El “caso Leganés” aviva el debate sobre la sedación y la eutanasia

El caso de las sedaciones practicadas en el Hospital Severo Ochoa de Leganés (Madrid), con una gran repercusión en los medios de comunicación, ha serv…

El caso de las sedaciones practicadas en el Hospital Severo Ochoa de Leganés (Madrid), con una gran repercusión en los medios de comunicación, ha servido también para avivar entre la opinión pública el debate en torno a la eutanasia. Al margen del grado de responsabilidades y culpabilidad, o no, que se puedan derivar de unas sedaciones que en muchos casos no son justificables, cabe señalar que existe una gran confusión en torno a los conceptos que definen lo que debe ser una muerte digna. En cualquier caso, los cuidados paliativos se revelan como la única alternativa válida a cualquier tipo de sedación o práctica de la eutanasia.

 

“El caso Leganés”

 

Lo que ya se empieza a definir popularmente como “el caso Leganés”, convertido en noticia ininterrumpida en los principales medios de comunicación desde primeros de abril, tiene que ver con la aplicación de un gran número de sedaciones en el servicio de Urgencias del Hospital de Leganés. Alrededor del 90 por ciento de estas sedaciones, en muchas ocasiones desproporcionadas, condujeron a la muerte en menos de 24 horas, un dato estadístico que ha generado una gran inquietud entre determinados colectivos, sobre todo en aquellos que podrían estar cercamos a una situación similar.

 

Hay sobradas dudas sobre si los protocolos que se siguieron en los ingresos de las personas fallecidas fueron los correctos o no. Más evidente parece el hecho de que, en diferentes ocasiones, se aplicaron sedaciones a cualquier paciente con menos de 6 meses de esperanza de vida en dosis que duplicaban el máximo fijado por la propia UCI. Otro dato que levanta suspicacias es que, de hecho, la mortalidad del servicio de Urgencias de Leganés triplicaba a la de otros hospitales similares.

 

Los interrogantes

 

Lo sucedido en el Hospital Severo Ochoa de Leganés, que ha derivado en una auténtica polémica que alcanza al mundo de la jurisprudencia, de la política, de la ética médica y a la sociedad en su conjunto, plantea numerosos interrogantes: ¿Es el servicio de Urgencias el lugar más indicado para practicar sedaciones terminales? ¿Estaban indicadas las sedaciones terminales que se practicaron en todos los pacientes? ¿Fueron correctas las dosis administradas? ¿Existió consentimiento informado en los casos en que se practicó sedación? ¿Existía, de modo operativo, un comité de ética que recomendó esas sedaciones en las dosis administradas? ¿Por qué no existen unidades de cuidados paliativos en la mayoría de centros hospitalarios del país? ¿Se sabrá algún día la verdad de lo ocurrido?

 

Todos estos interrogantes deberían quedar despejados lo antes posible para tranquilizar a la opinión pública, aunque hay algunas cuestiones que son básicas. Parece evidente que los servicios de urgencias de los hospitales no son el lugar más indicado para este tipo de tratamientos, así como que todos los hospitales deberían tomar estas decisiones, las de las sedaciones terminales, con el consentimiento de un comité de ética que las recomiende. Este comité de ética, a su vez, debería estar compuesto por médicos cualificados, no tan sólo del hospital que practica las sedaciones, sino de otros, así como por los propios pacientes o familiares y asociaciones. También parece razonable que, cuando se detecta que en los servicios de urgencias mueren más personas de lo que es normal, se abra inmediatamente una investigación.

 

Una guía para entender la muerte digna

 

Todos los interrogantes que se plantean en este caso, así como los que generan los términos relativos al proceso que lleva a una muerte digna, deben ser comprendidos por todos los ciudadanos. Reproducimos a continuación una breve guía para poder entender mejor los conceptos que definen esos términos, tomada en parte de muertedigna.org:

 

– Muerte digna: Es el fallecimiento al que se llega con todos los alivios médicos adecuados y los consuelos humanos posibles. También se denomina ortotanasia. En ocasiones es identificada con la muerte “a petición”, provocada por el médico, cuando la vida ya no puede ofrecer un mínimo de confort que sería imprescindible y que se corresponde con la eutanasia.

 

– Ortotanasia: Es la muerte en buenas condiciones, con las molestias aliviadas.

 

– Cuidados paliativos: Según la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL), los cuidados paliativos son “un tipo especial de cuidados diseñados para proporcionar bienestar o confort y soporte a los pacientes y sus familias en las fases finales de una enfermedad terminal. Los cuidados paliativos procuran conseguir que los pacientes dispongan de los días que les resten conscientes y libres de dolor, con los síntomas bajo control, de tal modo que los últimos días puedan discurrir con dignidad, en su casa o en un lugar lo más parecido posible, rodeados de la gente que les quiere”.

