El hombre y la hormiga

En esta ocasión, El hombre y la hormiga nos recuerda lo fácil que es ver la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el nuestro. Una tend…

En esta ocasión, El hombre y la hormiga nos recuerda lo fácil que es ver la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el nuestro. Una tendencia que Esopo nos recuerda en su fábula del pasado, pero que sigue siendo perfectamente válida para el presente.

El hombre y la hormiga

“Se fue a pique un día un navío con todo y sus pasajeros,

y un hombre, testigo del naufragio,

decía que no eran correctas las decisiones de los dioses,

puesto que, por castigar a un solo impío,

habían condenado también a muchos otros inocentes.

Mientras seguía su discurso, sentado en un sitio plagado de hormigas,

una de ellas lo mordió, y entonces, para vengarse, las aplastó a todas.

Se le apareció al momento Hermes,

y golpeándole con su caduceo, le dijo:

-Aceptarás ahora que nosotros juzgamos a los hombres

del mismo modo que tu juzgas a las hormigas”.

Mi apreciado amigo Esopo: Nos ofreces hoy una reflexión sobre la dureza de juicio ante el actuar ajeno. Con demasiada facilidad somos misericordiosos con nosotros mismos, y a la vez justos jueces milimétricos ante el actuar ajeno. Razón tenía tu coetáneo, no recuerdo el nombre, al comparar la existencia humana con una peregrinación, en fila única, donde cada uno lleva dos mochilas, una delante y otra detrás. La mochila delantera va llena de nuestras virtudes y la trasera de nuestros defectos. Y claro, vemos con mucha facilidad los defectos ajenos y las virtudes propias; y con esa visión nos apresuramos a juzgar y condenar al prójimo.

Hermes, el mensajero de los dioses, nos trae una enseñanza elemental: antes de condenar a tu hermano examina al menos tus últimas acciones. Y después, ese es el añadido cristiano, compréndele y perdónale. Así, cuando tú también te equivoques, recibirás el perdón de los que te rodean, y por añadidura de Dios. Si antes de emitir un juicio contásemos hasta diez, otro gallo cantaría.

Antes de juzgar el actuar ajeno, juzga primero el tuyo

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