El doble rasero de los medios de comunicación ante la pederastia

La compañía aérea Air France ha decidido seguir los pasos dados por British Airways hace ahora más de tres años y a…

La compañía aérea Air France ha decidido seguir los pasos dados por British Airways hace ahora más de tres años y aislará a los niños que viajan solos en sus vuelos para protegerles de cualquier agresión sexual por parte de un adulto.

Los servicios jurídicos de éstas y otras compañías aéreas, que podrían adoptar similares medidas contra la pederastia, consideran que el riesgo es real y recomiendan sentar a estos pequeños lejos de cualquier posible depredador sexual en potencia.

La decisión se ha tomado después de presentarse en la compañía diversas denuncias por tocamientos sexuales a menores en algunos de sus vuelos, sobre todo de largo recorrido y, concretamente, en los que se dirigían a Estados Unidos.

Estas medidas, que han sido validadas por la dirección general de Aviación Civil, han provocado algún revuelo en el seno de las propias compañías. Básicamente, la polémica se refiere a probables problemas de seguridad, ya que el manual de salvamento contempla que los adultos ayuden a los niños en casos de emergencia, y a una cuestión de discriminación sexual, dado que algunas azafatas se niegan a aplicar la norma y sitúan junto a los menores a mujeres, estadísticamente menos sospechosas.

¿Riesgo de pederastia generalizado?

Sin embargo, que dos aerolíneas de vuelos masivos tan importantes como Air France y British Airways hayan decidido proteger a los niños de posibles agresiones sexuales es preocupante y viene a significar que el fenómeno de la pederastia está tan extendido en la sociedad que la probabilidad de una agresión en pleno vuelo es real.

Siendo esto así, ¿cómo se explica la casi total indiferencia de los medios de comunicación ante una noticia de este tipo?, ¿por qué la sociedad en su conjunto apenas se pregunta qué está pasando ante el aumento generalizado del fenómeno de la pederastia?

Cabe recordar, por ejemplo, los recientes o no tan recientes casos de supuestas agresiones sexuales protagonizados por famosos, con una escasa repercusión en los medios desde la perspectiva del probable delito de pederastia en sí mismo y con una cierta magnanimidad en el trato hacia los implicados.

Los grandes titulares y páginas de información dedicados a esos hechos se debían no tanto a la significación de la agresión cometida, como motivo de preocupación por parte de la sociedad, como al protagonismo del famoso en cuestión.

Sirvan como ejemplo la repercusión mediática del caso del director de cine Roman Polanski, acusado de un acto de pederastia cometido en 1977 contra una niña de 13 años, y al que el Gobierno de Suiza ha negado su extradición para ser juzgado en Estados Unidos, o el de los futbolistas Karim Benzema y Franck Ribéry, ambos imputados y posteriormente puestos en libertad por un juez de instrucción tras ser acusados de mantener unas supuestas relaciones sexuales con una prostituta menor de edad.

El doble rasero

En cualquier caso, sorprende el doble rasero que utilizan los medios de comunicación cuando se trata de recoger en sus principales titulares, y en el tratamiento de la información, casos como los anteriores o cuando informan sobre aquellos que se han producido en el seno de la Iglesia.

Ante una serie de hechos de supuestos abusos sexuales llevados a cabo por sacerdotes y otros miembros de la Iglesia, cuantitativamente menores que los que abundan en la sociedad en su conjunto y extendidos a lo largo del tiempo, los medios de comunicación los reflejan en sus portadas y llenan páginas y páginas a diario condenando esas acciones e incluso involucrando en ellos directamente al Papa Benedicto XVI.

No se trata de exculpar a esos supuestos pederastas, qué duda cabe, pero llama la atención el contraste entre cómo la sociedad y los medios normalizan la proliferación de esta lacra en la sociedad cuando se trata de personajes famosos como Polanski, y la disparidad de trato en casos de pederastia que aplican cuando los implicados son miembros de la Iglesia.

La discriminación a la que se somete a los representantes de la Iglesia también se hace evidente cuando se contrasta con la indiferencia social ante la decisión de las compañías de vuelos masivos de adoptar medidas para proteger a los niños de posibles agresiones sexuales por parte de adultos, hecho que denota una cierta gravedad y generalización del fenómeno.

¿A qué se debe este desequilibrio? Es como si una epidemia de peste se extendiera de forma masiva por todo un país sin que apenas provocara reacciones en la opinión pública y los medios y, ante unos pocos casos de peste en un pueblo singular, en el que sí que se han tomado precauciones tradicionalmente, se magnificara esos casos indiscriminadamente en la prensa.

En el fondo, la cuestión radica en que esa magnificación en el tratamiento de los escasos escándalos de abusos sexuales producidos en el seno de la Iglesia es un problema de cómo presentan la información la mayoría de medios de comunicación y de una serie de organizaciones que tienen como finalidad la destrucción moral de la Iglesia.

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