El Babel democrático

“Cuidamos lo natural porque lo llevamos dentro”. Éste es el eslogan publicitario de una de nuestras empresas líderes en bebidas y productos de alimentación. ¿Y nosotros? ¿Estamos haciendo lo mismo con nuestras instituciones civiles y políticas?, ¿cuidamos de mantener en nuestro ordenamiento democrático los principios fundamentales de la ley moral natural? Me temo mucho que no. Y con ello, apartamos el ejercicio de la política del bien y de la verdad y reducimos la democracia a un contenido puramente formal, en la que, como decía el filósofo Gustave Thibon, “teóricamente y bajo la apariencia de la papeleta de voto, se confiere al pueblo todos los poderes y se le arrebata sus derechos más legítimos mediante un conjunto de leyes, de reglamentos o de intervenciones abusivas del Estado”.

La sociedad actual, en su gran mayoría, ha optado por un positivismo voluntarista a expensas de un iusnaturalismo, en el cual la verdad no es producto de la política, sino que la precede y da sentido; ha optado, en definitiva, por el relativismo, por la hipertrofia del “yo” a costa del bien común, renunciando con ello a la verdadera y auténtica democracia que impide cualquier acción en contra de la esencia del ser humano. “La ley natural, afirmaba el Papa Benedicto XVI, es el fundamento de la convivencia democrática, del respeto de ésta depende el avance de los individuos y de la sociedad en el camino del auténtico progreso”. La autoridad siempre procede de Dios, aunque resida en el pueblo, base jurídica que fundamenta la democracia participativa de los ciudadanos.

Asistimos, en nuestros días, a la construcción de un babel democrático, en el que los materiales de cimentación de esta forma de organización social carecen de lo más sublime y esencial del alma. Crecen las torres de nuestras instituciones sin estar animadas por el amor y el respeto a los demás, con la arrogancia de querer llegar al cielo sin Dios, construidas únicamente con los mimbres endebles de las ideologías que anuncian el sofisma de una sociedad perfecta en la Tierra. Un paraíso, a fin de cuentas, construido con las lágrimas de muchos infiernos, de muchos llagados y muertos; una gran apocalipsis laica carnavalesca que se hace pasar por democracia.

En los parlamentos de estas democracias enfermas, los nuevos partos, medos, elamitas, habitantes de Mesopotamia, Judea y Capadocia, Ponto y Asia, Frigia y Panfilia y Egipto gritan en sus propias lenguas partidistas; pero a diferencia de lo ocurrido en Pentecostés, no son capaces de entenderse ni un solo momento. Todos desean construir su particular torre que alcance el cielo; pero, con los ojos del alma totalmente ciegos, se arrastran irremisiblemente a la confusión, la desunión y el desencuentro. Así, constatamos, con tristeza y compasión, como los “representantes del pueblo” dejan de construir la Ciudad –esa «Ciudad de los hombres» defendida por Rafael Gambra, que mantenía al hombre unido a su origen y orientado hacia su fin-, enzarzándose en un carrusel de continuas polémicas y resentimientos.

Presenciamos impasibles un permanente debate político rehén de la inhumanidad de las ideologías y, por lo tanto, falsificado e inicuo; pues, si bien, la esencia de la democracia se sustenta en una paradoja “we agree to disagree”, no es menos cierto que: “La ley natural es el principio y fuente de la civil; quien ignore la naturaleza, ignorará la política” (Montesquieu).

“Cada iniciativa civil o pública, señalaba el P. Rainero Cantalamesa, se encuentra ante una elección: puede ser Babel o Pentecostés: es Babel si está dictada por egoísmo y voluntad de atropello; es Pentecostés si está dictada por amor y respeto a la libertad de los demás”. Bajo la apariencia del voto, estamos siendo, a la vez, testigos y víctimas de nuestro autismo político. Pidamos al Señor por un nuevo pentecostés democrático que nos permita cuidar de verdad lo que llevamos dentro. Cuidemos la ley natural, esa norma escrita por el Creador en el corazón del hombre. Sin ella es imposible la auténtica democracia.

Hazte socio

También te puede gustar

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>