El hijo de mi amiga se ha suicidado

Acaban de comunicarme que el hijo de una amiga mía se ha suicidado. Es una noticia mala y triste. Lo siento por él y por su familia y conocidos. Cada …

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Acaban de comunicarme que el hijo de una amiga mía se ha suicidado.

Es una noticia mala y triste. Lo siento por él y por su familia y conocidos. Cada suicidio es un drama, porque significa que alguien se sentía sólo, desesperado, acorralado y hundido.

Normalmente, la única explicación razonable es la enfermedad psíquica. La gente normal, pese a la complejidad y agobios de ésta vida, supera ese momento de ofuscación.

Presentar el suicidio como un acto de libertad, aunque se haya preparado con tiempo, manifiesta una gran desconocimiento de la realidad. El suicida es una persona asfixiada e incomunicada. Si pudiésemos preguntarle por qué lo ha hecho diría que no lo sabe.

El suicida no es un cobarde, pero tampoco es un héroe al que imitar. Sólo la enfermedad explica y justifica, y sirve de consuelo entenderlo, esa reacción desesperada y dramática ante los problemas vitales.

Cada persona es un misterio insondable. Nunca podremos bucear hasta el fondo de su conciencia. Pero todo indica que el suicida se sentía sólo, falto de amor.

Pienso que los familiares no deben atormentarse, porque la enfermedad del suicida consiste precisamente en ese deformar la realidad, con una subjetividad enfermiza que le hace sentirse sólo pese a la familia y las amistades.

Quien hace apología del suicidio, como hace Olga Xirinacs en su último libro, sí que es culpable del influjo negativo de sus ideas erróneas.

El suicidio no es acto pleno de libertad porque quien se quita la vida es un enfermo, una persona cansada, que no sabe valorar el tesoro de la vida, olvida que los demás le necesitan y desconoce que millones de personas –huérfanos, ciegos, paralíticos, etc.- desearían ocupar su lugar aunque a él le parezca el peor de este mundo.

Agradezco a tantos enfermos graves y a todas las personas con serios problemas personales, familiares o económicos su ejemplo de lucha, esperanza y sentido de la vida. Y me uno especialmente al dolor inmenso de quienes han perdido a un ser querido.

Porque creo en esta vida tengo claro que el suicidio es una enfermedad. Porque creo en la otra vida estoy seguro de que la misericordia de Dios hará que volvamos a vernos con una felicidad nueva y definitiva.

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