las informaciones disponibles en los archivos desclasificados recientemente por los servicios de seguridad británicos. Además ha entrevistado a varias de las personas que conocieron directamente a Chapman o a algunos de sus colaboradores más cercanos.

Con una buena dosis de imaginación, todo sea dicho, el autor construye una biografía al estilo de una novela de espías poco convencional: acompaña la narración con innumerables citas de las fuentes utilizadas (archivos, entrevistas, prensa de la época, informes oficiales, actas, tesis doctorales recientes sobre el espionaje en la Segunda Guerra Mundial, etcetera), adelanta desde el principio todo el itinerario del espía por Europa y, lo más desalentador de todo para el que espere emociones fuertes, se revela desde el principio el bando al que acabará prestando sus servicios.

Así las cosas, la originalidad del autor y las sorpresas para el lector quedan reservadas para pequeños detalles irrelevantes en el curso de la historia como, especialmente, los cambiantes estados de ánimo de Chapman en función de sus relaciones con las muchas mujeres que fue acumulando en su historial de mujeriego empedernido, aun más inacabable que el de sus robos antes de la guerra.

La profundidad psicológica con que Macintyre retrata no sólo a Chapman sino a muchas otras de las personas que se entrecruzaron en la vida de este, parece prometedora al principio del libro cuando, por ejemplo, al hablar de la guerra dice Macintyre: “La guerra es demasiado sucia para producir héroes y villanos fáciles; siempre hay hombres y mujeres valientes en el lado equivocado, hombres y mujeres malvados entre los vencedores y, entre ellos, una masa de gente común y corriente que lucha por sobrevivir y comprender. Lejos de los campos de batalla, la guerra obliga a los individuos a realizar elecciones insostenibles en circunstancias que no crearon y que jamás hubieran imaginado. La mayoría de ellos se adaptan, algunos colaboran, y unos pocos descubren una brújula interior que nunca antes supieron que tenían y que les indica el camino correcto”.
De acuerdo, no es Tucídides, pero el lector desprevenido puede poner sus esperanzas en que esos presupuestos se vean reflejados en el tono general de la obra que tiene entre sus manos. La prometedora profundidad inicial, sin embargo, queda paulatinamente sustituida por una historia edulcorada y de color rosáceo donde no sólo los británicos nunca emplean la tortura y se limitan a mentir ‘un poco’ cuando no queda más remedio en tiempos de guerra, sino que el oficial de la Abwehr alemana encargado de controlar a Chapman es un antinazi patriota y culto que lee todos los días el Times.
Otro ejemplo de idealización poco creíble es el retrato de uno de los jefes del espionaje británico durante la guerra, John Cecil Masterman, quien consideraba la victoria aliada segura porque, en el bombardeo del Carlton Club, los aristócratas vecinos voluntarios ayudaban a salvar de las llamas la biblioteca y mientras pasaban los libros de mano en mano, se comentaban unos a otros los méritos de cada volumen.
Cierto es que, más allá del edulcoramiento, el lector encontrará motivos interesantes para la reflexión acerca de cómo en el mundo contemporáneo es imposible una fundamentación ética del Estado, en la medida en que requiere de servicios de seguridad, espionaje, etcétera.
También resultará interesante a quienes gusten de conocer los entresijos del espionaje en la Segunda Guerra Mundial y los avatares militares más directamente ligados a la evolución de los sistemas de detección de transmisiones enemigas así como el uso de la prensa como arma no sólo de propaganda ideológica sino de desinformación al enemigo.
Ahí de nuevo aflora el sospechoso papel de adalid de la independencia desempeñado por el Times, para el cual trabaja Macintyre, frente a otras cabeceras que se prestaban a publicar noticias falsas a sabiendas por petición de altos cargos del MI5.
En definitiva, una lectura entretenida, edulcorada, aunque no para todos los públicos (no es muy edificante el cinismo con el que Chapman salta de enamoramiento en enamoramiento intercalados con frecuentes visitas prostibularias; es de agradecer, en cualquier caso, que el autor no entre en detalles ni descripciones escabrosas) con la que podemos pasar un buen rato siguiendo las aventuras y desventuras del espía más peculiar de aquella guerra.
EL AGENTE ZIGZAG. LA VERDADERA HISTORIA DE EDDIE CHAPMAN, EL ESPÍA MÁS ASOMBROSO DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
Ben Macintyre
Editorial Crítica
Barcelona, 2008
407 páginas
Hazte socio

También te puede gustar

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>