El juicio a Morín recibe una información periodística sesgada

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El largo juicio al doctor Morín y a una decena larga de inculpados, que se mantendrá hasta noviembre, permite observar cómo el aborto sigue siendo un elemento totémico para una determinada ideología política. A lo largo de este juicio se van produciendo hechos, pero estos no son expuestos a la opinión pública con un mínimo de objetividad sino que en algunos medios, entre los que destaca la propia agencia EFE, El País, pero también El Mundo, que en este terreno no mantiene diferencias con su habitual competidor, orientan la información en los términos que más les interesa. Y lo que les interesa es mantener la defensa del aborto a capa y espada, aunque sea en un caso tan escandaloso, tan cruento, tan inhumano, como el de Morín. Para ellos, lo único que cuenta es que el aborto no reciba ningún tipo de condena, a pesar de la brutalidad de muchos actos cometidos. Esto es consecuencia de la ideología, claro está, que ciega la mente de las personas. Esta ideología de un falso progresismo que, carente de banderas de justicia y transformación social, ha de utilizar estos tristes sucedáneos. Es una vergüenza también desde el punto de vista profesional. No hace falta estar contra el aborto para reseñar lo que realmente, por ejemplo, vienen diciendo durante estos días las mujeres llevadas como testigos.

Para mostrar la categoría de la manipulación vale la pena recordar algunas cosas. Empezando por donde se debe, por el inicio. Las defensas, la de Morín y la de los otros inculpados, han intentado desde el origen que las mujeres que abortaron fueran procesadas como inculpadas y así lo solicitaron. O sea, los defensores del aborto son los que levantan la bandera concreta de la posible condena penal de la mujer que ha abortado, mientras que la acusación, tanto la privada como la fiscal, sostenía lo contrario. Al final, el juez dio razón a esta segunda parte. El motivo de esta estrategia era muy concreto. Pensaban que de esta manera las mujeres prácticamente no declararían, porque evidentemente lo que les interesa a las defensas de Morín y compañía es el máximo silencio, la máxima ocultación posible.

Ahora que han empezado a declarar emergen todas las evidencias del caso. Por ejemplo, hay una coincidencia clara de que las mujeres que previamente habían llamado por teléfono y que se conoce la conversación que sostuvieron iban a abortar, como ellas mismas declaraban, advertidas de que tenían que llevar el dinero en mano. Subrayemos: dinero en metálico, porque todos los abortos se hacían bajo esta contrapartida. Llevaban el dinero antes de practicar cualquier reconocimiento médico. ¿Para qué pagar un acto que aún no se ha verificado que realmente se pueda hacer? A lo largo de sus declaraciones se ha visto que, por una chapuza más de los responsables de las clínicas, las mujeres en muchos casos acudieron a una vía ilegal para abortar, falsificando el procedimiento, no ellas, sino las clínicas. Eran casos concretos donde existía una malformación objetiva y podían haber abortado por esta vía. Pero, no, lo hicieron por el gran agujero negro de los problemas psicológicos sin los preceptivos informes periciales. La realidad es que, posiblemente, como en el caso de malformación el límite está en las 22 semanas, la clínica prefiriera abordar por la vía de lo ‘seguro’ e ir por la del daño psicológico, que no tiene límite, y no exponerse en el caso de que muchas de estas mujeres estuvieran por encima de las 22 semanas.

Se ha visto claramente que las tres cuartas partes de las mujeres que declararon no vieron al psiquiatra. ¿Se necesita mayor demostración? Pues, a pesar de ello, El Mundo, El País y otros medios se empeñan en disfrazar con los titulares tal evidencia y pretenden dar la imagen de que la culpabilidad de Morín no queda demostrada con estas declaraciones. Cuando se constatan hechos como los establecidos, el pago por anticipado por practicar el aborto cuando no se ha realizado ningún reconocimiento médico y la constatación clara de que el psiquiatra solo actuó en un número reducido de casos, es difícil creer que tal interpretación tenga la más mínima base.

Lo dicho, hoy por desgracia demasiados medios de comunicación generales, en estos y en otros temas, no quieren informar sino que se limitan a adoctrinar. Y además lo quieren hacer desde una pretendida neutralidad. Porque, adoctrinar desde un medio de comunicación es perfectamente legítimo si se presenta con las cartas descubiertas y define de entrada cuáles son sus postulados. Lo que no vale es teñirse de una pretendida objetividad periodística, de una neutralidad, y levantar su bandera en cada información. Si engañan, si deforman los hechos en el caso Morín, la pregunta que nos hemos de formular es en cuántos otros temas de los que no disponemos de información directa también nos dan estos medios de comunicación gato por liebre.

Josep Miró i Ardèvol, presidente de E-Cristians y miembro del Consejo Pontificio para los Laicos

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