El lenguaje y el trasfondo moral de la televisión

De una forma absolutamente avasalladora el lenguaje que utiliza nuestra televisión es deleznable. Bajo la premisa de que así se produce en la sociedad…

Forum Libertas

De una forma absolutamente avasalladora el lenguaje que utiliza nuestra televisión es deleznable.

Bajo la premisa de que así se produce en la sociedad se utilizan palabras insultantes, ofensivas, de una manera tan abundante que roza la parodia de esta realidad que se quiere manifestar.

Este no es un tema menor. El lenguaje es lo que precisamente denota nuestra condición humana. Degradar esta esencia del ser persona como hace la televisión, es degradar nuestro patrimonio humano.

Cuando esto sucede en las televisiones públicas el hecho es todavía peor porque significa que con el dinero de todos -las televisiones públicas viven a expensas de las transferencias del estado- se está fomentando aquella degradación.

En algunas esto ha llegado a límites absolutamente escandalosos. Es el caso de TV3, en Cataluña, que sin ser el único, es uno de los más pertinaces, con una diferencia: encima lo presentan como una gran manifestación de valores culturales y de libertad realizadora. Es decir, revisten la basura de oropel.

Y junto con el lenguaje se transmite también un planteamiento de lo que significa “vivir la vida”.

Es prácticamente imposible encontrar en la narración televisiva de nuestro tiempo un planteamiento que enaltezca la vida buena, la condición humana, la búsqueda del bien, de la verdad.

También en este caso las televisiones públicas tienen una especial importancia. En este ámbito, los peores programas no son aquellos que hacen ostentación de sus miserias y chabacanería, sino aquellos otros que intentan envolverse con una presunción de humanismo.

Una vez más TV3 y algunos de sus grandes culebrones como “El cor de la ciutat” (el corazón de la ciudad) es un mal ejemplo.

Ante las acertadas críticas que un periodista, Daniel Arasa, formuló utilizando la metáfora de las picadas del mosquito, los autores de la serie respondieron enalteciendo el carácter humanista y liberador de sus contenidos.

El ejercicio para demostrar que esto no es así, es fácil de hacer: basta con considerar como sería nuestra sociedad si todo el mundo funcionara bajo los parámetros que aparecen en estas narraciones. El resultado sería obviamente un fracaso social.

Es necesario que existan personas que se sientan impelidas por el deber y no solo por el deseo, por familias que vivan en la virtud. En definitiva, es necesario que aquello que todavía abunda esté presente para que nuestra sociedad funcione.

Y esto es precisamente lo que esconden estos programas. Si se comparan las actuales series con películas de otras épocas- no sólo españolas- se comprobará como se ha desplazado el paradigma moral. Y esta es una cuestión grave.

No porque en la sociedad no existan este tipo de comportamientos y cada vez tiendan a abundar más, sino porque no son ni los únicos ni los mayoritarios, y los otros, los buenos, no tienen ningún reflejo en las televisiones de este país. No se trata de moralizar, sino, simplemente de no desmoralizar por sistema.

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