El labrador y la cigüeña

En esta ocasión Esopo nos recuerda con El labrador y la cigüeña la necesidad de calibrar bien nuestros actos y en compañ&iac…

Forum Libertas

En esta ocasión Esopo nos recuerda con El labrador y la cigüeña la necesidad de calibrar bien nuestros actos y en compañía de quién los hacemos. El silencio ante quienes obran mal o el no haber participado directamente en el hecho dañino no nos exime de responsabilidad si les acompañamos.

El labrador y la cigüeña

“Un labrador colocó trampas en su terreno recién sembrado

y capturó un número de grullas que venían a comerse las semillas.

Pero entre ellas se encontraba una cigüeña,

la cual se había fracturado una pata en la trampa

e insistentemente le rogaba al labrador le conservara la vida:

-Te ruego me liberes, amo –decía-, sólo por esta vez.

Mi quebradura exaltará tu piedad, y además, yo no soy grulla,

soy una cigüeña, un ave de excelente carácter, y soy muy buena hija.

Mira también mis plumas, que no son como las de esas grullas.

El labrador riéndose dijo:

-Será todo como lo dices, pero yo sólo sé esto:

Te capturé junto con estas ladronas, las grullas,

y por lo tanto te corresponde morir junto con ellas”.

Mi apreciado amigo Esopo: Nos regalas hoy una fábula un poco cruel e inmisericorde con la buena cigüeña, ese ave que representaba el hermoso don de la vida naciente y ahora la identificamos demasiado con "un adorno, y a veces peligroso, de algunas torres". ¿Será que con el progreso ha perdido brillo el don de la vida naciente?

Pero no van por ahí los tiros, mejor dicho, la trampa, del labrador. Como buen agricultor, quiere proteger su siembra, defenderla de los ladrones (las grullas). Y su lógica es muy sencilla: castigar a quienes intentan el robo. Puede ser un robo en toda regla, pensado y planeado, como fue el intento de las grullas atrapadas, o un robo casual, por curiosidad, casi sin querer, como el de la cigüeña. Uno y otro son delitos, si bien uno más grave que otro, y ambos merecen un castigo.

La excusa del "no sabía", "no quería", "mira mi patita rota" es eso, una excusa. Para lo bueno y para lo malo, somos responsables de nuestros actos, y con razón concluyes con tu moraleja. Si acompañamos al malvado, callamos ante sus actos y aprovechamos para llevarnos algún granito, no nos extrañemos cuando también a nosotros nos pidan cuentas del mal.

Quien se asocia con el malvado, con él perece

Hazte socio

También te puede gustar