El Estado Islámico ha hecho un año

El pasado 29 de junio hizo un año que los dirigentes de Estado Islámico anunciaron el establecimiento del califato y pidieron a los musu…

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El pasado 29 de junio hizo un año que los dirigentes de Estado Islámico anunciaron el establecimiento del califato y pidieron a los musulmanes de todo el mundo jurar lealtad al califa Abu Bakr al Baghdadi, La proclamación no era sólo un acto propagandístico, sino la afirmación de una decisión que no tenía marcha atrás: los musulmanes suníes salafistas radicales tenían un territorio donde hacer realidad su particular visión del Islam.

La consolidación del Estado Islámico se debe, en buena medida, a la ceguera de la comunidad internacional, que no supo interpretar la caída de las ciudades de Raqqa en Siria (junio de 2013) y Faluya en Irak (enero de 2014). En unos primeros momentos consideraron estos hechos como eventos más de una guerra local entre fuerzas opositoras de los regímenes de Siria e Irak. La caída de Mosul, cinco meses después, fue el detonante para comprender que lo que estaba pasando era la manifestación de un fenómeno de mayor alcance que unas simples conquistas de guerra, como una variedad de hechos simples, antes de tomar conciencia de la gravedad de la situación con la de Mosul cinco meses después.

El arraigo del Estado Islámico en los territorios de Siria e Irak es como consecuencia de la quiebra del Estado, especialmente en sus funciones de proporcionar bienestar, en estos territorios. Los gobiernos de estos países, en lugar de procurar la mejora social y garantizar el funcionamiento de las estructuras de estado, han sido el origen principal de su fracaso. Este ha sido el caso del régimen de Bachar al Asad. Mientras que en Irak, además de la debilidad del Estado, el Gobierno de Nuri al Maliki, bajo la tutela de los Estados Unidos, propició el fortalecimiento de los chiitas en detrimento de una amplia parte del territorio que era suní. El colapso del Estado, tanto en Siria como Irak, es la razón de la aceptación del Estado Islámico por parte de la población de los territorios ocupados.

Hamit Bozarslan, en un artículo en Le Monde, explica que Ibn Jaldún (1332-1406), gran historiador, filósofo y político árabe de origen andalusí, sugirió que la derrota del estado como estructura que unifica el tiempo y el espacio de las sociedades, lleva al hundimiento de la misma sociedad. Cuando esto ocurre la ciudad no tiene en sí misma recursos para reaccionar contra los príncipes acaecidos tiranos, entonces aparecen en sus márgenes bárbaros dispuestos a emplear la violencia para ocupar la ciudad. Esto es lo que ha pasado en estas sociedades. Han aparecido múltiples milicias que han creado una nueva situación basada en la instauración de una economía de guerra, la modificación de fronteras internas y cambiar las relaciones de poder en Siria e Irak. Lo que era primero una revuelta militar se radicalizó como consecuencia de da’wah, la llamada religiosa. Al final emergió el Estado Islámico basado en el seguimiento fiel a una decena de versículos coránicos elogiosos de la espada, la creación de una visión rudimentaria pero práctica y la creencia de que son enviados de Alá para imponer una nueva autoridad social. En sus actuaciones, Estado Islámico unifica territorios, resuelve conflictos internos, dicta su justicia, reniega de la cultura en general alabando jahiliyyah (ignorancia pre-profética). El Estado Islámico representa una terrible y brutal respuesta a la desintegración del Estado y el colapso social en Siria e Irak.

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