El hijo de Noé, por Eric-Emmanuel Schmitt

Eric-Emmanuel Schmitt, dramaturgo y novelista francés, es conocido sobre todo por ser el autor de Ibrahim y las flores del Corán, obra de teatro lleva…

Eric-Emmanuel Schmitt, dramaturgo y novelista francés, es conocido sobre todo por ser el autor de Ibrahim y las flores del Corán, obra de teatro llevada al cine en el 2003, con interpretación del mítico Omar Sharif.
 
Esta es su nueva novela. Una narración ágil, entretenida y substanciosa a la vez. Una historia sencilla contada por un judío belga que fue niño cuando los nazis invadieron su país, y que nos cuenta cómo se disfrutó de su infancia a pesar del terror y de la persecución del Tercer Reich.
 
Mientras que la gran mayoría de la literatura sobre la Shoah parece destilar un desánimo metafísico frente a la barbarie humana ocasionada por la Ilustración, esta historia parece apuntar a la esperanza desde el mismísimo corazón de la ocupación nazi. No se trata de ese encuentro con la belleza que en “Sin destino”, de Kertész, parece salvar al niño de su abandono a la muerte, mientras, sumido en su enfermedad, contempla una zanahoria flotando en su tazón de sopa aguada de campo de exterminio.

Tampoco se trata de la mera sensación de extrañeza ante la humanidad que se adivina en las páginas siempre positivistas como el hielo del suicida Primo Levi. Se trata de algo muy distinto, de un encuentro con un hombre que vive con un horizonte más amplio que el que parece estilarse en aquella época y por aquellos parajes.
 
El padre Pons, un sacerdote católico, tiene un colegio en Villa Amarilla, a las afueras de Bruselas, donde, junto a escolares de la región, tiene internos a gran cantidad de niños judíos con documentos falsificados. Como les dice, los protege porque “vuestras vidas no son solo vuestras vidas: son portadoras de un mensaje. Me niego a dejar que os exterminen”.

 
Joseph, el niño protagonista de la novela, le conoce cuando sus padres se deshacen de él intentando que por lo menos su hijo sobreviva al holocausto. Desde ese momento su vida, junto a su maestro y amigo, empezará un bello camino educativo que sorprende por su realismo y positividad en unas condiciones tan adversas como las que allí se dan.
 
A su alrededor encontramos entrañables personajes que en seguida descubrimos como únicos e irrepetibles: la revolucionaria Marcelle, en la que parece que se encuentran, curiosamente juntos, los valores más jacobinos con una misericordia nada ideológica; Rudy, el adolescente gigantón que parece ser el mayordomo de un niño mucho menor que él; el oficial de la Gestapo que hace la vista gorda con los niños circuncidados frente al estupor del padre Pons; … Sin embargo, como en el caso del Papa Juan Pablo II, este sacerdote parece que guarda algo que lo convierte en foco de sucesos extraordinarios. Como decía Guardini: “En el contexto de un gran amor todo se vuelve acontecimiento en su ámbito.”
 
Así el libro es recomendable porque desvela la importancia de la amistad en los hombres, sobre todo en lo que respecta a su educación. Pero podríamos ponerle peros. Por ejemplo: el autor no entiende hasta el fondo la realidad de la religión cristiana cuando hace decir cosas a sus personajes como que “un cristiano es un judío que ha dejado de esperar” o como cuando les hace preguntarse si “los cristianos no serán solamente unos judíos sentimentales”.
 
Otro ejemplo es ver cómo el padre Pons no deja de confundir la religión o la cultura con un mero conjunto de objetos que hacen referencia a un pasado que hay que preservar. Es decir, es como si el pueblo cristiano fuese solo el hermano pequeño del pueblo judío, y no fuese a la vez el lugar donde experimentar al infinito presente, donde renovar los motivos para la esperanza.
 
Eric-Emmanuel Schmitt
El hijo de Noé
Anagrama
149 págs.
14 euros
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