El desastre de la política exterior española con América Latina

Jordi Pujol, ex presidente de la Generalitat de Cataluña y político de referencia en la España de los últimos 25 años, criticó este martes al Gobierno…

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Jordi Pujol, ex presidente de la Generalitat de Cataluña y político de referencia en la España de los últimos 25 años, criticó este martes al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero por lo que definió como “tics antiamericanos”. El veterano dirigente sabía muy bien por qué lo decía, ya que los últimos movimientos internacionales del Ejecutivo en sus vínculos con América latina elevan la política exterior a la categoría de desastre, realidad en la que, por otro lado, coinciden casi todos los analistas. La minigira latinoamericana del ministro de Defensa, José Bono, constituye la mejor muestra de ello: Primero firma el acuerdo de venta de material bélico a la Venezuela de Hugo Chávez, luego se desplaza a Colombia para anunciar la venta de 21 aviones y el “regalo” de 4 helicópteros a este país, últimamente enfrentado con su vecina república bolivariana, y entre medio recuerda públicamente que el presidente cubano, Fidel Castro, llegó al poder “como Pinochet”, es decir, como los dictadores y sin pasar por las urnas. Además del enfado que esto último ha provocado en el régimen castrista, que ha exigido una rectificación a Bono, todo lo sucedido estos días tiene como música de fondo el deterioro de las relaciones con Estados Unidos, hecho que se refleja en la última valoración del embajador norteamericano en Madrid: “No hacía falta echar gasolina al fuego de Chávez”.

 

El ministro Bono presentó sus últimas operaciones de venta de armas como “una decisión soberana” de España, pero lo cierto es que los negocios exhibidos, primero con Venezuela y luego con Colombia, han dado paso a críticas de otros países. Además, estas decisiones sobre armamento no parecen muy en consonancia con la apuesta que Rodríguez Zapatero dice liderar como abanderado de la Alianza de Civilizaciones y líder que fomenta la paz mundial. A Hugo Chávez, España le ha vendido 8 patrulleras fabricadas por la empresa Navantia (4 de vigilancia oceánica y otras 4 de litoral) y 12 aviones (10 de transporte del tipo C-295 y dos de patrulla marítima C-235), todo ello por un importe total de 1.700 millones de euros. Estados Unidos, tras anunciar que investigará la inclusión de material suyo en la operación, reitera su preocupación y su crítica al Gobierno por la decisión. “España y Estados Unidos vemos con preocupación los intereses de Chávez de exportar su revolución bolivariana a otros países. Echar gasolina al fuego no es una de mis ideas más productivas”, explica el embajador estadounidense en Madrid, Eduardo Aguirre, en una entrevista al diario LA RAZÓN.

 

Como supuesto gesto de compensación, el titular español de Defensa acordó el martes con el presidente colombiano, Álvaro Uribe, una urgente operación comercial por la que este país suramericano adquirirá 21 aviones de transporte militar españoles, 12 de ellos de segunda mano, y España cederá además 4 helicópteros del Ejército de Tierra. El Gobierno de Bogotá había expresado también su recelo por la venta del material bélico a su vecino y potencial enemigo venezolano.

 

Y para acabar de rizar el rizo de este viaje, Bono aseguró el mismo lunes, en el palacio presidencial de Caracas, donde se acababa de reunir con Chávez, que el presidente de Venezuela “gustará más o menos, pero llegó al poder pasando por las urnas, algo que no sucede con Fidel Castro y Augusto Pinochet”. Esta equivalencia entre ambos dictadores ha provocado en las últimas horas el enfado de La Habana, donde han exigido una rectificación al ministro español. Poco después de las declaraciones de Bono, el ministro de Asuntos Exteriores cubano, Felipe Pérez Roque, convocó inmediatamente al embajador español, Carlos Alonso Zaldívar, para expresarle su “malestar” por lo que su Ejecutivo considera “una equiparación” de Castro con el ex dictador chileno. El ministro de Defensa español ya ha respondido diciendo que sólo rectificará “cuando alguien demuestre que Castro llegó al poder a través de las urnas”.

 

En cualquier caso, España ha ofrecido esta semana un gesto de acercamiento y buena relación con Hugo Chávez, un presidente que lleva años definiendo a Estados Unidos como su gran enemigo y que, este mismo martes, afirmaba que el Gobierno de George W. Bush es el principal culpable del genocidio, el terrorismo y la violación de los derechos humanos. Se refería a la utilización, por parte de Washington, de supuestas prisiones clandestinas en Europa, destinadas al confinamiento de terroristas sospechosos. “Todos los días el imperialismo estadounidense es sobrepasado por su propia inmoralidad”, afirmó en un discurso televisado. En esa misma intervención, llamó a Bush “genocida”, “asesino” y “secuestrador”, entre otros calificativos. En los últimos días, Chávez ha utilizado al Gobierno español, diciendo públicamente que es su aliado en la lucha antiamericana e incluso implicando al Rey Juan Carlos en su particular batalla.

 

Frente a los despropósitos, centralidad

 

La política exterior española, como ha ocurrido siempre como línea de continuidad de la actual democracia, debe tener como prioridad los lazos con Iberoamérica. Pero lo que está haciendo el Gobierno de Zapatero parece más un cúmulo de despropósitos que una política coherente. Por eso Jordi Pujol lanzó su aviso al Ejecutivo en unas declaraciones a la emisora COM RÀDIO y recogidas por la agencia EFE. Concretamente defendió una política de relaciones con Estados Unidos “más centrada”, siempre sin dejar de desempeñar un papel importante en la Unión Europea. “En los últimos cinco o seis años, la política exterior española no ha ido bien porque ha ido de una punta a otra, de una alianza estrechísima con Washington al antiamericanismo más radical”, explicó el ex presidente catalán.

 

En la misma línea, refiriéndose a los dos extremos de la política internacional, Pujol recordó que ambas opciones son malas. “Una cosa es rectificar un alineamiento muy excesivo con Estados Unidos y otra es llegar a posiciones de ofensa gratuita hacia el aliado americano”, dijo. Por otro lado, calificó los gestos internacionales de Zapatero de “impropios de un presidente del Gobierno”, y lamentó que al Gobierno español “le cueste tanto encontrar un punto medio que sí que se había logrado en la época de Felipe González”.

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