El caza estadounidense F-35: una sangría económica

El F-22 Raptor, el caza más avanzado de los Estados Unidos, requiere la friolera cantidad de 59.166 euros por hora de vuelo; su rival ruso, el Sukhoi T-50, es casi cinco veces más barato. ¿Se repite la historia de la Segunda Guerra Mundial?

 

El F-22 Raptor y el F-35 son el programa militar estadounidense más caro de la historia. El programa del F-22 alcanzó los 66.700 millones de euros para después destinar más de un billón de euros en el F-35. A pesar de el gran avance tecnológico los problemas no paran de surgir evitando la plena operatividad del avión. Pero a todo esto se le tiene que sumar el alto coste de vuelo por hora (59.166 euros en el caso del F-22) y el de adquisición (356 millones por cada F-22 Raptor). Por otro lado, las fuerzas aéreas europeas y la rusa continúan modernizando sus flotas actuales y producen nuevos modelos sin acarrear tales costes colosales.

F-35

Fotografía tomada de un F-35 con la pintura de exhibición corporativa del fabricante

En los conflictos bélicos se suele resaltar el marco estratégico y táctico de cada bando, las tecnologías aplicadas o el espionaje industrial para sacarle ventaja al enemigo, pero se obvia uno de los grandes pilares: la economía. Detrás de cada bombardero o carro de combate hay dotaciones de mecánicos e ingenieros junto a grandes industrias para el abastecimiento de piezas y de supervisión técnica (sobre todo con el fin de lanzar nuevas versiones mejoradas). Pero por encima de todo el aspecto logístico y técnico se encuentra el esfuerzo económico del estado, y consecuentemente de sus ciudadanos.

F-35

Cazacarros soviético SU-152 usado contra los Tiger alemanes. A pesar de su blindaje ligero (sobretodo el trasero) y la escasa munición que albergaba, los cazacarros eran letales contra los carros de combate enemigos por el gran cañón que llevaban.

Durante la Guerra Civil Española tanto el Ejército Soviético y Alemán probaron en condiciones reales sus respectivos carros de combate. A pesar de que el T-26 ruso mostró una mayor superioridad que su rival, el Panzer I, rápidamente los alemanes realizaron ingeniería inversa para adquirir los avances tecnológicos del rival mediante el traslado de unidades rusas capturadas por el bando de los sublevado a Alemania.

Una vez que se inició la Operación Barbarroja , los rusos se vieron altamente superados en cuanto a la guerra blindada. Fue entonces cuando el estado mayor soviético decidió aprovechar el chasis de los tanques desfasados para producir en masa grandes cantidades de cazacarros. Provistos de poco blindaje y de munición, los cazacarros se lanzaban en grandes grupos contra los Panzer usando caños de gran calibre para romper la línea enemiga. De esta forma los carros de combate alemanes, que en global presentaban más ventajas que sobre los rusos, perdieron gran potencial con el uso del cazacarros.

Usando este ejemplo como analogía, se puede asimilar con el contexto de la guerra aérea de la actualidad.

F-35: un futuro fracasado

El caza de última generación estadounidense ya tuvo severos problemas antes del primer vuelo. Las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos deseaban tener un nuevo avión de combate, pero un futurible escenario de combate aéreo que requiriese un avión mucho más avanzado no era muy posible: Rusia a duras penas podía mantener su propio ejército y el resto de potencias no llevaban a cabo ningún proyecto avanzado para la producción de un caza furtivo.

