El ingenio amoroso de Jesús

Hay muchas personas católicas, especialmente jóvenes, que dicen que no van a la Santa Misa porque la Santa Misa no les dice nada. &iques…

Hay muchas personas católicas, especialmente jóvenes, que dicen que no van a la Santa Misa porque la Santa Misa no les dice nada. ¿Y qué tiene que decir la Santa Misa según su entender? ¿Qué les tiene que decir a ellos para que sea útil?

En muchas ocasiones el problema es que esas personas no saben lo que la Santa Misa significa, les falta formación cristiana, les puede faltar incluso fe y también les puede faltar disponibilidad para entregarse con generosidad a los misterios de Jesucristo. Otro aspecto es la comodidad, se está más a gusto en casa o de fiesta o dando un paseo.

Por otro lado hay muchos cristianos que desconocen los sacramentos, que los viven muy superficialmente, que no profundizan en las fuentes de la fe, no profundizan en la doctrina catequética.

La Santa Misa tiene sus raíces en lo más trascendente de la vida de Jesucristo. La Santa Misa podíamos decir que es el culmen del más importante misterio de Amor; es la renovación incruenta de la muerte en cruz de Cristo, muerte con la que nos consigue la Eternidad, la felicidad absoluta y plena.

La Santa Misa es la vivencia de la grandeza existencial de la mayor obra de generosidad que ha tenido lugar en el mundo; tan es así que este mundo depende de Ella. La Santa Misa es Dios que derrama el inagotable e inmenso caudal de ese “Manantial de Vida y Amor que salta hasta la Vida Eterna”.

En este acto litúrgico, en este: “Pan de la Sagrada Eucaristía” está contenida “La Gracia Sobrenatural que sostiene toda la inmensidad del cosmos”. Todo se convertiría en nada, todo se desintegraría, si este Señor que reside en el Sagrario decidiera eliminar su obra creada.

Tú y yo, y aquel, y aquel otro, dependemos de un “Misterio de Amor”. Un misterio intenso y sobreabundante, un misterio de amor que cada día se hace “Vida” en la Santa Misa.

El Amor de ese Jesús de la Santa Misa sostiene nuestro ayer y nuestro hoy; nuestro cuerpo y nuestra alma; nuestra inteligencia; nuestros amores; nuestras ilusiones. Sostiene nuestros proyectos; nuestra vibrante vitalidad; nuestra felicidad con sobresaltos emotivos de joven vitalista y nuestra felicidad pausada de adulto comedido.

En la Santa Misa podemos ofrecer al Señor Jesús: nuestras preocupaciones, nuestros dolores, nuestros amores, nuestras contradicciones. “Y con Él comprobaras en tu vida el aliento impulsor: de nuevas ‘Gracias’, de nuevas ‘Victorias’”.

Si quieres participar en algo distinto a todo lo cotidiano: ¡Ve a Misa! Si quieres seguir con tu vida: ¿Quizás rutinaria? ¿Quizás anodina? ¿Quizás sin salsa ni sal? Si quieres seguir así: ¡No vayas!

En esta vida todo lo que vale cuesta, todo lo importante exige sacrificio. “El tesoro valioso del Evangelio está escondido y no lo puedes buscar en el relajamiento acomodado de una vida superficial”.

¡Tienes que buscarlo!, en las veredas con ascensos difíciles, en las trochas de la incomprensión; búscalo también, en el cada día exigente, complicado, incomprensible, riguroso.

“Búscalo: en la Iglesia, en el confesionario, en la Santa Misa, en la meditación, en el examen que cada día puedes hacer al fondo de tu conciencia”.

Hazte socio

También te puede gustar

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>