El catolicismo, antídoto de la violencia contra la mujer

El pasado 5 de marzo informábamos sobre una macroencuesta realizada en la Unión Europea que daba a conocer datos sorprendentes acerca de…

El pasado 5 de marzo informábamos sobre una macroencuesta realizada en la Unión Europea que daba a conocer datos sorprendentes acerca de la violencia ejercida contra las mujeres, y que venía a demostrar que las españolas son las europeas que menos agresiones sufren.

Las conclusiones del sondeo, el mayor realizado hasta la fecha en todo el mundo (42.000 mujeres de entre 18 y 74 años), mostraban que, de media, el 33% de las mujeres europeas han sido víctimas alguna vez de agresiones físicas y/o sexuales, mientras que en España ese porcentaje descendía hasta el 22%.

Además, los autores del estudio constataban una mayor incidencia de este tipo de agresiones en los países del norte de Europa, en relación a los países mediterráneos.

Ahora, con los resultados de esa misma encuesta en la mano, combinados con el grado de confesionalidad de los países miembros, se puede afirmar también que las tesis de la ideología de género están en las antípodas de la realidad de la violencia machista en Europa.

Cabe recordar que los defensores de esta ideología y de la ley contra la mal llamada "violencia de género", que criminaliza en exceso al hombre, basan sus argumentos en que la violencia contra la mujer y los feminicidios son consecuencia de la oposición del “macho dominante” a la voluntad de independizarse de la mujer propio de la sociedad moderna.

Añaden que este perfil de hombre, educado por la familia y la religión judeocristiana en el patriarcado, niega la autonomía de su pareja y a partir de un determinado límite resuelve los conflictos agrediéndola o incluso matándola.

Sin embargo, las estadísticas, incluidas las conclusiones de la macroencuesta en Europa, apuntan más bien a que las agresiones se producen en mayor medida precisamente en aquellos países donde hay una mayor igualdad.

Los católicos, los menos violentos

Al mismo tiempo, el cruce de los datos de esa macroencuesta con los que muestran el grado de confesionalidad de los diferentes países analizados pone de relieve la estrecha correlación entre la confesionalidad de un país y una menor agresividad hacia la mujer.

Como se puede observar en la tabla adjunta, reproducida a partir de los datos de la macroencuesta, cuanto más ligado está un país a una cultura católica o a una cultura ortodoxa mejor se crea un clima social para evitar la violencia machista.

De hecho, los trece países que figuran en la parte baja de la tabla (color amarillo), todos ellos por debajo del 30% de mujeres que han reconocido haber padecido violencia física o sexual, son los que muestran al mismo tiempo un mayor grado de confesionalidad, en comparación con el resto.

Dentro de este grupo, solo la pequeña Eslovenia (22% de violencia) y la ortodoxa Bulgaria (28%) tienen un grado de confesionalidad por debajo del resto (32% y 36% respectivamente).

Asimismo, Hungría (28% de violencia), con mayoría católica, y Austria (20%), donde esta religión es mayoritaria, aunque por encima de los anteriores, muestran un grado de confesionalidad algo más bajo (45% y 44%, respectivamente) que el resto de países, todos ellos católicos salvo Grecia y Chipre (ortodoxos).

Otro apunte a destacar hace referencia a Rumania, un estado sin religión, aunque con un grado de confesionalidad del 92% (ortodoxa), que muestra el porcentaje de agresividad más bajo de la parte alta de la tabla (color salmón), con un 30% de mujeres que dicen en la encuesta haber sido víctimas de violencia.

A mayor igualdad, más violencia

La paradoja se produce precisamente en algunos de los países que presumen de la excelencia en igualdad social, que al mismo tiempo muestran en la encuesta un mayor porcentaje de mujeres que dicen haber padecido violencia física y/o sexual a lo largo de su vida.

Dinamarca, con un 53% de violencia y un 28% de confesionalidad, encabeza el ranking; y le siguen Finlandia (47% y 33%, respectivamente; Suecia (46% y 18%); Holanda (45% y 28%); Reino Unido (44% y 37%) y Francia (44% y 37%), todos ellos adalides de la igualdad social en Europa y alejados de los tópicos del hombre machista.

Como decíamos al inicio de esta información, estos datos están en las antípodas de lo que predica la ideología de género, y pone en evidencia que la violencia contra las mujeres no se corrige por medio del discurso de la igualdad, sino por el discurso del respeto humano.

Que los países que tienen unos niveles más altos de igualdad tengan a su vez los niveles más altos de violencia es algo que llama a la reflexión, sin que esta observación vaya en absoluto en contra de la igualdad. Lo que parece evidente es que la igualdad obedece a otra lógica distinta que la que plantea la perspectiva de género, y que ese indicador de igualdad no está relacionado directamente en clave positiva con la violencia machista.

De hecho, la igualdad lo que hace es fomentar la competencia y ver a la mujer como una competidora, y esto no ayuda en una sociedad competitiva a disminuir la agresividad. Lo que ayuda a disminuirla es el respeto hacia el otro. Se hace por tanto una traslación falseada de que la desigualdad social comporta violencia contra la mujer.

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