El gurú de Zapatero

El Mundo ha entrevistado a un diputado de nombre prácticamente desconocido para la inmensa mayoría, José Andrés Torres Mora. Incorporado al Congreso p…

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El Mundo ha entrevistado a un diputado de nombre prácticamente desconocido para la inmensa mayoría, José Andrés Torres Mora. Incorporado al Congreso por Málaga en una fecha tan reciente como el 2004, es un profesor de sociología de escasísima obra escrita que ahora ocupa la vicepresidencia de la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados, y ha sido nombrado recientemente por su amigo el presidente Zapatero como el responsable de la cosa de la Memoria Histórica.
 
Pero ninguno de estos hechos refleja la singularidad y la importancia política de esta persona, sino su condición de inspirador intelectual del discurso y la política de Zapatero.
De este tipo de asertos siempre se puede dudar, pero leyendo sus textos, con la ventaja de que son escasos y de fácil lectura, porque practica el discurso blando donde lo que importa es la armonía de la narración consigo misma y no su concordancia con los hechos, permite constatar que debe ser cierto tal influencia ideológica.
 
En cualquier caso la semejanza entre lo que dicen uno y otro es notable. Más rica en vocabulario y conceptos en el profesor universitario, reducida al vocabulario básico, más convencional en el caso de Rodríguez Zapatero como corresponde a una persona de escasa lectura y todavía menores viajes. Aun está por contar la historia cultural y de las ideas que hace posible que un hombre del aparato, de provincias, diputado de brillantez desconocida a pesar de sus muchísimas legislaturas a cuestas, llegue a ser secretario general del PSOE, primero, y presidente del gobierno, después.
Todo esto no tiene nada de irónico, ni de crítico, es la descripción de unas evidencias apasionantes que dicen mucho de la sociedad española.
José Andrés Torres Mora, el diputado Torres para abreviar, presume de que él y Zapatero asumieron la tradición “liberal igualitaria” a la que le sumaron la de “la democracia participativa y deliberativa”, eso que llamamos ”el socialismo de los ciudadanos”.
 
Y realmente, la mejor definición es esta: “eso” porque resulta difícil de entender que se le pueda llamar democracia participativa y deliberativa al sistema que rige en España, basado en un partitocracia escandalosa, donde cada vez más son las corporaciones las únicas que tienen capacidad de interlocución con el gobierno.
 
Eso y los grupos de presión de su entorno cultural y económico, desde los empresarios que hacen “La Sexta” a las pequeñas organizaciones del homosexualismo político.
 
Un sistema de listas cerradas y bloqueadas donde quien elige realmente a los diputados es la dirección de cada partido, y un modelo de financiación de estas organizaciones políticas tan cuantioso y tan poco transparente que convierte a las cuotas de los afiliados y simpatizantes en calderilla, y en donde solo cuenta el presupuesto público y el juego de las grandes empresas.
Sin una elección directa por parte de los diputados y una financiación que sea realmente transparente y menos costosa para el erario público, en definitiva, unos mecanismos que empujen a los partidos a depender realmente de los ciudadanos, esto de la “tradición liberal igualitaria” y la “democracia participativa” que nos vende el diputado Torres, es, y perdonen la expresión, una gran tomadura de pelo, una manifestación de que en la actual política española el lenguaje puede ser un puro ejercicio estético que no guarde ninguna relación con la realidad, incluso que la contradiga.

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