 

– Eutanasia: Es la acción u omisión por parte del médico con intención de provocar la muerte del paciente por compasión.

 

– Eutanasia activa: Es la eutanasia que mediante una acción positiva provoca la muerte del paciente (ejemplo).

 

– Eutanasia pasiva: Es la eutanasia por dejar morir intencionadamente al paciente por omisión de cuidados o tratamientos que son necesarios y razonables (ejemplo). Esta expresión —eutanasia pasiva— se utiliza en ocasiones indebidamente para referirse, en una buena práctica médica, a la omisión de tratamientos desproporcionados que son contraproducentes, indeseables o muy costosos. No se debe hablar de ningún tipo de eutanasia en esos casos, puesto que fomenta la ambigüedad y contribuye a difuminar los límites entre el correcto ejercicio de la medicina y la eutanasia. Es lo que intentan los partidarios de esta práctica. Conviene, sin embargo, mantener la expresión y el concepto específicos de eutanasia pasiva, pues, en ocasiones, se acaba así con la vida del paciente, por indicación médica: negándole cuidados que son necesarios y razonables.

 

– Eutanasia voluntaria: La que se lleva a cabo con consentimiento del paciente (ejemplo).

 

– Eutanasia involuntaria: Practicada sin el consentimiento del paciente (ejemplo).

 

– Eutanasia directa: Es lo que entendemos comúnmente por eutanasia; es decir, la muerte intencionada del enfermo a cargo del médico, por compasión. Puede ser activa o pasiva.

 

– Eutanasia indirecta: En realidad no existe la eutanasia indirecta, pues no hay eutanasia sin intención de provocar la muerte. Sería para algunos —que confunden a otros con esta expresión— la muerte no buscada del paciente en el curso de un correcto tratamiento paliativo, por ejemplo contra el dolor.

 

– Encarnizamiento terapéutico (también obstinación o ensañamiento terapéuticos): Es la aplicación de tratamientos inútiles; o, si son útiles, desproporcionadamente molestos o caros para el resultado que se espera de ellos.

 

– Distanasia: Es la muerte en malas condiciones, con dolor, molestias, sufrimiento… Sería la muerte con un mal tratamiento del dolor, o la asociada al encarnizamiento terapéutico.

 

– Sedación terminal: Es la correcta práctica médica de inducir el sueño del paciente, para que no sienta dolor, en los ya muy raros casos de dolores rebeldes a todo tratamiento. Una sedación suave acompañando a los analgésicos, que los potencia manteniendo la conciencia del paciente es muy recomendable.

 

– Enfermo desahuciado: El que padece una enfermedad para la que no existe un tratamiento curativo y que es mortal, aunque no necesariamente a corto plazo.

 

– Enfermo terminal: el que padece una enfermedad irrecuperable, previsiblemente mortal a corto plazo: en torno a dos semanas o un mes, a lo sumo.

 

Confusionismo en los medios

 

Ante toda esta terminología y la confusión que genera en la opinión pública, los sectores pro eutanasia en los medios de comunicación están jugando al confusionismo. Se quiere hacer creer a los ciudadanos que hoy es frecuente morir con dolor y que la solución a ese dolor es la eutanasia, cuando en realidad significa matar al enfermo, una práctica antimédica, lo que justificaría en cierta manera el caso que nos ocupa. El deber de un médico es tratar el dolor, no matar al enfermo. Para ello, hay fármacos, técnicas y cuidados que permiten ese proceso. La ética médica ya lo dice en 3 sencillos pasos a seguir: cuando se pueda curar, curar. Si no se puede curar, tratar el dolor. Y, en cualquier caso, no dañar.

 

Actualmente, la gama de fármacos para tratar el dolor es muy variada y potente. Cuando un enfermo está en situación terminal, a corto plazo, a pocos días para morir, y no hay forma de curarlo y sufre grandes dolores, las dosis adecuadas de esos medicamentos pueden tratar el dolor o sedar al enfermo hasta dormirle.

 

La solución, los cuidados paliativos

 

El problema es que tanto estos fármacos contra el dolor como la sedación pueden acortar, en dosis elevadas, los días de vida. El mejor criterio es el de la proporcionalidad en las dosis suministradas. En cualquier caso, la mejor solución para un enfermo terminal siempre son los cuidados paliativos, un servicio del que actualmente disponen pocos hospitales en España.

 

Tal como dice Manuel Sureda en el artículo que hoy publicamos en “La Firma”, “la sedación terminal aplicada cuando su fin sea mitigar el sufrimiento y no busque la provocación intencionada de la muerte, y no haya tratamientos alternativos que consigan los mismos efectos principales sin acortamiento de la vida ni retirada involuntaria de la conciencia, es éticamente aceptable”.

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