El dios de los filósofos y el Niño de Belén

“El conocimiento puramente racional de Dios abre un abismo entre Éste y su criatura (…) Mas cuando el conocimiento de Dios es el que no…

“El conocimiento puramente racional de Dios abre un abismo entre Éste y su criatura (…) Mas cuando el conocimiento de Dios es el que nos proporciona la Fe, se adquiere una suma suavidad e inefable alegría (…) Dios es (nuestro) Padre (…)”, nos dice el santo obispo Torras y Bages (“De Jesús el corazón”, 1ª Parte, 2, III).

El Dios infinito, omnipotente y terrible se hace en Jesús niño indefenso y desvalido. El Dios infinito que no cabe en los cielos, se acerca a nuestra miseria, nos muestra en Jesús su corazón amante. Ya no da miedo, sino amor es lo que suscita este Dios que se abaja a nuestra pequeñez para elevarnos a su reino de paz, de luz y amor limpio y puro.

“La idea de Dios (entonces) no aturde ni atemoriza, no se presenta con la faz ceñuda que hace temblar a los míseros humanos, sino que su rostro resplandeciente derrama profusamente luz y alegría en los corazones” (Ibídem).

En las sociedades “que le están sujetas amorosamente, el recuerdo de Dios todo lo endulza, es luz brillante que ilumina las más oscuras situaciones y calor que vivifica los corazones más desiertos (…)” (Ibídem)

En cambio en las sociedades apartadas de Dios su nombre “amarga los ánimos”. Que la sociedad que se aleja de Dios penetra con sus teorías incluso entre los mismos creyentes, nos lo recuerda, con voz profética, este santo obispo, cuando nos habla del “catolicismo liberal” de su tiempo, que cercena “de la Religión lo que parezca inconciliable con el estado presente y sujeta lo que bajó del Cielo, lo que de Dios dimana, a un criterio puramente humano” (Ibídem).

Y es que si no hay una pulsación del corazón que hace amable y bello lo que Dios nos pide, aunque cueste, si no nos ponemos humildemente a los pies del niño divino, entonces considerándolo un fardo insufrible se busca un compromiso con el mundo, se falsea la palabra de Dios y la voz de su intérprete legítima, la Iglesia. No es un tema intelectual, sino de corazón, de fiarse del corazón tres veces santo que se nos manifiesta en la sencillez de Belén.

Si la brisa suave, la voz dulce que resquebraja la roca de nuestros corazones, no es oída, es sofocada, ¿tendremos que ver que la voz se convierte en huracán o terremoto, para acogerla? Entonces puede ser demasiado tarde.

La idea de ciertos filósofos de un dios meramente intelectual, imagen fría y alejada del Dios entrañable, no quita la orfandad al hombre o mujer. A veces este dios teórico puede ser compatible con actitudes despiadadas e incluso crueles, hasta crueles también para uno mismo.

En cambio a los pies del pesebre de Belén, descubrimos, con los humildes de la Tierra, a un Dios que es amor, a un padre que es infinita ternura y piedad para los caídos y los míseros de este mundo, y también la misma misericordia que acoge a los que en Él se refugian por errados que hayan sido sus caminos o miserables que sean. Y a sus pies sentimos que volvemos a casa, que se ensancha nuestro corazón, que por fin hallamos esa paz que anhelábamos, que recobramos un corazón de carne en vez de nuestro viejo corazón de piedra.

Hazte socio

También te puede gustar

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>