El director de ONUSIDA critica al Vaticano por defender la abstinencia, a pesar del avance de la enfermedad

El sida sigue avanzando inexorablemente en todo el planeta. El número de personas infectadas alcanzaba la cifra de 5 millones en el 2002 y aumenta día…

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El sida sigue avanzando inexorablemente en todo el planeta. El número de personas infectadas alcanzaba la cifra de 5 millones en el 2002 y aumenta día tras día en todas las regiones del mundo. Sin embargo, a pesar del fracaso de las medidas de prevención aplicadas hasta ahora y que se basan principalmente en la utilización del preservativo, los principales responsables de la lucha contra el VIH se niegan a fomentar medidas de prevención integrales, basadas en una educación en valores, y que tengan en cuenta también la abstinencia. Peter Piot, director del Programa de Naciones Unidas para el Sida, en unas declaraciones publicadas por EL PAÍS del pasado 11 de julio, critica al Vaticano por defender la abstinencia y defiende el uso de los condones como la mejor solución a un problema que, por el momento, no para de crecer. Así lo ha reconocido también Kofi Annan, secretario general de la ONU, que, en la inauguración de la XV Conferencia Internacional sobre el Sida que se celebra estos días en Bangkok, ha instado a todos los líderes mundiales a movilizar el máximo de recursos para combatir la epidemia y reducir sus efectos, sobre todo en los países menos desarrollados.

 

En la entrevista a que nos referimos, el doctor Piot, que asumió la dirección de Onusida en 1995, reconoce el fracaso de las actuales medidas de prevención cuando afirma que “no estamos teniendo éxito: falla la prevención y suben las infecciones y las muertes”. Para justificar las actuaciones de la institución que dirige, Piot se refiere a los buenos resultados que se están dando en Occidente, donde “la gente se está infectando mucho menos, y se está muriendo mucho menos gracias a los tratamientos”. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los países más desarrollados son los únicos que tienen un acceso fácil a los carísimos tratamientos de cócteles antirretrovirales que hoy por hoy consiguen frenar la enfermedad. En los países pobres la enfermedad continúa expandiéndose a marchas forzadas, como en Asia y Europa del Este, aunque África sigue siendo el continente más castigado.

 

El director de Onusida, cuando se le pregunta sobre las declaraciones del Vaticano de que “el condón es una ruleta rusa para la prevención”, responde que “Definitivamente, eso no es cierto. En este tema nuestra posición es muy clara: los condones protegen. Aunque no lo hicieran al cien por cien, porque siempre puede haber fallos, tienen que estar en todos los programas de prevención… Lo que nosotros decimos al Vaticano es que ellos sigan predicando la fidelidad y la abstinencia, que son asuntos morales, pero que no entren a discutir la calidad de los materiales. Yo he hablado con el Vaticano y el cardenal Trujillo y les he pedido que rectifiquen, que su postura puede estar costando vidas”.

 

La abstinencia: prometedores resultados

 

Pero, ¿cómo se puede afirmar que cuesta vidas fomentar una prevención basada en la fidelidad y la abstinencia y que eso son asuntos morales, cuando los resultados indican que aquellos países donde se inculca más moderación en las relaciones sexuales, sobre todo entre el colectivo de los más jóvenes, consiguen reducir el número de contagios? Son los casos, por ejemplo, de Uganda y Mozambique. Uganda ha conseguido, en algo más de 10 años, reducir a la mitad el impacto del sida entre su población adoptando programas de prevención basados en la fidelidad y la castidad. El diario LA RAZÓN informaba recientemente de que el éxito de los ugandeses se debe a que “lejos de apostar como arma exclusiva y primordial por el preservativo –lo más habitual en la mayoría de los países-, la política sanitaria y educativa de combate a la infección está basada en la promoción de la abstinencia sexual, la fidelidad dentro del matrimonio y la castidad, especialmente entre los más jóvenes”. La noticia contenía también una crítica hacia la comunidad internacional, por cerrar los ojos a una realidad que no se puede negar: “Los excelentes resultados obtenidos por estas políticas sanitarias no parecen ser suficientes para los organismos internacionales como la ONU y la Organización Mundial de la Salud que, en su informe de 2003, afirma que ‘ningún otro país ha igualado este logro, no al menos a nivel nacional’, pero oculta que los factores determinantes de este éxito son, precisamente, la abstinencia, la castidad y la fidelidad en el matrimonio como opciones fundamentales y no el fomento y reparto gratuito del preservativo”.

