El escándalo de la Ley de Dependencia

La Llei de Dependència, una idea de Zapatero abans de precipitar al socialisme en el forat negre del qual encara no ha emergit La Llei de Dependència, una idea de Zapatero abans de precipitar al socialisme en el forat negre del qual encara no ha emergit

¿Quién se acuerda? Era la época rutilante de Zapatero antes de precipitar al socialismo en el agujero negro del que todavía no ha emergido, cuando uno de sus ministros “fuertes”, Caldera, proclamó el cuarto pilar del Estado del Bienestar: la Ley de Dependencia. El Estado iba a aportar los medios para que las personas dependientes tuvieran la atención adecuada, prioritariamente en residencias y centros de día (porque ese es el enfoque de la ley, aunque vaya en la práctica por otros derroteros) y solo subsidiariamente a cargo de la familia, que recibiría ayudas, no solo económicas, sino asistenciales, para que el cuidar no se convirtiera en una esclavitud.

Forum Libertas ya lo denunció reiteradamente en su momento: la ley daría lugar a una gran frustración porque estaba construida sobre bases falsas. El nuevo pilar tenía una pobre cimentación, porque como mostraba la memoria económica que la acompañaba, se producía no solo una infravaloración del número de personas dependientes y de sus costes de atención, sino que además llegaba al desafuero de presentar cifras distintas en función de cual fuera la página consultada.

Y lo que estaba mal planteado fue a peor desde el mismo inicio: lentitud, retrasos en las calificaciones, que era una forma de retrasar el gasto, hasta que la crisis y el Gobierno del PP le dieron la puntilla. En su afán de presentar unos datos presupuestarios mejores de los que su tarea producía, centrifugó el déficit, y redujo la aportación obligatoria del Estado a las Comunidades Autónomas que son quienes, mejor o peor, dan la cara. Es un ejemplo más de una forma desleal de funcionar por parte, nada más y nada menos, que del Gobierno del Estado: generar nuevas obligaciones de pago para servicios que han de prestar las autonomías sin establecer los mecanismos de financiación necesarios. Es una astucia de vuelo gallináceo… que pagan las familias con personas dependientes.

Claro que después no todas las Comunidades Autónomas se desenvuelven igual. Según el Observatorio Estatal para la Dependencia, solo Castilla y León (¡9,58 sobre 10!) Euskadi (7,92) Andalucía (7,50), La Rioja y Extremadura (ambas con 6,67) aprueban. Las demás no llegan al cinco con casos particularmente graves como Valencia (1,25), mientras que se sitúan por debajo de 4 Murcia, Canarias, Madrid, Aragón y Baleares.

La razón de estas diferencias extremas no se debe solo -todo que es decisivo- a la disponibilidad de recursos, sino también a la prioridad y eficiencia de cada comunidad, entre otros factores. Valencia está muy mal por exceso de gasto y mala financiación autonómica, y esto explica el resultado, pero las diferencias entre Navarra y Euskadi, ambas en el beneficioso régimen de concierto económico, presentan resultados muy dispares, como lo hacen Castilla la Mancha y Castilla y León.

Incluso en las peores condiciones, o precisamente en ellas, es cuando se demuestra la importancia de la calidad de las instituciones de gobierno.

 

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