El debate político: motivos de preocupación

Después de haber seguido el extenso debate entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición, afloran motivos más que sobrados de preocupaci…

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Después de haber seguido el extenso debate entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición, afloran motivos más que sobrados de preocupación. Uno afecta al estado general de la política en España. Es difícil encontrar otro período, desde el inicio de la actual democracia constitucional, en que se haya dado una mayor ruptura entre Gobierno y oposición. Ninguno de los temas centrales que afectan al Estado, como son la lucha contra el terrorismo, la política exterior y europea o incluso la defensa, donde es tradicional buscar el consenso, registran un nivel más alto de desacuerdo, de conflicto puro y duro. Y esto es malo. Las legítimas diferencias políticas deben tener capacidad para construir espacios suficientes de acuerdo en aquellas materias donde la alternancia de Gobierno no debería significar modificación de las políticas de fondo.

No es bueno para este país que exista una política exterior o de defensa o antiterrorista del PSOE o del PP, sino que, en todas estas y otras cuestiones, lo que debe procurarse es una política común, española. Por eso es negativo el balance de este miércoles, con independencia de las simpatías políticas a que uno se adscriba. En ningún caso ha aparecido como referencia necesaria la búsqueda del bien común.

 

El segundo motivo de preocupación es la escasa relevancia que han tenido cuestiones centrales de lo que podríamos llamar, de manera imperfecta pero para entendernos con rapidez, la “agenda católica”. Estos asuntos, en realidad, atañen a personas de distinto signo religioso o que simplemente no tienen una creencia en este sentido. Así, la educación entendida como el ejercicio del derecho de los padres ha tenido un tratamiento marginal. La insólita y grave, por sus futuros efectos sociales, ley sobre el divorcio ha quedado al margen del debate. La insólita ley sobre el matrimonio homosexual, que previsiblemente será vetada por el Senado, tampoco ha suscitado ningún interés, como tampoco el proyecto de nueva legislación sobre reproducción asistida, que vulnera las recomendaciones de Naciones Unidas. La lucha contra la pobreza y la exclusión no ha aparecido, y su componente exterior, la ayuda al desarrollo, ha tenido un planteamiento mínimo y tópico. Y así podríamos continuar.

Dos grandes temas parecen absorberlo todo: la cuestión territorial y el problema el País Vasco con sus ramificaciones derivadas de las relaciones con ETA y los partidos que implícitamente la representan. Nadie puede dudar de la importancia y gravedad de estas cuestiones ni de las contundentes diferencias que existen entre el Gobierno y el Partido Popular. Todo esto es evidente, pero resulta incompresible que no exista ni tiempo ni atención para las otras cuestiones. De hecho, sólo Duran Lleida, de Unió Democrática, polemizó con José Luís Rodríguez Zapatero sobre algunas de estas materias, como el matrimonio homosexual, que obtuvo una repuesta paupérrima por parte del presidente del Gobierno, cuyo único argumento fue proferir que, dentro de 30 o 40 años, el matrimonio homosexual será común a las democracias avanzadas. Pues quizá si estos son los períodos, sería más prudente esperar porque, si tardan tanto, es que seguramente el tema es muy incierto.

También situó el problema de la educación desde la perspectiva de la libertad y el derecho a elegir centro. Pero éste es un balance escaso para tantas horas de debate. No es nada bueno que ni el Gobierno –cosa que ya sabemos- ni Rajoy se hayan sentido concernidos por la entrega de 2,5 millones de firmas en defensa de la clase de religión, ni por el medio millón de la Iniciativa Legislativa Popular (ILP), ni tan siquiera por el anuncio de la manifestación del 18 de junio. Algo no está funcionando bien. Posiblemente lo que sucede es que unos y otros, por razones distintas, descuenten de entrada el voto católico, porque no les interesa o porque ya lo consideran seguro con independencia de que representen bien sus inquietudes. La reflexión es hoy más necesaria que nunca.

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