El escándalo del reparto de primas en AIG: ¿Por qué no intervino Obama?

La Cámara de Representantes de Estados Unidos ha aprobado este viernes, 20 de marzo, un impuesto del 90% sobre las primas que reciban los emple…

La Cámara de Representantes de Estados Unidos ha aprobado este viernes, 20 de marzo, un impuesto del 90% sobre las primas que reciban los empleados que ganen más de 250.000 dólares al año y que trabajen en una compañía que haya sido rescatada por el Gobierno con al menos 5.000 millones de dólares.

La medida afecta directamente al escándalo desatado hace una semana tras el reparto de 165 millones de dólares (124 millones de euros) en bonificaciones entre los ejecutivos de la aseguradora American International Group (AIG), que a su vez fue rescatada por el Gobierno en septiembre y está a la espera de una nueva ayuda estatal.

La propuesta que presentó y respaldó la mayoría demócrata ha sido duramente criticada por algunos sectores republicanos, que se preguntan por qué la Casa Blanca no hizo algo para impedir que la aseguradora semipública AIG repartiera las bonificaciones hace unos días.

De hecho, el escándalo está salpicando directamente a la Administración Obama y todo el proceso que ha seguido este caso plantea varias cuestiones: ¿Por qué no intervino la Casa Blanca? ¿Cuándo conoció el presidente que se efectuaban los pagos? ¿Por qué esperó a revelarlo cuando ya se habían efectuado?

Primas extraordinarias para 73 ejecutivos

El asunto saltó a las portadas de los medios de comunicación hace ahora una semana cuando se conoció que la AIG había repartido 165 millones de dólares entre más de 400 empleados.

Sin embargo, el centro de la polémica son las primas extraordinarias que recibieron 73 ejecutivos, 11 de los cuales ya no trabajan en la compañía, y que se embolsaron al menos un millón de dólares.

Uno de ellos llegó a recibir un ‘bonus’ de 6,4 millones de dólares y los siete mayores preceptores se embolsaron más de cuatro millones. Entre los diez máximos beneficiarios se repartieron 42 millones, otros 22 ejecutivos recibieron más de dos millones cada uno, y así hasta los 165 millones en total.

Aunque se trata de bonos y primas que están contempladas en los contratos de los ejecutivos, el reparto ha causado indignación entre la opinión pública si se tiene en cuenta que AIG recibió en septiembre una ayuda del Estado y que recibirá otra nueva un día de éstos.

Implicado en el primer rescate

Cabe resaltar el hecho de que, en el primer rescate de AIG que el Estado hizo en septiembre con dinero público, estuvo implicado el actual secretario del Tesoro, Timothy Geithner, que esen estos momentos quien reparte el dinero del Estado.

La Reserva Federal estadounidense autorizó el 16 de septiembre a su oficina de Nueva York a prestar hasta 85.000 millones de dólares a la AIG para intentar solventar su frágil situación financiera.

Este préstamo supuso la nacionalización de la aseguradora por parte del Gobierno de los Estados Unidos, que recibía así un 79,9% de participación en AIG y con el derecho a veto en los pagos de dividendos para accionistas.

De esta manera, las conexiones de Geithner, que en aquellos momentos era el presidente de la Reserva Federal de Nueva York, en todo este asunto parecen tan evidentes que incluso un congresista republicano ha pedido ya su dimisión.

Y es que, en los últimos meses, el Estado ha puesto a disposición de AIG la suma de 173.000 millones de dólares (130.000 millones de euros), que indirectamente servirán para recompensar de alguna manera a los implicados en el escándalo.

Todo ello se ve aún más enturbiado por el hecho de que hace unos días el Gobierno concedió una nueva ayuda a AIG, coincidiendo prácticamente en el tiempo con el reparto de bonos y primas entre los ejecutivos de la compañía.

Preguntas sin respuesta

Es precisamente por la coincidencia de fechas y las turbias circunstancias que rodean este asunto que surgen algunas preguntas que, por el momento, no obtienen respuesta.

Así, habría que preguntarse siObama conoció el reparto a los directivos antes de que se produjera. Y también si tuvo ese conocimiento antes o después de la aprobación de la nueva ayuda a AIG.

También levanta suspicacias el por qué no lo reveló hasta el pasado fin de semana, cuando ya se habían repartido el dinero y decidido aprobar una nueva ayuda.

De hecho, si el responsable de repartir ahora el dinero del Tesoro estaba implicado en la primera ayuda, cabe también deducir que estaba al corriente del funcionamiento y entresijos de AIG, así como del hecho de que esos contratos contemplaban un posible reparto de bonos y primas.

¿No estaría también en pura lógica al tanto de todo ello el presidente Obama, o se le ocultó? No hay que olvidar que en la decisión de aprobar un impuesto del 90% sobre las bonificaciones no ha actuado la Casa Blanca, sino la Cámara de Representantes.

En cualquier caso, hay que resaltar también el hecho de que, por el momento, Obama no ha dado ninguna información ni ha hecho ninguna declaración al respecto.

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