El insultante mundo de los canallas

Hay insultos que deberían por sí mismos ser considerados delitos, aunque en España todo o casi todo se permite, en cuanto a lo ve…

Hay insultos que deberían por sí mismos ser considerados delitos, aunque en España todo o casi todo se permite, en cuanto a lo verbal se refiere.

Hay insultos, obscenidades o blasfemias que no se deberían permitir y que no quiero citar por respeto. Tampoco se debían de permitir insultos relacionados con las discapacidades de cada uno, por ejemplo: cojo, ciego, tuerto, vizco, manco, deficiente, subnormal, mongólico, desgraciado. Considero que la dignidad de la persona es inviolable y toda persona merece un respeto y debe ser tratado siempre con agrado y benevolencia. Todos somos hijos de Dios y como tales merecemos un digno trato acorde con nuestra condición de herederos de un Don Divino. Si además se da la circunstancia de que tienen alguna deficiencia, más motivo aun para que seamos delicados en el trato a esas personas; pues quizás por esas deficiencias ellos mismos ya lo pasan mal, pues por ejemplo pueden tener complejos o considerarse inferiores y por lo tanto si nosotros los insultarnos acrecentamos el mal que ellos ya de por sí tienen.

Igualmente, no se deberían permitir motes, en algunos casos muy crueles, y más aún cuando se repiten insistentemente y en circunstancias especiales y cuando más daño hacen.

Las novatadas en las residencias universitarias, por ejemplo, son una auténtica muestra de insensibilidad social y además entre gente que se entiende deberían tener un nivel cultural alto; y sin embargo, en esos casos, actúan como auténticos delincuentes.

El Gobierno, en estos casos muy frecuentes por desgracia, ya está tomando medidas para evitar estas novatadas inexplicables, pero que denotan la baja moralidad y ética de nuestra sociedad; una sociedad corrupta en valores y en dignidad e insensible al daño que hacemos a los demás. Por pasarlo bien no todo vale, dada la grandeza del ser humano.

En muchas ocasiones actuamos como animales, como bestias, como auténticos salvajes, y en esas circunstancias nos olvidamos y abandonamos la magnitud de los dones que como seres humanos hemos recibido.

El acoso escolar es otra muestra de lo que estamos diciendo, esto que hoy también se llama bullying está causando graves problemas en los colegios y en los institutos; ya hoy es un problema social grave, muy grave teniendo en cuenta que acaba en algunos casos en suicidio y en otros en depresiones, ansiedad, falta de atención y en problemas psíquicos importantes. Y todo esto denota también la falta de civilización, vivimos en sociedades incivilizadas y llenas de líderes que implantan sistemas abusivos en los grupos juveniles, en las pandillas, en grupos que se dedican a atemorizar y a violentar a los demás.

También todo esto denota la falta de sensibilidad social y colectiva: los vecinos no se entienden, los colegas tampoco se entienden, los socios tampoco se entienden, los amigos en muchas ocasiones tampoco se entienden y se tratan mal; y esto se debe a que falta educación, principios morales, ética, nobleza, lealtad, cordialidad, respeto … Vivimos en una cultura chabacana, sin fundamentos y sin principios. La norma de conducta es: "si me apetece hacerlo lo hago, caiga quien caiga".

Ese relativismo en todo nos lleva a que no pueda haber normas de comportamiento ni de nada. En muchas ocasiones la norma es mi capricho, mi "santa voluntad". No hay normas de conducta, ni normas para respetar a los demás, ni buenos modales.

Podíamos llegar a este paso al relativismo de la propia existencia, en la que el valor de la propia existencia y la de los demás será relativa y podremos valorarla a nuestro antojo y hacer con ella lo que queramos, porque la libertad o más bien libertinaje será el dueño de todo. ¡Vida, poder y libertinaje! ¿Quién podrá más?

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