El Jueves: falta moral y sobra moralismo

La retirada de la revista El Jueves de los quioscos y el cierre de su web como consecuencia de una decisión judicial inspirada por el Fiscal General d…

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La retirada de la revista El Jueves de los quioscos y el cierre de su web como consecuencia de una decisión judicial inspirada por el Fiscal General del Estado, debería ser motivo de reflexión. Una reflexión que contiene diversos y contradictorios ingredientes.

Es evidente que de acuerdo con el fin que perseguía evitar (la difusión de una portada de mal gusto sobre los príncipes de Asturias) ha resultado del todo contraproducente, porque en una sociedad que vive anclada en el escándalo y donde los medios de comunicación, los amarillos y los que no lo son, viven de ello, ha tenido como resultado una mayor difusión.

Este enunciado ya da lugar a un tipo de reflexión sobre la eficacia de determinadas normas jurídicas.

Existe otro enfoque de reflexión: el de pensar en el desequilibrio que existe en nuestra sociedad entre la protección de la imagen de la Corona, como ahora se ha visto, en relación a otros valores fundamentales.

Por ejemplo son próximos los relatos y escenificaciones deliberadamente groseros y de mal gusto sobre componentes de lo sagrado para la primera religión de los españoles en la persona de Jesucristo y la Virgen. En estos casos la impunidad, la inactividad de fiscales y jueces es siempre la norma. ¿Qué nos dice esto? Pues básicamente que existe una religión de Estado que está sobreprotegida y que se concreta en la jefatura del mismo, en la figura del Rey.

Existe todavía otra posible consideración: el derecho a la información no puede ser ilimitado. En teoría hay una frontera basada en el derecho al honor que en la práctica no funciona.

Pero no se trata solo de este aspecto sino de la circunstancia de que muchos de los periódicos teóricamente serios de este país, incorporan en sus páginas publicidad proxeneta que en Europa solo es admitida en la prensa amarilla. Aquí hay otro tipo de información que plantea los límites al derecho a informar.

Programas enteros de televisión se sitúan en torno a la intromisión en la vida de las personas. Si estas son actividades amañadas, en el sentido de que los que participan en ella cobran por exponer sus vergüenzas al aire, sería razonable que tal dato fuera de obligatoria exhibición antes de la emisión, a fin de diferenciar al profesional del escándalo de la persona que sin comerlo ni beberlo, simplemente porque tiene un determinado nivel de notoriedad, se encuentra sometido al escarnio público.

También es necesario observar que entretener no es equivalente a informar. Divertir no es dar una información. En el caso de los príncipes la información hubiera consistido en decir que ellos pensaban cobrar los 2.500 euros. Presentar el dibujo soez como se hizo era entretener, y el entretenimiento no puede tener el mismo trato que la información. La jurisprudencia española no clarifica para nada todas estas cuestiones y tiene sometida a la sociedad a un continuo vaivén del que se lucran los transgresores, los desaprensivos, y en general la mayoría de medios de comunicación que necesitan de todo este meneo para vender. Mal asunto.

Por eso sería bueno que el Poder Judicial, las asociaciones profesionales de este ámbito, encontraran tiempo y dedicación para revisar la situación y hacer un esfuerzo profesional para situar encima de la mesa unas propuestas concretas que pudieran servir de criterio a la sociedad y, sobre todo, al Parlamento y al Gobierno. Lo lógico sería que este trabajo de desbrozamiento lo hicieran los partidos políticos, pero esto es tan utópico que no vale la pena ni el escribirlo.

En España tenemos cada vez más un déficit moral y un exceso de moralismo. Déficit moral por la creciente incapacidad para deslindar el bien del mal. Moralismo porque cada vez más el gobierno se mete en las casas, en los hogares, incluso en las camas, para decirnos qué hemos de hacer, cómo hemos de repartir nuestro tiempo, como debemos practicar el acto sexual, qué debemos comer y demás historias de este tipo.

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