El cardenal Manning’, por James Pereiro

Estamos ante un rigurosísimo estudio que aborda la biografía intelectual del Cardenal Henry Edward Manning. Como tantas otras figuras de la iglesia an…

Estamos ante un rigurosísimo estudio que aborda la biografía intelectual del Cardenal Henry Edward Manning. Como tantas otras figuras de la iglesia anglicana del siglo XIX se incorporó a la Iglesia católica proveniente del anglicanismo.

El suyo, al igual que el de Henry Newman, no fue un paso fácil sino que vino precedido por una larga travesía espiritual e intelectual. Sin embargo, a pesar de la influencia que ejerció en su época y de los importantes debates teológicos y sociales en los que participó, la personalidad de Manning no es tan conocida por el público extranjero.

Pereiro ofrece en este trabajo un documentado estudio que sigue, principalmente, la trayectoria intelectual del biografiado. Resulta interesante tanto por cómo se aborda el pensamiento del autor cómo por el contexto que nos deja entrever.

También hoy continúa el trasvase de anglicanos hacia el catolicismo, como hemos visto en la figura de Tony Blair y en muchos eclesiásticos y creyentes que por su perfil más anónimo no ocupan portadas en los periódicos ni tienen cabida en las noticias.

Aun cuando para nosotros resulte difícil de concebir, los anglicanos, también Manning en sus orígenes, tienen conciencia de pertenecer a una verdadera iglesia.

Para ellos hay tres ramas que constituyen la gran iglesia (católicos, griegos y anglicanos). El episodio de Enrique VIII y su divorcio no es más que un episodio aislado y anecdótico. Se sienten herederos y en comunión con la Iglesia de los primeros seis siglos, que ha sido traicionada principalmente por Roma y sus pretensiones de infalibilidad y unicidad. ¿Cómo pues llega Manning a dejar el anglicanismo para entrar en comunión con Roma?

Pereiro parte de un hecho, que muestra la honestidad del biografiado. Siendo este ministro anglicano se plantea cómo está seguro de estar enseñando la verdad a sus feligreses. De dónde le venía la autoridad y la certeza. Es el problema de la Regla de fe.

Por aquella época actuaba el Movimiento de Oxford, que sirvió a muchos como catapulta hacia Roma, pero Manning siguió un camino particular, a pesar de conocer los trabajos de los tractarianos.

En su camino, prolijamente expuesto en este volumen, va tomando conciencia de que no es suficiente con conocer lo que se ha afirmado en los primeros concilios, sino que es necesario que el Espíritu Santo siga asistiendo a la Iglesia en su actividad docente porque si no incluso los dogmas definidos por la Iglesia primitiva quedarían sometidos al juicio racionalista del hombre o, lo que es lo mismo y sucedía en Inglaterra, a los dictámenes de tribunales civiles.

Ese punto era de capital importancia, porque la Iglesia necesita ser infalible pues, en caso contrario, quedaría siempre sujeta al juicio privado y la posibilidad de conocer la verdad se desvanecería. Pero las condiciones de infalibilidad sólo se daban en la Iglesia católica romana.

El anglicanismo había seguido un camino en el que había renunciado a la pretensión de verdad, salvo en su condena de Roma, además de a un enfriamiento de la devoción y la piedad.

Para Manning el mismo Espíritu Santo que bajó sobre los apóstoles en Pentecostés tiene que seguir actuando en la Iglesia y llevando a la comprensión de la verdad. Si por un momento pensó que aquello podía recuperarse en el anglicanismo, acabó cayendo en la cuenta de que sólo era posible en la Iglesia católica.

Como señaló en uno de sus libros, en el anglicanismo “se han suprimido artículos de fe para hacer sitio a la gente; incluso se ha llegado a decir que el cristianismo no es esencial para una iglesia nacional, sino sólo un feliz accidente, un premio providencial”.

Manning no es el gran teólogo de aquella época, pero sí una figura importante que merece ser rescatada del olvido. Por otra parte este estudio, de alto contenido teológico, nos permite acercarnos al personaje pero también entender cómo el rigor intelectual y la rectitud de intención en los creyentes sinceros conduce muchas veces a la verdadera Iglesia.

Si el estudio que presentamos es notable, aún lo es más el fenómeno.

EL CARDENAL MANNING
James Pereiro
Cristiandad
Madrid 2007
405 páginas

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