El Matrimonio: el gran sacramento

Que quede muy claro que el Gran Sacramento es sólo uno: es el del orden sacerdotal. Imprime carácter por toda la eternidad. Gracias a &…

Que quede muy claro que el Gran Sacramento es sólo uno: es el del orden sacerdotal. Imprime carácter por toda la eternidad. Gracias a él son posibles todos los demás, particularmente la Eucaristía todos los días, en todas partes, en cualquier tiempo, sea en libertad sea en clandestinidad. También en situaciones bélicas y en tiempos diversos de persecución. Sólo el sacerdote puede dar la absolución al pecador penitente contrito. La condición religiosa bajo voto, el ministerio diaconal y el compromiso de laico y laica comprometido/a no pueden absolver a un penitente y transubstanciar el pan y el vino en el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. Penitencia y Eucaristía son sacramentos exclusivamente reservados al sacerdote como ministro. El milagro de la Eucaristía se define con este término teologal de la transubstanciación. Nuestro Señor utilizó el verbo ser. No es lo mismo que el pan sea Cuerpo y el vino Sangre a que lo sean espiritualmente por transformación. Tan importante ha sido y es esto de la transubstanciación que ha sido definido dogmáticamente hace ya unos cuantos siglos. Primero el sacerdocio y después la institución de la Eucaristía. Al final el mandato de evangelizar bautizando en nombre de la Santísima Trinidad. En caso de emergencia puede ser ministro del Bautismo toda persona que, sin ser necesariamente un cristiano bautizado, cumpla con el cometido de hacer lo que hace la Iglesia: derramar agua sobre la cabeza del bebé en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Un ejemplo actual de ello es el Bautismo administrado en incubadora por un médico no practicante a un bebé del que se teme con fundamento por su supervivencia en cuestión de horas. El Bautismo también imprime carácter al igual que el Sacerdocio.

¿Por qué el Matrimonio también es el gran sacramento? El título y el subtítulo de este artículo no son míos y no recuerdo dónde y de quién los he recogido. ¿Acaso imprime carácter por toda la eternidad? ¿Acaso borra el pecado original de Adán y Eva como opera el Bautismo? ¿Te unge como en la Confirmación, sacramento reservado al Obispo como ministro del mismo? El Matrimonio se disuelve al fallecer el esposo o la esposa, al igual que el matrimonio a efectos legales. Es más civil el primero que el segundo, pues es más profundo. En algunos casos no existen ni los primeros ni los segundos. En bastantes menos casos de los que se invocan como nulos, sea canónicamente sea civilmente. Normalmente entre bastidores suele aparecer enseguida otro u otra querido/a. Es decir se observan demasiadas nulidades para homologar un nuevo cariño. Demasiadas nulidades para justificar adulterios preexistentes con pretensión de bendición canónica posterior. ¡Demasiados cachondeos de amor en los esposos padres para confusión de sus propios hijos!

Para muchos prójimos la asistencia al templo consiste en: 1º Bautismo si sus padres quieren cuando son niños. 2º cierta catequesis y fiesta de primera comunión, con confesión previa de manual para niños y tal vez única 3º Confirmación cuando ya eres joven adulto sobre todo si te quieres casar por la iglesia. 4º muy poca práctica religiosa y matrimonio en el templo hasta que el divorcio nos separe. 5º Y luego tal vez -si ya eres anciano y ya te vas- pues qué venga el señor cura que el abuelo está en las últimas. Luego sucedáneo de frasco por entierro con el mismo pvp y a ver qué me toca en testamento.

Es un panorama patético, muy común por doquier, y sin embargo es la realidad más extendida a nuestro alrededor en las buenas personas que tenemos cerca. Por lo menos es demasiado así en nuestro mundo occidental que se las da de moderno. Panorama humanamente desolador que constituye una llamada de atención a nuestra misión de evangelizar. Y a la de ofrendar nuestras vidas al servicio de Jesucristo dando siempre testimonio de Él. Si estamos casados, mediante la consecuencia con el compromiso de nuestra promesa de amor, no exigiendo a nuestro cónyuge a lo largo de los años una perfección que no tenemos. El amor es eso de darse dándolo todo sin exigir a cambio. Esperando siempre y confiando. Esperanza y confianza que existe en el plano humano terrenal, si terrenalmente centramos y subordinamos nuestro amor humano en las virtudes teologales de la Fe, la Esperanza y la Caridad.

Para profundizar en estos temas hay youtubes ilustrativos. En concreto les recomiendo los del padre jesuita uruguayo Horacio Bojorge en vídeos ETWN, como los de este link que sigue http://www.youtube.com/watch?v=j9oE25UJykw Creo que hay 13 vídeos relacionados con la acedia. El número siete trata sobre la acedia en el matrimonio y la familia.

La unión de un hombre con una mujer y de esa mujer con ese mismo hombre es la única realidad terrenal presente en el Edén elevada a categoría de Sacramento por Nuestro Señor Jesucristo. ¡Realidad terrenal eh! Lo es con independencia del credo religioso o de otra etiología que se tenga. Para un cristiano que lo afronte con las debidas disposiciones siempre es Sacramento. Celebraciones familiares, sociales y lúdicas festivas aparte, basta un sí quiero en presencia de un diácono ante dos testigos. En el caso de España no es necesario pasar antes o después por un juzgado para refrendarlo civilmente. En el caso de España el Sacramento del Matrimonio es matrimonio a efectos jurídicos. Los curas no casan al igual que los jueces que tampoco casan civilmente. Casa el hombre y casa la mujer. Son los dos contrayentes del Sacramento y del contrato civil matrimonial. Ellos dos son los dos únicos ministros del Sacramento. Y nadie más. Hombre y Mujer son a la vez ministros y sujetos receptores de este gran sacramento. El Sr. cura es sólo el testigo cualificado que, en nombre de la Iglesia, da fe del Sacramento rato celebrado, que se presupone consumado cuando los amantes han gozado de intimidad conyugal.

