El caso Millet y la fiscal jefe de Cataluña

Muchos periódicos han calificado de insólita la rueda de prensa que la fiscal jefa de Cataluña, Teresa Compte, acompañada …

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Muchos periódicos han calificado de insólita la rueda de prensa que la fiscal jefa de Cataluña, Teresa Compte, acompañada de los fiscales Emilio Sánchez y Francisco Bañeras, han llevado a cabo para criticar de una forma absoluta la decisión del juez que tiene a su cargo el procedimiento del caso de Félix Millet, en razón de que aquelno ha dictadoprisión provisional para los acusados. No se trata aquí de entrar en los contenidos ni de lo que establece el juez, ni de lo que aduce la fiscalía para criticarlo. Unos y ambos pueden exhibir razones de peso, y que la fiscalía recurra no solamente entra dentro de un procedimiento normal sino que además, en este caso concreto, puede resultar incluso higiénico desde el punto de vista social, porque mucha gente no entiende que no se le haya aplicado la prisión preventiva, entre otras razones porque existe la idea generalizada y errónea de que ésta es un especie de castigo anticipado.

Lo que sí sorprende y es censurable es que la fiscal jefe utilice el mecanismo de la rueda de prensa para formular sus críticas. Si algo tiene la justicia es unas formas muy depuradas. Los fiscales del caso tienen los canales lógicos para recurrir y los mecanismos de los que se presume considerarán o no su recurso en términos objetivos y ponderados. Al introducir de una manera tan descarada a la opinión pública, doña Teresa Compte hace lo que practican muchos políticos y que ha sido censurado por el Consejo del Poder Judicial: utilizar la opinión pública para presionar a los jueces. ¿Tan poca confianza le inspira la justicia de la que ella forma parte como para utilizar un medio insólito? ¿No debería ser el alejamiento de los focos de la notoriedad la conducta exigible a jueces y fiscales?

Mucho nos tememos que doña Teresa Compte sea de la misma escuela que sus predecesores, los ex fiscales Mena y Villarejo, tan partidarios de utilizar la justicia como un instrumento de “la revolución pendiente”. Ahora mismo, Villarejo desde su retiro no ha podido menos que escribir un artículo afirmando que los jueces se arrugan ante los poderosos cosa que no sucede con los fiscales. Es una extraña forma de contribuir a la confianza de los españoles en la justicia.

Mena, por su parte, escribió meses atrás un artículo en el que defendía que en España podía existir práctica libertad para abortar porque ésta era la interpretación implícita que se hacía de los supuestos despenalizados, en concreto del de la salud psíquica de la madre. Creemos recordar que incluso hablaba de un ‘guiño’ de la justicia, aunque visto lo visto mejor sería hablar de ceguera absoluta, porque tal y como afirma el Consejo de Estado en su reciente dictamen en España se ha llegado a una situación de absoluta libertad para abortar y de paraíso del turismo del aborto, y terminar con esta situación es una de las razones que el Consejo de Estado argumenta para justificar la necesidad de la ley (que la razón sea peregrina no obsta para que su calificación sobre el estado del aborto en España tenga valor).

Volviendo a la actitud de Teresa Compte, hay que censurar su procedimiento porque si éste se generaliza -y los demás jueces y fiscales tienen, que se sepa, los mismos derechos que ella-algo tan delicado, el impartir justicia, se convertirá en un inmenso guirigay donde criterios técnicos se mezclarán con oportunismos carreristas envueltos en la batalla mediática. De una vez por todas hay que exigir que jueces y fiscales se dediquen estrictamente a su tarea, que la hagan con más eficacia y discreción que la que muestra la señora Teresa Compte, que reintegren las formas más exquisitas a algo tan delicado como la tarea que hacen. La frustración por una decisión del juez que no comparten nunca es buena consejera. Y en este caso incorpora serias dudas sobre si su actuación no debe ser objetivo de aviso por parte de sus superiores en la carrera fiscal. En este sentido, el Fiscal General haría bien en cortar por lo sano estas tentaciones de convertir el ejercicio fiscal en un acto populista.

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