El deseo como categoría política

Es difícil interpretar la política socialista en la clave habitual de la transformación de las estructuras socioeconómicas para hacerlas más justas. E…

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Es difícil interpretar la política socialista en la clave habitual de la transformación de las estructuras socioeconómicas para hacerlas más justas. Es evidente que, cuando los socialistas gobiernan, no tiemblan ni los bancos, ni las multinacionales, ni los grandes empresarios. Simplemente preparan la mesa para atender al nuevo comensal. Perdido el marxismo como fundamento teórico, negada la vía de toda transformación de las estructuras de la sociedad, el socialismo resultante ha quedado limitado a un debate sobre el aumento de la presión fiscal y de determinadas prestaciones sociales, pero todo ello en términos muy matizados, poco espectaculares. Ello explica que se tanteen posibilidades de recaudar más dinero sin una presentación formal de mayores cargas impositivas, sino simplemente a través del mecanismo de recortar desgravaciones sobre los planes de pensiones y la vivienda.

Pero éste no es el gran motor socialista. Esto no explica la mayoría de políticas que el actual Gobierno está desarrollando. Tiene unas prioridades muy diferentes y apunta un discurso que nada tiene que ver con la justicia redistributiva. ¿Por qué la ministra de Sanidad es tan acérrima enemiga de la fidelidad y del retraso en la relación sexual para la lucha contra el SIDA? En términos técnicos, para el que crea sólo en el preservativo, no exige el desprecio y la mofa de las otras medidas.

¿Por qué existe toda una ingeniería social dirigida a convertir en verdad la mentira de que la sociedad es laica? ¿Por qué se aceptan, con tan gran fatalismo, las listas de espera en prestaciones básicas, incluso urgentes de la sanidad publica y, por otra parte, se pretenden establecer conciertos para que resulten gratuitos los abortos en las clínicas privadas? Lo lógico sería utilizar este criterio hacia lo que son las prestaciones sanitarias catalogadas y no hacia un hecho que es un acto despenalizado. Confundir prestación sanitaria obligatoria con aborto y dar prioridad a esta segunda es una brutalidad.

¿Qué une a todos estos factores aparentemente tan distintos? La respuesta más precisa y exacta que podemos dar se encuentra en el texto de Marina Subirachs, una socióloga e inspiradora de la nueva ideología de la izquierda: “Los valores de la izquierda hoy se basan en el reconocimiento del deseo como principio organizador de nuestra vida”. Ése es el fundamento ideológico del nuevo proyecto socialista que expresa en términos superlativos la ideología de la desvinculación, es decir, la realización personal entendida como satisfacción del deseo y la transformación de ese hecho en categoría política. A partir de este eje, las políticas socialistas toman una coherencia distinta que define, en el horizonte, una sociedad imposible.

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