El consejero Maragall y la desculturización

Ernest Maragall es el titular de Educación en la Generalitat de Catalunya, y hermano del que fue presidente de la Generalitat y alcalde de Barc…

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Ernest Maragall es el titular de Educación en la Generalitat de Catalunya, y hermano del que fue presidente de la Generalitat y alcalde de Barcelona durante muchos años.

Ahora y por escrito justificala liquidación de los fundamentos de nuestra cultura, tradiciones y costumbres que vienen realizando algunos centros escolares de Cataluña. Tiempo atrás fue noticia que algunas escuelas públicas habían decidido eliminar toda referencia a la Navidad y a Semana Santa, liquidando toda información, celebración o símbolo. Ya no existían tales festividades sino que eran sustituidas por cosas tan desconocidas como las fiestas de ‘invierno’ o de ‘primavera’, el Belén naturalmente quedaba vetado. Los niños vivían en un contexto educativo que suprimíatodo marco referencial que les permitiera interpretar la sociedad en la que viven que, naturalmente, sí celebra la Navidad y la Semana Santa, unos en términos religiosos y otros simplemente como una conmemoración festiva pero que obedece a un origen. Como consecuencia de esta situación E-Cristians se dirigió al Consejero dándole cuenta de estos hechos, razonando una serie de cuestiones concretas relacionadas con la formación de los niños y solicitando que la autoridad académica interviniera para restituir la normalidad educativa.

Maragall respondió por escrito, pero en lugar de practicar como en demasiadas ocasiones hace, el “vaya, vaya, desde luego” entró de pleno en el asunto. Esto hay que celebrarlo porque permite constatar que lo que hacen estas escuelas no es un acto de francotirador sino que forma parte de una concepción política y cultural del propio Gobierno. Maragall en su respuestano sólo asume esta realidad sino que la celebra y la valora en términos positivos, concordantes con el proyecto educativo, en razón de que estos centros han tenido en cuenta “las características del entorno social y cultural”… “han recogido la forma de atención a la diversidad del alumnado, el plan de convivencia y respetar el principio de no discriminación y de inclusión educativa”.
De todo esto se deduce:
  1. El entorno de estas escuelas, según Maragall, no practica la Navidad ni la Semana Santa, lo que es realmente del género surrealista, dado que se trata de escuelas de la ciudad de Barcelona, en barrios donde existe un porcentaje importante de inmigración, pero donde la mayoría siguen siendo autóctonos e inmigrantes de América latina y el resto de Europa. Pero aunque no fuera así, tampoco esto justificaría la supresión de lo que son hechos que caracterizan la cultura de nuestra sociedad, porque entonces lo que se estaría fomentando es un multiculturalismo de gueto. Aislaríamos a estos niños de la sociedad de acogida a base de negarles claves interpretativas para entenderla.
  2. Que el alumnado sea diverso en ningún caso significa que pueda negarse la realidad del país, de la sociedad en la que van a vivir. No es ésta en lo que tiene de substancial que ha de ser censurada o liquidada sino, todo lo contrario, se ha de facilitar el conocimiento y después cada cual en la medida que desarrolle su personalidad orientará la vida como quiera. Negar la Navidad es sencillamente negar el punto neurálgico, el origen de nuestra civilización y, por consiguiente de nuestra sociedad
  3. Según Maragall celebrar las fiestas de Navidad y Semana Santa, darlas a conocer sin que ello represente un adoctrinamiento confesional, daña a la convivencia, favorece la discriminación y es contrario a la inclusión educativa. Nuestro hombre, o quien le haya escrito la carta, se ha pasado en su creatividad destructiva.
En realidad, lo que sucede en el fondo de todo esto es que se aprovecha cualquier ocasión para intentar laminar al país de lo que son manifestaciones que recuerdan su dimensión cristiana. El problema de fondo es que éstas están tan enraizadas, forman parte de una manera tan íntima de nuestra cultura, tradición y costumbres que en la práctica, el laicismo de la exclusión religiosa cristiana, que éste es su nombre, reconvierte por su propia lógica interna en exclusión cultural, va convirtiendo al país en una tabla rasa. Los progres autóctonos hacen la tarea que antes hacían los colonizadores: eliminar las representaciones culturales que estén articuladas con el sentido profundo de aquella civilización. Y eso es una práctica terriblemente peligrosa que debería mover a la indignación ciudadana.
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