El caso Urdangarin: justicia, democracia, demagogia.

Sígueme en Twitter: @jmiroardevol El caso Urdangarin viene llenando páginas y tiempo de los medios de comunicación. En todos lo…

Forum Libertas

Sígueme en Twitter: @jmiroardevol


El caso Urdangarin viene llenando páginas y tiempo de los medios de comunicación. En todos los casos el flujo de palabras que nos llega está marcado por dos características: la primera, la de las filtraciones sesgadas del sumario. La segunda, los artículos y sobre todo debates televisivos en su variante de televisión basura especialmente. En el primer caso, creo que infringe claramente el derecho a la intimidad publicando el contenido de comunicaciones privadas intervenidas por la Policía. En el segundo, atentan claramente contra el derecho al honor porque, y ese es el problema de fondo, se da por condenado a Urdangarin antes de juzgarlo, y esto no es ejercer la justicia, sino todo lo contrario.

Cuando se establece como uno de los principios fundamentales el derecho a la presunción de inocencia no es en balde, es precisamente para evitar que los a prioris determinen lo juzgado antes de que se produzca. Hay que convenir que en el caso de Urdangarin existen una serie de factores que facilitan este maltratamiento del caso. El ser familia del Rey permite que una vena del republicanismo, no precisamente cívico, esté dispuesta a hacer leña de lo que sea. También hay que reconocer que es un personaje ideal para convertirse en chivo expiatorio en tiempo de crisis, paro, desigualdad e injusticia creciente. Se trata de una persona encumbrada por su matrimonio, vinculada a las altas esferas del Estado, que parece ganar dinero a espuertas, construirse un palacete y llevar una vida fantástica a base de unos procedimientos que pueden estar al margen de la ley. Y aquí el condicional es determinante, porque esto es precisamente lo que se trata de juzgar.

No siempre que interviene la Policía ni la Fiscalía significa que aquella persona sea culpable, la Policía y la Fiscalía tienden a pecar por exceso, y ésta es en el fondo su función, como la del Juez es intentar reequilibrar el estado de cosas. En una sociedad formada por humanos, más que en la bondad de cada una de las funciones, es en el juego de equilibrios donde podemos encontrar un buen funcionamiento, y eso es lo que falta en el caso Urdangarin. La responsabilidad fundamental ahí es en los medios de comunicación y su sensacionalismo, que algunos interesados, por razones que nada tienen que ver con el caso, intenten sacar el máximo partido del mismo tiene una lógica, la suya, pero lo que carece totalmente de ella es que los medios de comunicación que teóricamente son otro elemento de este balance de equilibrios, jueguen precisamente a todo lo contrario. De hecho, uno de los problemas de fondo de nuestra democracia es precisamente este, que los medios de comunicación se han convertido en parte del problema y no de la solución.

El caso Urdangarin se asemeja muchísimo al circo romano, donde quien decidía sobre la vida y la muerte de los gladiadores era el emperador, pero el pueblo alzando o invirtiendo su pulgar podía presionar en uno u otro sentido y ahora la presión es extraordinaria e injusta. De hecho, Urdangarin está condenado. Porque, si existen elementos que verifiquen que ha cometido un delito, no habrá nada más que confirmar lo que se dice, pero si es absuelto se alzará como siempre una voz que dirá “es porque era el yerno del Rey”. En todo caso, el daño está hecho y es muy importante. Como siempre en estos casos, lo que se olvida es el factor humano, el respeto a toda persona sea pobre o rica. Se maltrata a los pobres por serlo en muchas ocasiones, pero a veces también las personas bien situadas en la sociedad, por esta causa, reciben un trato peor. En los dos casos hay injusticia. Claro que se puede reclamar por la ejemplaridad en la actuación y se puede decir que, moralmente, la forma de funcionar que tenía la actividad de Urdangarin no era correcta. Bien, pero hay que subrayar que una cosa es la moral y otra la justicia, porque así lo quiere la razón instrumental y el Estado liberal, no porque lo diga yo. También sería inmoral -que no es el caso- si fuera infiel a su esposa, pero no por ello sería objeto de juicio. Pues en este caso lo mismo, el juicio ha de determinar, de acuerdo con el código, es decir con una cuestión absolutamente procedimental, si Urdangarin lo violó o no lo violó. Después de esto y corrigiendo todos los datos, y no solamente las informaciones parciales aparecidas hasta ahora, se podrá realizar también el juicio moral, que podrá ser igual o distinto al de la justicia, pero no se pueden confundir ninguno de los dos.

El caso Urdangarin manifiesta un paso más en la degradación de esta democracia procedimental y de la razón instrumental que nos gobierna. Si por una parte la democracia ha derivado en partitocracia y en el gobierno de unos pocos (oligarquía), a veces, y ésta es una de las ocasiones, esta oligarquía se compensa con otra degradación de la democracia tanto o más peligrosa, la demagogia que ya anunció Aristóteles. En el fondo, nada nuevo bajo el sol, la cuestión es que los seres humanos no parece que aprendamos de nuestros errores.

Josep Miró i Ardèvol, presidente de E-Cristians y miembro del Consejo Pontificio para los Laicos

Hazte socio

También te puede gustar