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En la actualidad ya no se busca la creación de grandes interceptores al no existir la posibilidad de ataques sufridos por bombarderos enemigos. El MiG-31 ruso es uno de los últimos dentro de esta categoría en volar. Capaz de volar a más de 3.000 km/h y con un radio de acción de 720 km, puede cubrir grandes zonas del extenso territorio ruso no protegido por sistemas antiaéreos

Es en este contexto cuando desde el 2001 se empezó a fabricar el súper caza cambiando sobre la marcha aspectos relacionados con el diseño y la tecnología. Pero el error garrafal no reside ahí: Después de medio siglo de una gran experiencia en la guerra aérea, Estados Unidos se embarcaría en la producción más costosa de la historia sin haber realizado el primer vuelo de prueba. Años más tarde, en el 2012, el máximo responsable de la adquisición de armamento de EE.UU., Frank Kendall, reconoció el desastre que cometieron al realizar este proyecto. “Llevar el F-35 a la línea de producción años antes del primer vuelo de prueba fue una mala práctica. No se debió hacer, pero lo hicimos“.

En el año 2001 el fabricante armamentístico Lockheed Martin calculó unos costes para el proyecto que rondaban los 233.000 millones de dólares. Doce años más tarde el gasto superó con creces el previsto llegando a los 390.000 millones. Esto ha llevado a que el gobierno realice una compra a un precio mayor pero adquiriendo menos unidades, 2.457. El coste de adquisición es tan elevado que no ayuda a vender fuera del continente americano. Turquía, el país que mayor número de F-35 ha pedido, solo desea adquirir 116 unidades.

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Un F-22 volando con un veterano F-16. Este último aún se sigue usando en un gran número de países. Mediante continuas mejoras aún en la actualidad es un buen caza de combate

La presentación internacional del producto se canceló al incendiarse una de las unidades durante la fase del despegue. Este suceso atrasó el evento y supuso una rectificación de los motores, engordando aún más el presupuesto. A esto se le suma un retraso de 14 meses del software (que incluye a elementos como la navegación o el sistema de combate), la imposibilidad de repostar en ambientes cálidos (uno de los golpes más bajos para los mandos aéreos, puesto que la actual competencia, el Su-35, está operando con total normalidad en Siria) y un sistema de puntería electro-óptico anticuado (EOTS).

Costes de vuelo por hora: inasumibles

En un ambiente de relativa paz global entre las principales potencias el armamento se ha ido especializando para la lucha asimétrica. La falta de necesidad de rivalizar entre los países, en comparación con la Guerra Fría, ha supuesto la inversión de muchos proyectos de costes ordinarios ingentes. Países como Austria deciden reducir casi al completo las horas de vuelo de sus Typhoon al no poder soportar los altos costes de vuelo. En la OTAN cada piloto tiene que volar entre 180 y 200 horas de vuelo para estar preparado para el combate.

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Costes unitarios y de adquisición unitaria de los principales cazas occidentales y de Rusia. Se desconocen los costes por hora de gran parte de los aviones de combate rusos. El coste de 200 horas representa el presupuesto necesario para que un piloto esté lo suficientemente entrenado. Naranja: Rusia. Azul claro: OTAN europeos. Azul oscuro: EE.UU. Fuente: ARS, Breakingdefense, El Confidencial, USAF y IHS Jane’s. 

Los costes tanto a nivel de adquisición como el de vuelo son exageradamente mayores los de los nuevos cazas norteamericanos (F-22 y F-35) en comparación con las punta de lanza europeos (EuroFighter Typhoon y Dassault Rafale) y los rusos (los Sukhoi 35 y T50). El lanzamiento de cazas menos espectaculares que el F-35, con presupuestos más reducidos y una visión más real, hacen que tanto el F-22 y el F-35 pueda tener problemas al verse superados en ciertos aspectos por sus rivales.

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De izquierda a derecha: Sukhoi T-50 (rival del F-22 y F-35), Su-34 (caza bombardero) y Su-35 (caza de superioridad aérea)

El mismo Sukhoi 35, el cual lleva meses desplegado en Siria, y el Sukhoi T-50 (de la misma categoría que el F-22 y F-35) pueden poner en apuros a sus rivales destinando una cantidad monetaria sensiblemente inferior. Habrá que esperar a que transcurran varias décadas para ver la continuidad del dúo de última generación americano y su aplicación en diferentes escenarios futuros.

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