El Gobierno ‘maquilla’ las cifras de los subsidiados: ya hay casi uno por cada trabajador

Cuando se plantean los problemas de la Seguridad Social en un futuro inmediato, el Gobierno argumenta que el sistema de pensiones goza de buena salud …

Cuando se plantean los problemas de la Seguridad Social en un futuro inmediato, el Gobierno argumenta que el sistema de pensiones goza de buena salud porque los actuales 17,5 millones de empleados, incluidos los autónomos, pueden mantener sobradamente a los 8,6 millones de jubilados. La relación es de dos a uno, dicen.

Sin embargo, el Gobierno ‘maquilla’ las cifras de los subsidiados que dependen de la Seguridad Social, ya que a los jubilados que han cotizado a lo largo de su vida laboral (si se cuenta la pensión contributiva y la no contributiva suman más de nueve millones), hay que añadir el subsidio del paro y la pensión de viudedad.

Cabe resaltar que la cifra de receptores de pagos por desempleo alcanza casi los 2,9 millones de personas, mientras que las pensiones de viudedad integran a un colectivo de 2,3 millones, con lo que el total de ciudadanos que reciben prestaciones de la Seguridad Social están por encima de los 14,2 millones de personas.

Un trabajador por subsidiado

Esto supone prácticamente una relación casi de uno a uno, es decir que cada trabajador, asalariado o autónomo, soporta una carga de casi una persona subsidiada por el Estado.

Así las cosas, la salud del sistema de pensiones no está tan garantizada como presume el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero. Y es que el número total de dependientes de este tipo de prestaciones supone el 82% de la cifra de afiliados a la Seguridad Social.

Hay que señalar, además, que el presupuesto de Estado ya financia una parte de la Seguridad Social a través de los despedidos.

A todo esto hay que añadir dos cargas extra para el Estado, las de los no activos, o sea los estudiantes, bien sean de la Universidad o de la enseñanza obligatoria en la escuela pública, y los dependientes.

Es decir, que la actual situación incluyendo paro y viudedad no sólo pone en riesgo el equilibrio de la Seguridad Social sino que ya está presionada por esas otras dos vías, la de la dependencia y la de los estudios.

Todo ello muestra una estructura muy desequilibrada que tiene que ver con el pasado y con el futuro. Cuando hablamos del pasado nos referimos a las pensiones (jubilaciones y viudedad) y la dependencia, que no es en sí misma pasado pero que en su mayoría está formada por personas de mayor edad, que son las que generan eventualmente de forma natural dependencia. El futuro evidentemente se conforma con los universitarios y la enseñanza obligatoria.

¿Dónde se encuentra, pues, el desequilibrio?, cabe preguntarse. Pues en que esta sociedad destina mucho más dinero a los que no podrán producir y esto desemboca en un circulo vicioso.

Por otra parte, podría llegarse a una conclusión moral: o se produce un cambio radical del actual paradigma o el Estado podría optar por resolver el problema por la vía de la promoción de la eutanasia, de la que ya hace tiempo se reclama en España su legalización desde diferentes sectores pro eutanasia.

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