El héroe apuñalado

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Ignacio Echeverría, nuestro héroe del monopatín, era de estas personas que al principio pueden resultar distantes por ser un tanto serio y además algo tímido e introvertido; pero que una vez pasado esa primera impresión se descubría, en él:

  • A un joven con valores y principios sólidos, que no tenía dobleces.
  • A un joven cabal, auténtico.
  • A una persona que tampoco tenía segundas intenciones.
  • A un noble ciudadano que no entendía a las personas cínicas e hipócritas.

Además era profundamente religiosa y amigo de sus amigos. Amigos estos que eran pocos pero de verdad.

A Ignacio no le gustaba ser protagonista o amigo de participar en reuniones sociales.

De este mundo nuestro actual, tan confuso tantas veces, no entendía la segregación por clases sociales, razas, religiones o nacionalidades.

En todas las anécdotas que se recuerdan de este joven trasciende una cualidad que está presente siempre su humilde normalidad y su sencillez.

Él, sin quererlo, ha pasado a convertirse en un héroe.

Un héroe internacional por haber realizado el acto más generoso que puede realizar una persona:

  • Sacrificar su vida por salvar a otra, que además tan siquiera conocía.

Ignacio Echeverría, según cuenta su párroco, es el ejemplo de los que tienen una conducta cristiana allá donde estén.

Sobre la crisis de los refugiados, su respuesta era:

  • “Yo intento ser una persona misericordiosa y procuro ayudar siempre”.

Ignacio acudía todos los domingos a Misa.

En Las Rozas. Madrid, su lugar de residencia en España, participaba en un grupo de acción católica; y se reunían dos veces a la semana. Él lógicamente lo hacía cuando podía. El objetivo era hacer examen de conciencia sobre la vida propia y contar las cosas que le ocurrían a la luz del evangelio, sacando con ello ideas para la vida diaria.

No sólo sus amigos y compañeros lo echarán de menos, también lógicamente sus familiares, y los niños con los que jugaba y le encantaba pasar el tiempo.

Descanse en paz, en el Cielo y con Dios, nuestro querido Ignacio:

  • Él, supo, quiso y pudo vivir para intentar construir la paz en este mundo nuestro tan turbio y tan extremadamente malvado.
  • Él, con su ejemplo nos ha dejado un testimonio valiosísimo.

Y además con su vida virtuosa y solidaria; y con este final tan tremendamente cruel, pero a su vez tan tremendamente valioso, nos ha dejado un espejo en el que se pueden mirar las futuras generaciones.

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