Aparentemente pueda parecer a más de uno y una, algo corto de miras, que se trata de la elevación a legal con bendición de un derecho natural de goce sexual. Y encima si eres cristiano con trato eclesial “discriminatorio” de irreversible de por vida. “¡Ay padre que soy muy cristiano/a! ¿No me puedo divorciar? “”Y si paso por el juzgado ¿no podré casarme de nuevo en el altar?” Más o menos éste es el discurso. Al que hay que añadir el “yo ya tengo pareja de hecho”, “los niños son muy monos pero eso no es para mí”, “¿qué pasa si descubres que te gusta uno o una de tu propia condición?” “¿el aborto? La Iglesia no para padre. ¡Si el aborto es un derecho de la mujer!”.

Si sigo podría estar horas con discursos al uso bla bla bla, pero gastados y totalmente descafeinados. Discursos propios de quienes jamás se postran voluntaria y libremente ante Dios, pues lo ignoran en su fuero interno y de esta su ignorancia, mayoritariamente consciente, fabrican el rechazo más visceral a la Torah, al Evangelio, al Corán y a todo credo, salvo claro está a los credos iluminados tipo New Age (versión moderna de la acedia del Maligno)

Y eso sin contar con el discurso de los picapleitos que obtienen nulidades, pues (dicho catalán impropio) “pagant Sant Pere canta”. Para darles entrada basta con ponerse de acuerdo, aunque no sea cierto, en que nuestro sí quiero no era tal. Basta en muchos casos con aparcar la gracia del Sacramento, cuestionando el consentimiento conyugal por cansancio, hastío, etc. y culpa siempre del otro o de la otra. Gratis no. Cuesta dinero.

Frente a esto está el testimonio. ¿De quién? De los jóvenes castos que se confiesan. De los no tan castos que también se confiesan si la hacen gorda. De los novios que se quieren y evitan meterse juntos en la cama antes de hora. De los esposos que se prometen amor en el altar de por vida terrenal. De esos mismos esposos que se aman en la cama. Y porque se aman se entregan en exclusiva el uno a la otra y la otra al uno por amor a Jesucristo. Aceptan, con alegría, dificultades económicas, enfados, algunas disensiones “humanas” cotidianas y perdones mutuos, el gran milagro de la vida. A veces con grandes obstáculos algo infantiles en el entorno más directo de los seres familiares queridos cercanos. Siempre conscientes de sus respectivas limitaciones y de lo que un día se prometieron ante Dios.

El Matrimonio es milagro, pues ¿alguien puede decirme por qué razón un espermatozoide fecunda un óvulo y de este hecho se sigue la generación de un ser humano?. En términos jurídicos para todo el mundo el bebé es un nasciturus cuando nace. Al cabo de 24 horas de la salida del útero materno, aunque pase una temporada en incubadora, es legalmente un hijo, una hija (ó dos ó tres ó más) digan lo que digan los “sabios ilustrados” del parto y de la incubación. Los frutos del don de Dios del matrimonio reciben el nombre de hijos. Si además este matrimonio es Sacramento, el Matrimonio es distinto del matrimonio y es indisoluble hasta que se produzca el óbito o del hombre o de la mujer. Los hijos seguirán en la vida… sus vidas, que no son suyas sino exclusivamente de Dios. Los hijos miran a sus padres. Miran el amor con qué se aman. El testimonio del Sacramento del Matrimonio es el amor a Jesucristo expresado en amor conyugal, en la cama y fuera de ella, por los esposos entre sí como ejemplo ante los propios hijos y ante todo prójimo y prójima.

Todo Sacramento tiene cuatro elementos: Ministro, Sujeto, Materia y Forma. La Forma del Matrimonio es la expresión pública del consentimiento (existen varias fórmulas canónicas del sí quiero). ¿Y la Materia? Es la donación mutua de los cuerpos como expresión de amor conyugal en orden a la Humanae Vitae traedende. La transmisión de la vida Dios no la quiere en laboratorio sino en la cama como fruto del amor estable comprometido entre un hombre y una mujer. Tergiversar este plan divino constituye siempre materia de pecado mortal. Pues una cosa es aspirar a la santidad mereciéndola en comunión eclesial y otra muy distinta pasar socialmente por gilito sin serlo. Una cosa es vivir enamorado y otra irse a la cama con otra mujer o con la misma sin compromiso matrimonial previo. Lo primero se denomina Amor; lo segundo, Adulterio y Fornicación aunque revista la forma de pareja de hecho (en el mejor de los casos sin segundas y terceras parejas de hecho). La Forma, es decir el consentimiento en el caso del Matrimonio, es la parte principal de todo Sacramento. Comprometerse siempre cuesta esfuerzo. Si no se elige como es debido y no se confía en la persona amada con la Esperanza puesta en Dios, eso es cachondearse del Matrimonio.

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