El congreso del PSC exhibe una fortaleza que sólo es aparente

El Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC) celebró este fin de semana su décimo congreso entre la euforia, por ser la primera cita de estas carac…

El Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC) celebró este fin de semana su décimo congreso entre la euforia, por ser la primera cita de estas características desde que está en el Gobierno de la Generalitat, y la necesidad de tener los pies sobre la tierra tras la pérdida de apoyo en las últimas elecciones autonómicas y municipales. La aparente fortaleza exhibida por sus principales dirigentes, el presidente Pasqual Maragall y el primer secretario José Montilla, ha tenido como contrapunto la fragilidad, un aspecto que ha sido reconocido especialmente por este último. Ciertamente, esa fortaleza se fundamenta en el hecho de que el PSC controla, en estos momentos, la Generalitat de Cataluña (con todo su entorno mediático, sobre todo la radio y televisión públicas) y casi todos los ayuntamentos de ciudades de más de 50.000 habitantes. Ello, unido a la victoria del PSOE el 14 de marzo, completa un panorama político optimista para los socialistas catalanes. Pero en este congreso, los participantes no han ignorado tampoco los puntos de fragilidad.

Cabe recordar que, en las elecciones municipales del 25 de mayo de 2003, el PSC bajó notablemente tanto en porcentaje como en número de concejales en muchas administraciones locales. Fue especialmente importante, en este sentido, lo que sucedió en Barcelona, donde el socialista Joan Clos, aunque salió reelegido por encabezar la lista más votada, obtuvo el peor resultado para su partido desde los primeros comicios de estas características, celebrados en 1979. Por otro lado, en las autonómicas del 16 de noviembre de 2003, el proyecto encabezado por segunda vez por Pasqual Maragall, contra pronòstico, también obtuvo un resultado peor al de 4 años antes y, además, se quedó en 42 diputados, 4 menos que Convergencia i Unió (CiU). Con estos datos, sólo el apoyo de Esquerra Republicana (ERC) garantizaba que Maragall fuese presidente, como así sucedió.

Estos hechos recientes explican que, a pesar del engañoso resultado de las europeas del 13 de junio, donde el PSC se convirtió en fuerza casi hegemónica, los dirigentes socialistas sigan viendo en CIU a su principal adversario. Las referencias a la federación nacionalista fueron constantes, por ejemplo al hablar de moderación y centralidad catalanista o al debatir la posición del partido ante el referéndum sobre el Tratado Constitucional europeo, que lógicamente será “sí”, en sintonía con el PSOE y tras el reciente acuerdo sobre la pregunta de la consulta. Con este panorama, la gran duda es si Convergencia i Unió sabrá aprovechar los puntos débiles de su contrincante político.

Como datos más relevantes del congreso socialista, destacan la reelección de Pasqual Maragall y José Montilla como tándem dirigente, así como la creación de una vicepresidencia, que ocupará Manuela de Madre, y la sorprendente incorporación a la ejecutiva de un histórico, Josep Maria Sala, 7 años después haber sido condenado por su implicación en el “caso Filesa” sobre la financiación del PSOE. Los apoyos estuvieron, en casi todos los casos, por encima del 90 por ciento.

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