El Gobierno despliega su política ideológica contra Religión y a favor de la eutanasia

El Ejecutivo anuncia medidas muy icónicas para la izquierda: reforma integral de la Ley de Memoria, adelgazamiento de Religión, lenguaje inclusivo en la Constitución o regulación de la eutanasia

Todo Gobierno responde en buena medida a su génesis. José Luis Rodríguez Zapatero sacó las tropas de Irak después de un movimiento en las calles sin precedentes contrario a la guerra. Mariano Rajoy aceleró la política de recortes para frenar el gasto público y cuadrar las cuentas. Pedro Sánchez accedió al poder de manera inédita, mediada la legislatura, a través de una moción de censura planteada como réplica a la corrupción del PP, mirando de reojo a su izquierda (Podemos), a su derecha (Ciudadanos y PP) y hacia atrás —la desafección pasada de sus votantes— y siendo muy consciente de su fragilidad parlamentaria. El Ejecutivo sabe que tiene poco tiempo, muy poco tiempo por delante, y que sobre todo le toca lanzar gestos para movilizar a sus bases, marcar una divisoria frente a sus rivales, escorando a populares y naranjas y dejando menos aire a los de Pablo Iglesias. Tiene que correr e intentar no decepcionar. Enarbolar banderas claras, señeras de la izquierda. Icónicas. Potentes.

Banderas poderosas como la exhumación de Francisco Franco y la reivindicación de la memoria histórica, la vuelta a una asignatura de Religión no computable para la media, la reivindicación de un lenguaje inclusivo en la Constitución, el despliegue de medidas inequívocamente feministas, la creación de nuevos “derechos” como la eutanasia, la recuperación de otros como la reproducción asistida para lesbianas y mujeres solas o la sanidad universal, la reversión de los recortes y la vuelta atrás al “desmantelamiento” del Estado del bienestar operado por el PP. Una hornada de medidas ambiciosas y simbólicas que han cubierto las primeras semanas del nuevo Gobierno, cuando no ha llegado ni a los 100 días.

Sánchez ha lanzado mensajes desde su primer minuto en el poder. Prometió su cargo sin Biblia ni crucifijos. Compuso un Gabinete de 11 ministras y seis ministros. Decapitó en cuestión de horas a su fichaje galáctico, Màxim Huerta. Inició el deshielo con Cataluña. Situó en la cima de sus prioridades la lucha contra la pobreza infantil. Dio la vuelta a la política migratoria ofreciendo puerto seguro para los migrantes del Aquarius, resituando el debate en el corazón de Europa. Anunció el regreso de la sanidad universal. Reactivó los planes para la salida de Franco del Valle de los Caídos. Movilizó la rápida renovación de RTVE (aunque la negociación se acabó embrollando). Avanzó la derogación de la ley mordaza o de los aspectos más “lesivos” de la reforma laboral del PP. Y ahora, con las comparecencias monográficas de los ministros en el Congreso, va desgranando las primeras medidas de impacto. Muchas, de calado ideológico.

Solo este miércoles, cuando expusieron las líneas maestras de sus respectivos departamentos Isabel Celaá y Dolores Delgado, el Ejecutivo devolvió al primer plano dos temas de innegable contenido simbólico. Religión y memoria histórica. La titular de Educación avanzó que promoverá una revisión limitada de la Lomce, la ley que puso en pie de guerra a la comunidad educativa y que rechazó la oposición en bloque cuando el entonces ministro José Ignacio Wert la impulsó, en 2013. Aunque no se montará una normativa que sustituya a la ley Wert —”derogarla sin más no se puede porque nos quedaríamos sin legislación y no sería razonable”—, la ministra sí adelantó que se modificarán los elementos más “perturbadores” del modelo del PP para fomentar la igualdad de oportunidades.

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