El esqueleto de los guisantes‘, por Pelayo Cardelús

La dialéctica amo-esclavo, tan afín al pensamiento de Hegel, es un hecho en la historia de la humanidad desde el tránsito al neolítico, cuando se desc…

La dialéctica amo-esclavo, tan afín al pensamiento de Hegel, es un hecho en la historia de la humanidad desde el tránsito al neolítico, cuando se descubrió que era más útil aprovecharse del trabajo de los esclavos que suprimirlos.

Encubierta de mil maneras, y con formas siempre nuevas, conoció el trabajo a brazo partido, la azada, toda la evolución del arado, el descubrimiento de la rueda, la máquina de escribir y últimamente la informática. Esta es la clave de fondo de esta novela localizada en una agencia de publicidad y narrada en forma de diario por su protagonista Pelayo, que es el mismo autor, algo que está muy de moda en las novelas recientes.

Literariamente la obra está bien, más que nada porque abundan las frases cortas, se entiende todo lo que dice y es fiel al título. Si los guisantes no tienen esqueleto, tampoco la vida en una oficina tiene argumento.

Así lo anuncia el autor en las páginas introductorias, originales y divertidas, y es fiel a ese cometido. No hay argumento, salvo que empieza y deja de trabajar en una agencia. Después se va a otra y con el tiempo quizás le dé para otra novela.

El tema de fondo es la inseguridad laboral, la explotación, los sueldos bajos, la imposibilidad de pagar la hipoteca y, por tanto, de independizarse de los padres y formar una familia. Los jefes de esa oficina, dicho pronto y claro, parecen los capataces de una plantación algodonera en la época de la esclavitud legal, me refiero a la que no pasaba por la seguridad social y los sueldos de subsistencia.

Esa es la idea y Pelayo Cardelús la expone convincentemente. La narrativa adolece de la misma falta de esqueleto que el guisante, aunque insinúa bien y muestra adecuadamente los perfiles. Al final todo se desvanece menos la sensación de que lo narrado es totalmente cierto, es decir, que mucha gente está muy mal pagada y es poco valorada en sus trabajos.

La voz del narrador tiene como contrapunto el blog de Arístides Gamboa, antiguo compañero de oficina. A este lo echaron mientras Pelayo se fue por su propio pie. Una forma de mantener la dignidad, aunque el resultado parezca idéntico.

De paso se muestra Internet como un espacio de libertad, donde todo el mundo dice lo que quiere y puede poner a parir a quien haga falta. Generalmente, hay que decirlo, con cierta gracia, porque la red ha descorsetado los formalismos.

Esta novela pueden leerla todos los empleados infrapagados del país, que deben ser bastantes y seguirán siéndolo mientras los grandes economistas se rasguen las vestiduras cada vez que se sube el Salario Mínimo Interprofesional que, se llama mínimo por no decir de esclavitud encubierta.

Ese aspecto de la novela está bien y la prosa de Pelayo Cardelús da buena cuenta de ello. Pero, también hay que reconocerlo, los horizontes de los explotados no van mucho más allá de los de los explotadores. Los compañeros de oficina de Pelayo tampoco es que vayan sobrados de ideales. La sumisión al sistema, supongo. Así que precariedad laboral y ausencia absoluta de objetivos. Seguramente una radiografía muy exacta y no por ello menos patética.


EL ESQUELETO DE LOS GUISANTES

Pelayo Cardelús
Caballo de Troya
Barcelona, 2006
190 páginas

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