El ambientalismo como religión

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La dimisión de Rajendra Pachauri como presidente del IPCC (siglas inglesas del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático), cargo que ostentaba desde 2002 y en representación del cual recibió el premio Nobel de la Paz en 2007, ha resultado más significativa de lo que inicialmente parecía.

El desencadenante de su dimisión han sido las acusaciones de abuso sexual por parte de una joven colaboradora, aunque las críticas a sus posiciones científicas, con un marcado sesgo político hacia el activismo medioambiental que a menudo le hacía incurrir en flagrantes faltas de rigor, parece ser que también han pesado.

Pero lo que me parece significativo, pues demuestra que estamos ante un personaje muy poco científico y, por el contrario, muy empeñado en un combate ideológico, ha sido la nota de prensa en la que el propio Pachauri notificaba su dimisión. Allí se podía leer el siguiente pasaje:

Para mí la protección del Planeta Tierra, la supervivencia de todas las especies y la sostenibilidad de nuestro ecosistema es más que una misión. Es mi religión y mi dharma”.

El que durante años ha asumido la representación de la voz de la comunidad científica en materia climática no habla de ciencia, sino de religión. El ambientalismo se ha convertido, para Pachauri y para muchos otros como él, en una religión, supongo que una especie de panteísmo, donde desaparece toda referencia al método científico y al rigor.

Es bueno saberlo para la próxima vez que nos intenten engatusar con datos y extrapolaciones como mínimo discutibles.

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