 

Un segundo ejemplo lo tenemos en Mozambique, donde una iniciativa de la Comunidad de San Egidio, basada en la prevención a través de la abstinencia y de ayudas con un sistema sanitario integral dirigido a las personas afectadas, ha conseguido reducir considerablemente el número de contagios. Por otra parte, a pesar de que el uso de preservativos es una medida más de prevención ante la enfermedad, lo que parece estar claro es que no es infalible y, además, fomenta las relaciones sexuales, con el consiguiente aumento de riesgo de contagio. Al mismo tiempo, criticar los fallos del preservativo puede resultar de gran utilidad, pues ayuda a no confiar plenamente en una medida de prevención que no se ha mostrado efectiva en un porcentaje tan elevado como se prometía. Resulta curioso que, en este sentido, en otro tipo de campañas de prevención se recomiende, por ejemplo, no fumar para evitar riesgos de cáncer de pulmón y en la que nos ocupa jamás se recomiende a los jóvenes que se abstengan.

 

Iglesia: Uno de cada cuatro enfermos

 

En sus declaraciones, Peter Piot entra además en contradicción con al menos una de sus decisiones anteriores: firmar el Memorando de Acuerdo entre Onusida y Cáritas Internationalis. Mientras por una parte descalifica al Vaticano por promover la abstinencia, por otra firma un acuerdo de cooperación con Cáritas y otras entidades católicas en el que reconoce la labor que la Iglesia está realizando en el mundo en el tema del Sida. En ese documento se hace mención a  “promover la concienciación y el comportamiento responsable en relación con VIH/SIDA, especialmente entre los jóvenes, en la labor de prevención… y mejorar las iniciativas que fomenten el comportamiento responsable…”, entre otros puntos del acuerdo. Pues bien, el documento también contiene dos notas a pie de página donde se dice que “Para Cáritas Internationalis, la doctrina moral y social de la Iglesia Católica orientarán todas sus actividades en el área de VIH/SIDA” y “El programa de cabildeo de CI se basará en la doctrina espiritual, moral y social de la Iglesia Católica”. Y es que la Iglesia se está ocupando actualmente de atender al 25 por ciento de los enfermos de sida en el mundo. Un 9,4 por ciento son organismos eclesiales y el 15,1 por ciento corresponde a ONG católicas. Una razón más que suficiente para que su voz, en estas cuestiones, sea tenida en cuenta en todas partes.

 

Estados Unidos, el ABC de la prevención

 

La prevención basada en la fidelidad y la abstinencia no es tan sólo cosa de países pobres. De hecho, el país más poderoso del planeta, Estados Unidos, se comprometió en enero de 2003 a destinar una partida de 15 mil millones de dólares –más dinero que todo el resto de países del mundo juntos- en una campaña destinada a 15 países basada en la “filosofía del ABC”, es decir, abstinence, be faithful and condoms (abstinencia, sé fiel y condones). Una muestra más de que esos conceptos, lejos de ser considerados como obsoletos, tendrían que ser vistos como “progres”, dados los tiempos que corren. Educar en el seno de la familia y en las escuelas, desde la infancia, en valores éticos y ayudar a los jóvenes a fortalecer su voluntad para no depender de sus instintos son prácticas preventivas contra el sida que no deberían de ser rechazadas en nombre de la modernidad.

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