El Gobierno español anuncia un “precio fijo” para los libros de texto y luego rectifica

Fue especialmente sonada y comentada, dentro de la campaña electoral para las recientes elecciones generales del 14 de marzo, una doble iniciativa soc…

Fue especialmente sonada y comentada, dentro de la campaña electoral para las recientes elecciones generales del 14 de marzo, una doble iniciativa socialista en la que José Luis Rodríguez Zapatero prometía “un ordenador por cada dos alumnos” (no sabemos si se cumplirá) y “libros de texto gratis”. Aunque esto último fuese de manera progresiva, no se parece mucho a lo que el Ministerio de Cultura anunció este jueves 9 de septiembre: una ley que establecerá el “precio fijo y sin excepciones”. Como hasta ahora se podían comprar los libros con un 25 por ciento de descuento en algunos grandes centros comerciales, los padres (principales consumidores de este material) serán los grandes perjudicados, ya que dará lo mismo comprar los textos en una pequeña librería que acercarse hasta el centro comercial.

De momento, la polémica está servida a pesar de que el propio Gobierno, a menos de 24 horas de hacerse pública la noticia, ha rectificado. En una nota emitida este viernes a última hora de la mañana, el ejecutivo desmiente que tenga previsto eliminar los descuentos. Sin duda, la rectificación está estrechamente relacionada con las enérgicas reacciones con las enérgicas reacciones expresadas por padres y consumidores.

La iniciativa gubernamental beneficiaría a las pequeñas librerías y, sobre todo, a las grandes editoriales, integradas en la Asociación Nacional de Editores de Libros. Ello quiere decir que Santillana (y, por tanto, el grupo Prisa) saldría ganando con una medida que no se parece a las promesas electorales de Zapatero, pero sí (y mucho) a la política que su predecesor socialista, Felipe González, puso en marcha entre 1982 y 1996 para ayudar económicamente al ya tradicional entramado mediático que apoya al PSOE.

Si la ley sale adelante en los términos anunciados, se igualarán los precios de los libros de texto, pero hacia arriba; es decir, sin descuentos. Ello, además de ser una clara interferencia en el mercado, quiere decir que el Gobierno se quita el peso y la responsabilidad de subvencionar el trasvase de costes que significaría una igualación en sentido contrario: con descuentos para todo el mundo. Ésta no es, por otro lado, la única alternativa. Otra posibilidad pasaría por dar bonos de descuento a los padres para libros escolares. Acercarse a la gratuidad, en definitiva, pasa por aumentar las subvenciones, no por establecer un precio fijo con el argumento de que los actuales descuentos perjudican a los pequeños comerciantes.

Lógicamente, y a pesar de la rectificación,el anuncio dará mucho que hablar. De entrada, las asociaciones de consumidores han expresado su protesta y los pequeños comerciantes, igual que las grandes editoriales, han aplaudido la iniciativa. Y mientras tanto, hay un colectivo que siempre tiene las de perder: los padres de los niños y niñas que necesitan el material para su educación.

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