El mercader de estatuas

Esta semana, Esopo nos habla en El mercader de estatuas de la impaciencia ante los deseos materiales. De cómo ante ellos queremos resultados in…

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Esta semana, Esopo nos habla en El mercader de estatuas de la impaciencia ante los deseos materiales. De cómo ante ellos queremos resultados inmediatos y olvidamos que la paciencia y el trabajo bien hecho son las mejores herramientas para obtener la excelencia en los resultados.

El mercader de estatuas

“Un hombre hizo una estatuilla de un Hermes en madera

y la llevó a la plaza para su venta.

Como nadie llegaba a comprarla, se le ocurrió llamar la atención

anunciando que vendía un dios que obsequiaba bondades y beneficios. Entonces uno de los curiosos le dijo:

– Oye, si tan bueno es,

¿por qué la vendes y no te aprovechas de su ayuda?

– Porque yo, contestó aquél- necesito la ayuda inmediatamente,

y él nunca se apura en conceder sus beneficios”.

Mi apreciado amigo Esopo: buena clase de religión nos ofreces hoy en tu fábula. Y no es religión católica, que todavía faltaban unos cuatro siglos para que viniese Jesucristo a esta tierra. La religiosidad natural, sin embargo, ofrece lecciones de toda la vida y "para todos los públicos".

El hombre es religioso por naturaleza, y de ahí tantos habitantes divinos en el Olimpo, pero a la vez es impaciente, quiere resultados inmediatos, rápidos, y principalmente materiales. La paciencia, el trabajo sistemático para conseguir un fin que vendrá, y sobre todo la oración desinteresada ante Dios son características de nota. Como el vendedor de Hermes queremos resultados ya. El gran profesor del tiempo, que cada vez tiene menos alumnos y más detractores impacientes. Y yo que pensaba que las prisas era un problema de este siglo, de la tecnología actual, internet y progresos varios.

Nunca dejes que el momentáneo interés material predomine sobre el espíritu

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